«En Gaza los derechos humanos no existen». Nivín Habub, de 42 años, diagnosticada de cáncer de mama en 2012, es la protagonista del documental Condenadas en Gaza, de Ana Alba y Beatriz Lecumberri, que se estrena en Santander el 18 de junio, tras un primer visionado para familia y amigos el viernes 21 de mayo. Las dos periodistas españolas retratan el drama de las mujeres con cáncer en la franja: padecen una doble condena por ser mujeres en una sociedad patriarcal y por sufrir una enfermedad que no tiene tratamiento donde viven. «Me niego a morir así», afirma contundente Nivín.

En la franja de Gaza viven unos dos millones de personas que tienen restringidas sus salidas, debido al bloqueo impuesto por Israel, y apoyado por Egipto, en 2007. De Gaza, bajo control del movimiento islámico Hamás, considerado grupo terrorista por Israel, EEUU y la UE, no pueden salir ni personas ni bienes salvo con autorización israelí. Israel aduce que es una forma de proteger a los ciudadanos israelíes de «los terroristas» de Hamás.

Quienes padecen cáncer en Gaza y necesitan radioterapia o quimioterapia han de solicitar permiso a Israel para viajar desde la franja a un hospital donde se lo administren en Jerusalén. Un 40% de quienes lo solicitan se encuentran con una negativa. Muchos de los aparatos necesarios para el tratamiento, como las máquinas de radioterapia, se consideran susceptibles de doble uso (médico y militar).

Las autoridades israelíes alegan razones de seguridad. A Nivín le rechazaron el permiso en varias ocasiones por supuestos vínculos con militantes de Hamás, algo que ella niega.

Incluso cuando logran el permiso, la travesía es un calvario. Una enferma como Nivín, que tras superar el cáncer de mama cayó víctima de una recidiva en huesos y cerebro, tiene que dedicar todo el día al traslado. Pero Nivín necesita una inyección que solo pueden administrarle en Israel debido al bloqueo impuesto a la franja desde 2007 para aliviar el dolor del cáncer de huesos. El viaje cuesta 500 shekels (unos 123 euros) ida y vuelta.

Al menos Nivín cuenta con el apoyo de su marido. No es frecuente. Muchas familias y muchas parejas consideran que una enferma de cáncer de mama es una persona deforme. Por esa razón muchas mujeres retrasan su visita al médico y eso disminuye sus posibilidades de supervivencia.

En España un 90% de las mujeres que sufren cáncer de mama sobreviven cinco años después del diagnóstico. En Gaza son solo el 65%.

Rechazo a su salida para el tratamiento

Ana Alba y Beatriz Lecumberri decidieron contar la historia de estas mujeres cuando a través de la ONG israelí Médicos por los Derechos Humanos supieron de los rechazos a esos permisos de salida para enfermas de cáncer. La ONG llevó el caso al Supremo israelí y lo ganó. A partir de entonces no aducían como argumento los supuestos vínculos con Hamás sino «razones de seguridad».

Estas mujeres con cáncer padecen las dificultades de los enfermos en Gaza y además la carga de la sociedad gazatí, conservadora y patriarcal»

beatriz lecumberri

«Esa sentencia se refería a siete mujeres. Una de ellas era Nivín, quien es el hilo conductor del documental. Dos de ellas murieron sin poder disfrutar de los permisos. Nos pareció que era una historia que había que contar. Por ser mujeres sufrían una doble condena: padecen las dificultades de los enfermos en Gaza y además la carga de la sociedad gazatí, conservadora y patriarcal. La salud no es prioritaria para ninguna autoridad», afirma Beatriz Lecumberri en conversación telefónica desde París, donde ahora trabaja en France Presse.

Cuando rodaron Condenadas en Gaza, Beatriz Lecumberri era freelance en Jerusalén, donde coincidió con Ana Alba, quien era corresponsal de El Periódico de Cataluña. Alba logró el Premio Julio Anguita Parrado en su edición de 2020.

