El ulular de las sirenas de alerta resuena en Ascalón, Sderot o Tel Aviv. En ese momento todos, ancianos y menores, se esconden en los refugios. Anuncian el lanzamiento de cohetes desde la franja de Gaza. La cúpula de hierro protege a los israelíes, pero son tantos ahora, un millar de momento, que alguno se cuela. Siete israelíes, entre ellos un niño de seis años, han muerto esta semana. Al otro lado de la franja, desde donde actúa Hamás, la artillería y la aviación israelí actúa implacable. Ya han perdido la vida más de un centenar de palestinos, entre ellos una veintena de niños. Hay cientos de heridos. Y la violencia de momento parece imparable. Es la peor escalada bélica entre Israel y Hamás desde 2014.

En la madrugada de este viernes fuerzas aéreas y terrestres han atacado objetivos en la franja de Gaza. La operación parece un preludio de una ofensiva terrestre.

Desde las primeras horas el jueves jueves fue el día de los linchamientos en varias ciudades llamadas mixtas, como Lod, a donde se desplazó el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. En su cuenta de Twitter, ha dicho que la operación está lejos de terminar. El presidente israelí, Reuven Rivlin, ha advertido del riesgo de guerra civil.

La violencia se ha desbordado en varias poblaciones de Israel entre judíos y árabes. Una turba ha linchado a un hombre que creían que era árabe en Bat Yam, un suburbio cercano a Tel Aviv. Le obligaron a salir de su coche y lo golpearon con saña hasta dejarlo inconsciente y ensangrentado en el suelo.

Las imágenes se retransmitieron en televisión pero los servicios de emergencia tardaron 15 minutos en llegar. Hubo otros linchamientos y saqueos en localidades israelíes, como Acre, Haifa y Tiberias. La policía ha arrestado a 400 personas.

El primer ministro en funciones, Benjamin Netanyahu, ha dicho que Israel va a responder «con una fuerza cada vez mayor» a los ataques perpetrados desde Gaza por Hamás. «Eliminamos a altos mandos de Hamás pero esto solo es el comienzo. Les haremos más daño del que pueden imaginar», ha remarcado. Entre los muertos está Bassem Issa, el responsable del cibercomando en la franja de Gaza. No se descarta que Israel emprenda una ofensiva terrestre. Por su parte, Hamás ha advertido de que su mensaje «es claro» y que «la escalada israelí será respondida con una respuesta aún más amplia».

En un encuentro virtual con periodistas españoles, la embajadora israelí en nuestro país, Rodica Radian-Gordon, ha dejado claro que «ningún gobierno de ningún país puede permitirse un ataque de tan largo alcance contra su población». La diplomática mantiene que Israel ha respondido a «una provocación» de Hamás, que atacó este lunes con cohetes Jerusalén.

Israel está protegida con la llamada cúpula de hierro, un escudo antimisiles que evita que lleguen a su objetivo un 90 por ciento de los cohetes lanzados desde Gaza. Además, la mayor parte de los israelíes cuentan con refugios junto a sus domicilios.

Aún así en Ascalón, al sur del país, o en Sderot, están viviendo jornadas trágicas. En Lod, con un 30% de población palestina, hay choques violentos entre las dos comunidades.

En Gaza, la situación es mucho peor. No hay protección para los civiles. Un edificio de 14 plantas ha sido derribado en la tarde del miércoles. Había sido previamente desalojada. Gaza es uno de los territorios con mayor densidad de población del mundo. Viven bloqueadas unos dos millones de personas.

En una entrevista con Vatican News, el padre Romanelli, párroco en la iglesia de la Sagrada Familia, describía cómo se estaba viviendo en Gaza esta escalada. «Todo el mundo se queda en casa, la gente sale sólo para las necesidades urgentes, porque -y esto es algo extraño que indica la gravedad de la situación- hay bombardeos no solo por la noche, sino también durante el día (…) Realmente pedimos a todas las personas de buena voluntad y que tienen el poder de hacerlo, que al menos consigan lograr una tregua, porque de lo contrario esto llevará a una verdadera guerra y sería un desastre».

¿Cómo empezó esta nueva oleada de violencia?

La semana ya se anticipaba complicada. La clave está en Jerusalén oriental. Judíos y árabes reclaman su derecho sobre esa zona. Para los judíos toda Jerusalén es su capital. Para los árabes Jerusalén este sería la capital de su futuro Estado.

A su vez, el fin del Ramadán coincide con la conmemoración de la Marcha de la Bandera, cuando los judíos celebran la reunificación de la ciudad después de la Guerra de los Seis Días en 1967.

Es el Día de Jerusalén y se pasean por los barrios donde viven musulmanes, en la parte oriental, que a su vez están siendo desalojados por colonos de sus hogares. El lunes se esperaba una sentencia judicial sobre edificios habitados por palestinos, pero se suspendió por los disturbios.

