«Esto no es una transición a la dictadura. Es una dictadura en todos los sentidos». Quien habla así es Hugo Torres, ex general y disidente sandinista, el hombre que en 1974 arriesgó su vida por liberar a quien es hoy su carcelero, el presidente nicaragüense Daniel Ortega. Junto a su esposa, la todopoderosa primera compañera Rosario Murillo, Daniel Ortega está arremetiendo contra todos: opositores moderados como Cristiana Chamorro, ex camaradas como Torres, Dora María Téllez y Víctor Hugo Tinoco, e incluso banqueros que eran aliados como Luis Rivas Anduray. Tienen también en contra a la Iglesia. Es una huida hacia adelante que conduce a Nicaragua al abismo.

Las declaraciones de Hugo Torres fueron contundentes. En un video, el vicepresidente de la Unión Democrática Renovadora Unamos, escisión del Frente Sandinista, Torres decía: «Tengo 73 años. Nunca pensé que en esta etapa de mi vida iba a estar luchando de forma cívica y pacífica contra una nueva dictadura».

Torres es el único sandinista que participó en dos ataques espectaculares contra el dictador Anastasio Somoza, uno en las Navidades de 1974 que permitió la liberación de Daniel Ortega, y otro que debilitó definitivamente al régimen en el Palacio Nacional.

En este mes de junio la persecución de los Ortega-Murillo ha llevado a la cárcel o prisión domiciliaria a 13 opositores, algunos de ellos precandidatos en las elecciones presidenciales del 7 de noviembre, como Cristiana Chamorro el 2 de junio. Apenas tres días después la policía capturaba en el aeropuerto al precandidato Arturo Cruz. Está arrestado en El Chipote, acusado de violar la Ley de la Soberanía. Le imputan el delito de «traición a la patria».

Posteriormente, el 8 de junio la redada de opositores, bajo esta misma Ley 1055 que criminaliza cualquier acción de protesta, fueron encarcelados los precandidatos Félix Maradiaga y Juan Sebastián Chamorro. La cacería siguió con la activista Violeta Granera, de Unidad Nacional Azul y Blanco, y el ex presidente del Cosep, José Adán Aguerri, miembro de Alianza Ciudadana.

Siguieron los arrestos con el directivo de Coalición Nacional José Pallais, en León, y en Managua se emitió orden contra Mario Arana, de Alianza Cívica, según informaciones de www.confidencial.com. Dirige esta web Carlos Fernando Chamorro, hermano de Cristiana, recientemente premiado con el Ortega y Gasset de Periodismo. Más de 30 periodistas y directores de medios han tenido que comparecer ante la Fiscalía en la causa por lavado de dinero contra Cristiana Chamorro. Es una operación de intimidación en toda regla.

Este miércoles 23 de junio, Daniel Ortega se ha pronunciado por primera vez sobre estos arrestos. En una visita al mausoleo del guerrillero Carlos Fonseca, fundador del Frente Sandinistas, el presidente de Nicaragua les ha acusado de ser «criminales» y «agentes yanquis» que atentan contra «la seguridad del país».

«Que no vengan con el cuento de que son candidatos (…) Aquí no estamos juzgando a candidatos o a precandidatos, sino a criminales que han atentado contra la soberanía del país, intentando organizar otro 18 de abril, otro golpe de Estado para provocar lo que llaman un cambio de régimen», ha declarado en alusión a las protestas de abril de 2018.

Como consecuencia de su acoso a los disidentes, director de www.confidencial.com, Carlos Fernando Chamorro, se ha visto forzado a salir de Nicaragua. Horas antes fuerzas del régimen registraban su casa en Managua.

«Es una caza al disidente sin control, una nueva huida hacia adelante de Ortega y podría ser la definitiva. Ortega arremete contra los disidentes de siempre, pero también con sus últimos aliados, el gran capital, contra quienes habían puesto en pausa la lucha y habían negado a un paro general, contra los más proclives a un diálogo después de las elecciones. Está quemando sus últimos puentes», afirma el politólogo Silvio Prado y miembro de la asociación Nicaragua Libre. 

