Carlos Fernando Chamorro, el director de www.confidencial.com.ni recientemente galardonado con el Premio Ortega y Gasset, madruga mucho en su exilio costarricense. Nos citamos por zoom cuando apenas ha amanecido en Costa Rica, adonde ha tenido que exiliarse por segunda vez desde 2019. La presión del régimen de Daniel Ortega le ha llevado a tomar esta difícil decisión. «Aquí, en Costa Rica, me siento seguro. Pero estoy preocupado por mi familia, por mis hijos, y por mis compañeros en la redacción. La decisión de dejar tu país es muy difícil y muy dolorosa», explica Carlos Fernando Chamorro, nacido en Managua hace 65 años, hijo de Pedro Joaquín Chamorro, héroe nacional en Nicaragua, asesinado por orden de Anastasio Somoza, y de Violeta Barrios de Chamorro, presidenta entre 1990 y 1997.

El régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo tiene ahora bajo arresto domiciliario a su hermana Cristiana, que iba a ser candidata a las elecciones del 7 de noviembre, y a su hermano mayor, Pedro Joaquín, ex diputado. De haberse quedado en Managua el director del Confidencial, habría corrido igual mala suerte.

El 13 de junio, a través de un documento de la Cancillería, el régimen pretende justificar la oleada de represión. Ahí el gobierno se presenta como víctima de una conspiración externa. En ese texto mencionaban a Carlos Fernando Chamorro, de modo que ya lo colocaba en su punto de mira. «En el exilio tengo garantía de que puedo seguir haciendo periodismo en libertad. Eso es lo que me ayudó a decidirme», señala.

Mi compromiso está en hacer periodismo, que tiene consecuencias políticas, porque queremos preservar la voz en libertad. No hay en Nicaragua un vacío de liderazgos políticos»

Descarta lanzarse a la arena política, aunque para muchos en Nicaragua sería «el candidato» que unificara a la oposición. «Mi compromiso está en hacer periodismo, que tiene consecuencias políticas, preservar la voz en libertad. No hay en Nicaragua un vacío de liderazgos políticos. Como emergieron, Ortega los tiene en la cárcel. Mi compromiso está en el periodismo que fiscaliza el poder y promueve el debate público».

Poco antes de tener que exiliarse, supo que había ganado el Ortega y Gasset a la trayectoria periodística en esta última edición. El premio le dio una gran satisfacción, no solo por el reconocimiento a su labor, sino porque entiende que es un honor que comparte con todos los periodistas de Nicaragua que luchan por la libertad del país. «Me sentí portavoz de todos ellos. Nuestra única alianza es con los ciudadanos, con la libertad de expresión».

Acoso al ‘Confidencial’

En diciembre de 2018 las fuerzas al servicio del régimen asaltaron la redacción del Confidencial y volvieron a hacerlo el pasado 20 de mayo. A partir de ahí se precipitaron los acontecimientos: el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo estrechó el cerco contra todos aquellos que desde la política o la sociedad pusieran en cuestión su poder. En los últimos 30 días ya llevan «21 rehenes», entre ellos líderes opositores, periodistas y empresarios. Ortega y Murillo han emprendido una caza indiscriminada contra todos los críticos.

Los policías antimotines que el pasado 21 de junio allanaron la casa de Carlos Fernando en Managua no tenían ninguna orden judicial. Como no le encontraron, interrogaron a quienes estaban en la vivienda, revisaron todo y realizaron incautaciones. Carlos Fernando y su esposa Desirée Elizondo habían decidido exiliarse. Han vuelto a Costa Rica, donde el presidente Carlos Alvarado les ha acogido.

Evoca ahora cómo volvió a Nicaragua de su primer exilio, en 2019, sin saber qué le iba a pasar. «Regresé a Nicaragua a reclamar mis derechos sin ninguna garantía y sin haber negociado mi retorno. Tengo la convicción de que los derechos se recuperan ejerciéndolos. Regresé a reclamar la devolución del Confidencial, confiscada ilegalmente… Luego vino la prolongación del Estado policial», señala el periodista.

Hay elecciones el 7 de noviembre pero Ortega sabe que las perdió desde la masacre de abril de 2018″

«Lo que ocurrió este mes es brutal pero no es nuevo. Estamos ante una dictadura que impuso un Estado policial. Ahora estamos en la etapa del cierre del espacio político. Hay elecciones el 7 de noviembre pero Ortega sabe que las perdió desde la masacre de abril de 2018. A pesar de tener el control de la maquinaria electoral, una maquinaria de fraude, no puede permitir la competencia política», añade Carlos Fernando Chamorro.