Las dos periodistas buscaron a las mujeres y luego tuvieron que convencerlas, algo que no es fácil, debido a que el cáncer se ve como un estigma en la sociedad gazatí, incluso más que en la nuestra. Lo pusieron todo en marcha y una vez que estaba encaminado recaudaron fondos a través de un crowdfunding. Esperan contar pronto con una plataforma donde poderlo exhibir.

«Les explicamos que su voz era importante. A estas mujeres normalmente no las escucha nadie. Queríamos que hablaran libre de la mirada de padres, maridos… Fueron generosas porque saben que a ellas no les va a cambiar la vida hacerlo. Si acaso serán otras las que podrán beneficiarse», señala Beatriz Lecumberri. 

Las autoridades se desentienden

El drama de estas mujeres parte de la situación de bloqueo. Las periodistas quisieron recabar la visión del COGAT, el organismo que se encarga de los asuntos civiles en los territorios palestinos, pero no obtuvieron respuesta. La tensión en la franja de Gaza es una constante.

Entre Israel y Hamás acaba de vivirse en mayo la cadena de ataques más grave desde 2014. Han muerto al menos 240 personas en Gaza, entre ellas 68 niños, y otras 12 en ciudades israelíes. Gracias a la mediación egipcia, y la presión de EEUU, Israel y Hamás alcanzaron un alto el fuego tras 11 días de bombardeos.

«Hay una responsabilidad compartida. Si Gaza no estuviera aislada, las circunstancias serían diferentes y Hamás sería otro. Gaza es un territorio aislado por tierra, mar y aire. Y luego hay unas divisiones internas entre los palestinos, Hamás que controla Gaza, y la Autoridad Nacional Palestina en el resto de los territorios, que provocan que la gente de Gaza esté aún más atrapada», apunta Lecumberri.

Todas las cuestiones que afectan a las mujeres no son prioritarias para quienes toman decisiones en Palestina»

firyal zabet, centro de mujeres en gaza

En el documental, la directora del Centro de Mujeres en Gaza, Firyal Zabet, afirma: «Todas las cuestiones que afectan a las mujeres no son prioritarias para quienes toman las decisiones en Palestina. «Todos culpan al otro y nadie se hace cargo».

Otras mujeres que cuentan su historia en Condenadas en Gaza son dos hermanas Imán al Nayer, de 36 años, y Nisrín Hijja, de 38. A Imán jamás le dieron el permiso para tratarse en Jerusalén del cáncer de mama. «Soy una persona, tengo derecho a recibir tratamiento», dice Imán. A su hermana, casada y embarazada cuando le diagnosticaron sí se lo permitieron.

La más joven de las enfermas retratadas en el documental, Hayar Harb, de 34 años, que tras una campaña en redes sociales y una carta en Facebook al líder palestino, Mahmud Abbas, consiguió luz verde para recibir tratamiento en Jordania, pierde en el proceso a su marido y su trabajo como reportera de televisión. Su marido le dice directamente que es una mujer «deformada» debido a su mastectomía.

Otro caso dramático es el de una niña de cinco años con un tumor cerebral. No puedo viajar acompañada de ninguno de sus padres para ser intervenida de una arriesgada operación, que finalmente le cuesta la vida.

La periodista gazatí, la más joven de todas, explica cómo al afrontar una enfermedad como el cáncer duele especialmente «cómo te mata esa sociedad que te trata como si fueras un ser extraño y deforme». Hayar ve el futuro con optimismo. Confía en rehacer su vida personal y encontrar un nuevo trabajo. Es una superviviente.

Sin embargo, Nivín falleció en octubre de 2020, después de pasar meses aislada y sin recibir tratamiento. La crisis del Covid agravó aún más la situación de estas enfermas.

Cinco meses antes había fallecido Ana Alba, también víctima de un cáncer contra el que luchó durante tres años. Hasta el final siguió trabajando y una de sus grandes motivaciones era que este documental viera la luz. El viernes 21 de mayo sus compañeros, amigos y familia le rindieron un sentido homenaje en Barcelona y tuvieron el privilegio de ser los primeros en ver la obra de las dos periodistas.

Beatriz Lecumberri ha sabido cómo llevar a buen término este documental que es una metáfora de lo que fue la vida de Ana Alba: pasión por contar las historias de las víctimas, de los débiles, de los olvidados.