En esta última ofensiva el régimen ha convertido en enemigos a todos… Cuando una dictadura pasa más tiempo a la defensiva que a la ofensiva va declinando»

silvio Prado, nicaragua libre

«Es una ofensiva que a la larga va contra sí mismo. El último sector que se había mostrado reticente a profundizar la lucha, que no había sido catalizador eran los banqueros y la oposición menos beligerante. De ahí que sea una medida suicida. En esta última ofensiva el régimen ha convertido en enemigos a todos. Así lo obliga a estar a la defensiva todo el rato y cuando una dictadura pasa más sitiempo a la defensiva que a la ofensiva va declinando», añade Prado, desde su residencia a las afueras de Madrid. El politólogo apunta asimismo a que el régimen está cada vez más aislado, un proceso que empezó después de la sangrienta represión de las protestas de 2018. Ahora incluso se han distanciado México y Argentina.

La OEA ha condenado esta política represiva del presidente, Daniel Ortega. Veintiséis países de la Organización de Estados Americanos votaron a favor de exigir la liberación de los presos políticos y precandidatos presidenciales. Hay unos 120 presos políticos y habrá más.

A su vez, una iniciativa de 18 congresistas demócratas y republicanos de Estados Unidos ha pedido a la autoridad comercial de EEUU que revise la participación de Nicaragua en el Tratado de Libre Comercio, conocido como Cafta.

Cristiana Chamorro y su ‘sí a Nicaragua’

La hija de la ex presidenta Violeta Chamorro está recluida en su domicilio de Managua desde que a principios de mes la Fiscalía procedió contra ella por lavado de dinero en su desaparecida Fundación. Rosario Murillo, la actual primera dama, trabajó en La Prensa como asistente de Pedro Joaquín Chamorro, el patriarca del clan, considerado un héroe nacional.

Cristiana Chamorro fue la primera mujer directora de un diario, La Prensa. Aún no ea candidata, pero había dejado clara su disposición. «Digo sí a Nicaragua. Si Nicaragua me llama, ahí estaré», había dicho Cristiana, hija de doña Violeta Chamorro, que ganó las presidenciales de 1990 al sandinista Daniel Ortega.

El padre de los Chamorro había sido asesinado por orden del dictador Somoza en enero de 1978. Y el esposo de Cristiana, Toño Lacayo, que fue primer ministro con Violeta Chamorro, perdió la vida en un accidente de aviación en 2015.

El empuje de Cristiana Chamorro asustó a Daniel Ortega. Su intención era unificar a la oposición y, sobre todo, su candidatura parecía que iba a tener un gran apoyo entre la población menos politizada. En las redes sociales, Cristiana Chamorro estaba teniendo gran impacto.

La periodista Mildred Largaespadas midió el engagement de sus seguidores y a ella misma le sorprendieron los datos. Hasta un 340% de compromiso de sus seguidores en Twitter. Es muy relevante este dato, ya que en Nicaragua no es posible hacer protestas o mítines así que la disidencia se expresa en las redes sociales.

Desde que se decretó su arresto domiciliario, el pasado 2 de junio, no se ha vuelto a ver a Cristiana Chamorro. Permanece en su casa de Managua junto a una de sus hijas. Cristiana Chamorro sabía a lo que se exponía cuando se mostró dispuesta a concurrir en las presidenciales. A sus allegados les reconoció que su vida podría estar en riesgo.

El recuerdo de la derrota frente a doña Violeta

Daniel Ortega temió que Cristiana Chamorro le derrotara como lo hizo su madre en 1990. Cuando todos apuntaban a las victoria del líder sandinista, la viuda de Pedro Joaquín Chamorro, doña Violeta, se erigió con la Presidencia. Dirigió el país hasta 1997. Doña Violeta confesó cómo Daniel Ortega se le echó a llorar poco antes del traspaso presidencial en 1990.

Pero Daniel Ortega tardó 17 años en volver a la Presidencia y desde entonces, 2007, se ha mantenido mandato tras mandato. La oleada de arrestos contra todo aquel que le haga sombra tiene como objetivo atrincherarse en el poder. Si lo pierde, también se quedaría sin la riqueza que ha acumulado. A ello se suma que hay acusaciones contra él en la Justicia internacional.