En abril de 2018 una reforma de la ley del seguro social desembocó en unas protestas en las que participaron decenas de miles de jóvenes nicaragüenses. Las escenas de la protesta del 18 de abril eran de una represión brutal. El régimen dio orden a los hospitales para que no atendieran a heridos en las protestas. Alvarito Conrado, de 15 años, resultó herido de bala en el cuello y murió por no recibir atención médica.

Nicaragua, Estado policial

La llamada Operación Limpieza del régimen de Ortega y Murillo, en junio y julio, se saldó con 328 personas asesinadas, 2.000 heridos, cientos de detenidos y unos 100.000 huyeron al exilio. Para impedir protestas similares en septiembre de 2018 prohibieron las manifestaciones.

Desde entonces en Nicaragua no se respetan la libertad de reunión, ni de expresión, ni de movilización… Los últimos 21 «rehenes» del régimen no han podido recibir visitas de sus parientes ni de sus abogados, salvo en dos excepciones, Cristiana Chamorro y María Fernanda Flores, esposa del ex presidente Arnoldo Alemán.

Cristiana, según sabe su hermano Carlos Fernando, está aislada en su casa pero ha tenido algún contacto con su familia. El régimen fue a por ella en cuanto se confirmó que iba a intentar aunar a la oposición como candidata a la Presidencia.

No creo que esto sea un conflicto entre los Ortega y los Chamorro… Hay una saña contra todos los liderazgos cívicos que el régimen considera una amenaza»

¿Por qué la inquina de Daniel Ortega y Rosario Murillo contra los Chamorro? «No creo que esto sea un conflicto entre los Ortega y los Chamorro. Es una dictadura que tiene blancos, objetivos, y estos objetivos son ciudadanos que representan y defienden valores democráticos. Entre abril y julio de 2018 masacraron a 320 personas. Es una dictadura que impuso en Nicaragua un estado policial… Hay una saña contra todos los liderazgos cívicos que el régimen considera como amenaza. Hay miembros de la familia Chamorro y antiguos luchadores contra la dictadura, y también atacan a empresarios. Lo fundamental es que hay una determinación de acabar con cualquier amenaza a la dictadura, con cualquier liderazgo potencial, y también con quienes están en la resistencia cívica. Y por eso el periodismo es un blanco».

Carlos Fernando Chamorro transmite su programa de televisión Esta Semana por YouTube y Facebook debido a la censura que impide que se difunda por televisión abierta o por cable.

Rosario Murillo, la esposa de Daniel Ortega, vicepresidenta desde 2017, que tiene cada día una especie de Aló, vicepresidenta, ha arremetido con furia contra los periodistas críticos a quienes llamó «criminales» y «terroristas de la comunicación». De joven, Rosario Murillo fue secretaria del padre de Carlos Fernando Chamorro cuando era director de La Prensa.

Recuerda el director del Confidencial que Ortega no acaba de llegar al poder. Ganó las elecciones de 2006 y desde entonces se mantiene. En sus primeros diez años había cierta tolerancia al periodismo crítico. «Eso se termina cuando el régimen ve amenazada su supervivencia, en abril de 2018. Cuando la gente salió a las calles y documentó la resistencia. Esa mínima tolerancia se acabó. Los periodistas fueron perseguidos, asesinados, los medios cerrados. Hay una relación directa entre las protestas en 2018 y la persecución a los medios y a los periodistas», apunta Carlos Fernando.

La premisa en Nicaragua es suspender el Estado policial, según defiende Chamorro. Con esas limitaciones, sin poder manifestarse ni expresar la opinión en público, es imposible que se celebren elecciones libres. A pesar de las presiones y el miedo, destaca Carlos Fernando Chamorro que «el régimen nunca ha podido quebrar a un solo preso político ni a sus familias».

Los pilares de Ortega y Murillo

¿Cómo puede sostenerse el régimen de Ortega y Murillo? «En primer lugar, en el aparato represivo de la policía y de los paramilitares. En segundo lugar, cuentan con el ejército, que no cumple con la ley de Nicaragua. Debería desarmar a los paramilitares y no lo hace porque el jefe de los paramilitares es Daniel Ortega, candidato a la reelección», comenta el periodista.

Pero también cuentan con apoyo popular, orquestado en torno al Frente Sandinista. O lo que queda del Frente Sandinista. Contra algunos dirigentes históricos como Dora Téllez, Hugo Torres o Víctor Hugo Tinoco, han actuado por atreverse a disentir. Pero aún queda gente que les respalda.

