Nada ni nadie puede con Mark Rutte (La Haya, 1967). El primer ministro holandés aspira a su cuarto mandato en las elecciones que se están celebrando desde el lunes hasta el miércoles. Todo su gabinete dimitió en enero por un escándalo relacionado con las ayudas a familias inmigrantes. Han seguido en funciones. Hubo disturbios en las calles por la pandemia, los peores desde la Segunda Guerra Mundial. Nada de esto ha dejado huella en las posibilidades de Mark Rutte, el incombustible.

Los holandeses no se imaginan a ningún otro político como jefe del gobierno después de esta votación, que se celebra en tres días por la pandemia del nuevo coronavirus. Incluso sus posibles aliados le daban por vencedor en los debates. De hecho, los sondeos apuntan a que su partido, VVP, mejorará los resultados de 2017.

Rutte lleva en el poder desde 2010, cuando pactó con el líder del Partido de la Libertad, Geert Wilders, entre otros. No tiene reparos en aliarse con partidos más a la izquierda o mucho más a la derecha que el suyo.

Los sondeos apuntan a que su formación política, el Partido Popular por la Libertad y la Democracia (VVD, de centro derecha), logrará un 25% de los votos, el doble que su rival más cercano, pero se quedará lejos de los 76 partidos de la mayoría. En los Países Bajos, con el sistema de votación más proporcional de Europa, es un porcentaje relativamente alto, ya que estarán representados en el Parlamento holandés una quincena de partidos.

Además de los tradicionales, cristianodemócratas o liberales de D66, los socialdemócratas o los Verdes, en Holanda hay pequeños partidos como los animalistas, el partido 50Plus, dirigido a los que tienen más de 50 años, Denk, que corteja a los inmigrantes, el paneuropeo Volt e incluso el partido de los que no votan.

El Partido de la Libertad, que lidera Geert Wilders, ronda el 12%. Promueve la desislamización de los Países Bajos y reclama que no se acoja a los sirios y que el ejército recupere las calles. Siempre que pueda evitarlo, Rutte no pactará con Wilders, con quien ya gobernó dos años (2010-2012). En realidad, Rutte ha asumido parte de sus demandas antimigratorias pero con matices.

Habrá de gobernar en coalición, como es lo habitual desde hace más de cien años. La duda, una vez que termine este miércoles la votación, será con quiénes pactará Rutte: si repetirá la coalición de cuatro partidos o serán cinco.

Si está al frente del gobierno en agosto de 2022, como parece previsible, Mark Rutte será el primer ministro más longevo en la Historia de los Países Bajos. Y forma parte de un selecto grupo de gobernantes europeos que gobiernan contra viento y marea, como la canciller alemana, Angela Merkel, que no competirá en las próximas elecciones de septiembre.

El secreto, la normalidad

¿Cuál es su secreto? En estos tiempos tan críticos, garantiza estabilidad. Además, Rutte ofrece normalidad. Suele ir a la sede del gobierno en bicicleta, incluso lo hizo cuando presentó la renuncia de su gabinete en enero al rey Guillermo Alejandro en palacio.

Es pragmático, resolutivo y flexible. Le interesa resolver problemas. A pesar de que tiene un carácter explosivo, sabe cómo disculparse y escucha. Mantiene buena relación personal con sus rivales políticos.

Fuera de los Países Bajos, Rutte es el líder los países frugales, es decir, un firme defensor de la austeridad, considerado un villano por los países del Sur, entre ellos España. Incluso para los dirigentes holandeses europeístas, como Sigrid Kaag, del partido liberal D66, es muy corto de miras con respecto a la UE. Eso sí, defiende las ventajas fiscales que su país ofrece para que se establezcan empresas de otros socios de la UE.

Tiene una especial habilidad para que las quejas de los holandeses no se orienten a su gestión. Por ejemplo, el escándalo de los cortes de las ayudas a familias inmigrantes acabó focalizándose en el líder del Partido Laborista, Lodewijk Asscher, que cuando estalló el caso era ministro de Asuntos Sociales. Fue una abogada española establecida en Países Bajos, Eva González, quien indagó sobre el asunto y apoyó a las familias.

Tampoco los vaivenes de la gestión de la pandemia del coronavirus han dañado la imagen de Rutte. Hay frustración, ahora por la lentitud en la aplicación de las vacunas. Pero el primer ministro holandés ha aplicado una disciplina fiscal y un control presupuestario que da vierta ventaja al país para afrontar las consecuencias de la crisis.

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En una entrevista reciente, Mark Rutte ha confesado que está más en forma que cuando empezó a gobernar en 2010. «Cada vez me gusta más hacer campaña, competir en elecciones… Estoy más fresco que en las otras tres ocasiones».

Vive en el mismo barrio de La Haya desde que acabó sus estudios universitarios, en un apartamento modesto que compró entonces. Da clases de holandés y civismo como voluntario en un instituto. Tiene un Saab de hace 20 años. Prefiere moverse en bicicleta por la ciudad, como miles de holandeses.

Una anécdota que refleja su carácter tuvo lugar hace un par de años cuando entraba en el Parlamento Europeo. Derramó el café que llevaba en el suelo y quiso limpiarlo él mismo. Las limpiadoras se quedaron sorprendidos y le aplaudieron con admiración.

Ha sufrido en su propia familia el ataque del coronavirus. Su madre, de 96 años, murió en una residencia en mayo pasado. No pudo ir a verla, como hacía todas las semanas, por las políticas que él mismo había implantado para intentar controlar los contagios.

«Además de la gran tristeza y todos los buenos recuerdos, mi familia y yo también estamos muy agradecidos de que hayamos podido tenerla con nosotros durante tanto tiempo. Ahora le hemos dicho adiós en un círculo familiar y esperamos poder lidiar pronto con esta gran pérdida en paz», decía el comunicado difundido por el primer ministro.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el padre de Rutte, Itzaak, empleado en una empresa mercantil en Indonesia, y su primera esposa fueron apresados por los japoneses en la antigua colonia de los Países Bajos. La mujer no sobrevivió.

Entonces el padre y sus dos hijos dejaron Indonesia para establecerse en La Haya. Izaak se casó con Hermina Cornelia Dilling, hermana de su esposa fallecida, con quien tuvo otros cuatro hijos. Mark Rutte es el menor. El primer ministro holandés perdió a su hermano mayor, que fue víctima del Sida. Esa muerte le hizo tomar conciencia de que «solo se vive una vez».

Estudió Historia de Holanda en la Universidad de Leiden, y aunque se unió joven al VVP trabajó durante una década como responsable de recursos humanos en varias empresas, entre ellas Unilever.

Sigue soltero a sus 54 años. Cuando le preguntan, suele decir que su dedicación a la política no le deja tiempo para nada más. Y añade: «Lo importante es si uno es feliz y yo así estoy bien».

De todas formas, no descarta tener familia en un futuro. Al igual que se ve fuera de la política. Pero no dice cuándo.