Desde el fin de semana pasado se registraron disturbios en Jerusalén debido a que colonos judíos se están apoderando de casas de palestinos en el este de Jerusalén, como Sheij Yarrah, anexionado por Israel. El primer agravio en Jerusalén este.

Los palestinos se concentraron el lunes en la mezquita de Al Aqsa, en la ciudad vieja de Jerusalén. Es el tercer lugar sagrado del Islam. Para los judíos también es un lugar santo y lo conocen como Haram al Sharif. Cuando los policías irrumpieron con gas lacrimógeno y balas de goma, se desató la caja de los truenos.

Hamás dio un ultimátum para que los agentes israelíes despejaran la zona y dejaran a los palestinos acudir a la mezquita. Minutos después de que se cumpliera el plazo empezaron a caer cohetes en Jerusalén. Israel no tardó en contestar con ataques sobre la franja de Gaza.

¿Cuál es el contexto político?

El primer ministro israel durante la última década, Benjamin Netanyahu, ha sido incapaz de formar gobierno. Sigue en funciones, pero la cuenta atrás para una nueva convocatoria electoral ha empezado. Ahora es el ex periodista Yair Lapid quien intenta evitarlo.

Netanyahu, que también está pendiente de varias causas judiciales, suele beneficiarse cuando recurre a posiciones de fuerza. Como dice el editorial del Financial Times, Netanyahu «se ha dedicado esta década a convencer a los votantes de que Israel puede estar segura y mantener buenas relaciones internacionales sin hacer concesiones a los palestinos».

En el lado palestino, los más moderados cada vez están más desdibujados, mientras Hamás impone su voluntad en Gaza. Y en la que se considera mayor cárcel del mundo, Gaza, están presos los dos millones de gazatíes, en la pobreza y expuestos a sangrías como la que sufren ahora.

¿Hay riesgo de una guerra abierta?

En 2005 tuvo lugar la llamada desconexión de Gaza, que se convirtió en una zona aislada del resto de Palestina y del Estado de Israel. Desde 2007 el Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás) controla este territorio, el de mayor densidad de población del mundo, unos 5.000 habitantes por kilómetro cuadrado.

No es la primera vez que las hostilidades entre Israel y Hamás se recrudecen al máximo. Las escaladas más recientes tuvieron lugar en 2012 y luego en 2014. En agosto de 2014 las víctimas mortales del lado palestino fueron unos 2.200, entre ellos 1.500 civiles. Del lado israelí perdieron la vida 66 soldados y cinco civiles.

Ni siquiera entonces hubo una gran respuesta internacional. Israel cuenta con Estados Unidos como firme aliado. El ex presidente Trump llegó incluso a trasladar la embajada de EEUU a Jerusalén. La nueva Administración es más contenida en las formas pero sigue inclinándose por Israel.

El presidente, Joe Biden, ha hablado por teléfono este miércoles con Netanyahu. Ha dicho que desea que los ataques acaben «más pronto que tarde», si bien ha asegurado que Israel «tiene derecho a defenderse». EEUU ha vetado una resolución de condena en la ONU.

¿Es posible una salida al conflicto?

Egipto está intentando mediar al menos para que haya un alto el fuego, pero de momento no ha tenido éxito. Israel ha dicho que no parará hasta que no esté convencida de no está permitiendo que Hamás gane tiempo. El escenario más probable a corto plazo son más ataques por los dos lados.

El sábado, además, conmemoran la Nakba, la jornada más triste de su calendario, cuando los palestinos tuvieron que abandonar sus hogares en 1948 y los ánimos palestinos estarán más caldeados. En el Día de la Catástrofe ( o Nakba) suele haber manifestaciones en Gaza y en los territorios palestinos.

La posibilidad de un acuerdo de paz es remota. Los palestinos están cada vez más marginados. Según Guillem Pursals, experto en seguridad, «el único precedente de una negociación similar sería la que mantuvieron Anuar el Sadat y Menajem Begin por el Sinaí en 1978. En este caso Cisjordania sería un nuevo Sinaí. Hubo enfrentamientos entre los habitantes de los asentamientos y el gobierno israelí. Hoy en día ese coste no lo asume nadie. Y se pactó la retirada militar pautada. Al Sadat reconoció Israel, y eso le costó la vida en un atentado durante un desfile militar en 1981».

Mientras Israel no asuma que sus ciudadanos no tendrán una seguridad permanente si no hace concesiones a los palestinos, estas escaladas serán cíclicas. La solución de los dos Estados parece más utópica que nunca, pero nadie ha puesto sobre la mesa una salida mejor. A Hamás esa intransigencia y los abusos que sufren los palestinos le dan aliento y una causa para seguir su lucha.

De acuerdo con el Financial Times, «la Administración Biden ha de revertir la política pro israelí de la Administración Trump. Es hora de que EEUU y sus aliados presionen a Israel y a los palestinos para que acaben la matanza. El mayor desafío es revivir el moribundo proceso de paz. El actual status quo solo promete un baño de sangre».