El Frente Sandinista representa hoy una cuarta parte del electorado, pero es una minoría muy bien organizada… La mayoría política está silenciada»

«Hay un control del aparato gubernamental y se sostiene con el respaldo de una minoría política organizada, cohesionada en torno a la defensa de Ortega y Murillo. El Frente Sandinista hoy representa un cuarto del electorado, entre un 20% y un 25%, pero es una minoría muy bien organizada. Hay un culto a la personalidad de Ortega y Murillo. Respalda esa narrativa de que el régimen es objeto de un golpe de Estado fruto de una conspiración externa. Fabricaron este relato para justificar la matanza en 2018», dice el periodista.

Es cierto que fuera del régimen hay una mayoría política, pero está silenciada. «Si se le permite salir a la calle, saldrá, y si se le permite votar, votará para salir de Ortega y Murillo. Esa mayoría política está indefensa y es rehén de la dictadura», añade.

Presión internacional

Los intentos de mediación internacional se han topado con la cerrazón del régimen. Estados Unidos tendió la mano a Ortega pero lo rechazó. «Ortega está determinado a reelegirse el 7 de noviembre sin transparencia ni observación internacional y sin competencia política. La presión multilateral siempre será más efectiva. Pero Ortega no va a negociar ni con los líderes nicaragüenses, ni con la comunidad internacional hasta después del 7 de noviembre», afirma Carlos Fernando Chamorro.

Lo que irrita al periodista es que México y Argentina hablen de «las instituciones democráticas de Nicaragua», cuando fueron demolidas hace una década. «Ortega tiene la determinación de mantenerse en el poder a cualquier precio. Es lo único predecible. No tiene una estrategia a medio plazo, sino ganar el día a día y reelegirse», declara.

Ortega quiere replicar el régimen de Venezuela en lo político, sin ninguna duda. Tengo reservas de que lo logre porque el régimen no es viable a medio plazo. Está en crisis terminal pero sin fecha de caducidad»

Nicaragua no es Venezuela, un Estado petrolero. Nicaragua no tiene una economía estatizada ni socializada, es una economía abierta. «Ortega quiere replicar el régimen de Venezuela en lo político, sin ninguna duda. Tengo reservas de que lo logre porque el régimen no es viable a mediano plazo. Está viviendo una crisis terminal pero puede prolongarse. No tiene fecha de caducidad», apunta.

Lo que sí es importante es qué sostiene financieramente al régimen de Nicaragua: dentro del país, la recaudación de impuestos con la que paga a la policía y los empleados públicos. Y fuera subraya Chamorro cómo el Banco Centroamericano de Integración Económica, un órgano regional, ha brindado muchos recursos a Ortega, presidido por el hondureño Dante Mossi. «Dice que no toman en consideración elementos que no sean técnicos. Pero en Nicaragua hay una crisis profunda de derechos humanos que espero que entren en las consideraciones de estos organismos, también del Banco Interamericano de Desarrollo».

La crisis diplomática con España

El papel de España siempre es relevante en América Latina. Desde Nicaragua se ve a España como un puente con la Unión Europea. Prueba de la contundencia de la ministra española de Exteriores, Arancha González Laya, es la reacción airada del régimen de Ortega y Murillo.

En una carta dirigida a González Laya, el Ministerio de Exteriores de Nicaragua señala: «La señora González se dirige al presidente de un pueblo libre y soberano, con voz de alguacil, sin percatarse en su perorata delirante de trasnochada mandamás, que llevamos siglos sin dominio español, además de nunca haber reconocido bondad alguna en esos furibundos crímenes hispánicos, crímenes de lesa humanidad». Y aprovecha para recordar cómo en España hay «presos políticos», en alusión a los políticos catalanes recientemente indultados, y denuncia que no se han respetado sus derechos en prisión.

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Ofendió mucho a Daniel Ortega que la ministra española le instase a que no describiera como intromisión lo que es preocupación por los abusos y las violaciones de derechos humanos. Este lunes, González Laya ha asegurado que «hay un clamor internacional» que demanda a las autoridades de Nicaragua que respeten los derechos humanos y liberen a los presos políticos.

Para Carlos Fernando Chamorro España va en la buena dirección: «La señales de la crisis diplomática las veo positivas porque España está actuando con determinación. Frente a una dictadura no se actúa con complacencia. La única manera de mover a Ortega es dejar las cosas claras. Es importante avanzar en un proceso de aislamiento total de la dictadura. Y el paso que España ha dado. Es alentador. Espero que sea para la UE. Quisiera que el gobierno de México, Argentina y Honduras, adoptaran esa posición, que son los que se abstuvieron en la OEA».

Carlos Fernando Chamorro seguirá en la lucha por la democracia allá donde esté. Y lo hará con un compromiso firme con su país, Nicaragua. Confía en que el fin político de Daniel Ortega y su mano derecha, Rosario Murillo, esté cerca.