«Los Chamorro son un polo de oposición simbólico más que político. No se ha articulado ningún partido en torno a ellos. El gobierno de Ortega los usa para colocarse de frente como un partido antioligárquico. Es una torpeza proceder contra Cristiana Chamorro por razones absurdas como el blanqueo de dinero. El origen del dinero no el ilícito. Arremeten contra los Chamorro porque es un símbolo político que está creciendo», explica el politólogo Silvio Prado.

La ‘Chayo’ Murillo

Rosario Murillo, que recibió en su juventud el apoyo de los Chamorro, ha sido la voz cantante contra la familia de Pedro Joaquín. «Son una casta entreguista, aprovechada y saqueadora», ha dicho sin mencionar explícitamente a los Chamorro. «Creyéndose superiores han vendido a la patria», ha insistido en su particular versión del Aló Presidente de Chávez. Murillo interviene todos los días a la hora del Angelus por televisión. Sus mensajes son enviados por sms a toda la militancia sandinista.

Rosario Murillo, que tiene el cargo de vicepresidenta, es un personaje estrambótico a quien muchos atribuyen manejar los hilos del poder. Daniel Ortega y Rosario Murillo se conocieron a finales de los 70 en Costa Rica, donde el líder sandinista se había autoexiliado. Es una persona de más formación que Ortega y dominio de varios idiomas.

La actual vicepresidenta es hija de Zoilamérica Zambrana Sandino, sobrina nieta de Augusto Sandino, héroe nacional de Nicaragua e inspirador del movimiento sandinista. Empezó a escribir poesía, según confesó, tras perder a su primer hijo en un terremoto en 1973. Sus jefes de entonces, los Chamorro, le prestaron su apoyo incondicional.

Durante la primera presidencia de Ortega, Murillo apostó por la cultura. Tras la derrota en 1990 se dedicó a la familia. Tuvieron siete hijos juntos. Murillo tenía dos más de una relación previa. Fue precisamente su hija Zoilamérica quien provocó el incidente más escabroso de la pareja. Zoilamérica acusó a Daniel Ortega de violación, pero Rosario Murillo se puso del lado de su marido.

La ahora encarcelada Dora María Téllez, comandante de la revolución sandinista, explicaba a la revista Contrapoder cómo ese paso da un poder enorme a Rosario. «Su respaldo a Ortega frente a su hija le da una cuenta por cobrar. Es una factura carísima para Ortega».

A partir de la vuelta al poder de Daniel Ortega, Rosario Murillo se convierte en la cara del régimen. El propio presidente reconoce: «En la Presidencia, Rosario es el 50% y Daniel el otro 50%».

«Dicen que la estrategia y los tiempos que los define él. Pero el impulso la lleva Rosario Murillo», apunta Silvio Prado. A juicio de Mildred Largaespadas, «son los dos los que deciden, y su anillo más cercano».

Cada vez están más encerrados en sí mismos. De hecho, a Daniel Ortega no se le ve en público desde hace un mes.

La lógica de la ‘radicalización’

Recuerda Silvio Prado cómo Fidel Castro aconsejó a Daniel Ortega que se hiciera con el apoyo de la Iglesia, y de ahí el cortejo al cardenal Obando que ofició su boda con Rosario Murillo, y con el capital. Pero Ortega está volviéndose cada vez más ultramontano.

Carlos Fernando Chamorro, director de www.confidencial.com, escribía recientemente cómo Daniel Ortega parece actuar «bajo la lógica de la radicalización política autoritaria». Desde el martes Chamorro está fuera del país.

«Esta embestida responde bien al imperativo político de Ortega y Murillo de seguir en el poder a cualquier costo… o bien, y sería lo más peligroso para el país, estén dando el salto al vacío de la radicalización adoptando en lo político los modelos de Cuba y Venezuela, sin estatizar la economía», señala Chamorro en un artículo titulado El golpe a la vía electoral, los rehenes, y la radicalización del régimen.

A su juicio, la salida para que haya elecciones libres estaría en manos de la resistencia cívica del pueblo, del liderazgo de la oposición, y los empresarios, y del liderazgo moral de la Iglesia, los obispos de la Conferencia Episcopal. A ellos habría que sumar una mayor acción internacional.

El histórico sandinista Hugo Torres apela a los nicaragüenses para que mantengan la esperanza. «¡Mantened el ánimo! La Historia está de nuestro lado. El fin de la dictadura está por llegar».