Los coches de choque les encantan. También los helados. Y se han quedado fascinados con el gimnasio del Palacio Presidencial. Atienden a la prensa internacional y alguno no oculta su Apple Watch. Los talibanes han desplegado sus armas de seducción mediática para tranquilizar a la comunidad internacional y a los afganos que aún recuerdan cómo gobernaron entre 1996 y 2001. La conquista talibán se ha llevado a cabo con armas, AK-47 y ahora se ven también muchos M-16, y también con smartphone de última generación.

Los talibanes han aprendido en estos 20 años que su estrategia militar para tomar el poder tenía que estar respaldada por un relato que siembre la duda sobre cómo será su forma de gobernar. Lejos ha quedado su tecnofobia de los 90 cuando cualquier producto electrónico era considerado maldito. El mulá Omar, fundador de los talibanes, no se dejaba fotografiar. Y ver un video podía ser castigado con latigazos en la vía pública.

Y estaban muy desconectados del mundo, tan es así que el ministro de Información se enteró del 11-S cuando le llamó un periodista paquistaní para conocer su reacción, tal y como recordaba esta semana en un webinar. Manuel Ricardo Torres, miembro del Consejo Académico del Instituto de Seguridad y Cultura.

Sin embargo, en este mes de agosto han sorprendido al mundo. Ni los expertos más avezados habían vaticinado que su vuelta al poder iba a ser tan vertiginosa. El periodista paquistaní Ahmed Rashid, autor de Los Talibán, reconocía a El Independiente que la estrategia talibán había sido brillante y sorprendente, en claro contraste con la caótica forma de gestionar la retirada de Estados Unidos.

La última fase de la ofensiva militar en los primeros 15 días de agosto, siempre respaldada por imágenes de las ciudades que iban cayendo en cascada y mensajes en Twitter, su red social favorita, ha asombrado tanto como su despliegue mediático. Iban a la par, de hecho. Kabul cayó en manos de los talibanes el domingo 15 de agosto.

Les han servido como referencia otros grupos yihadistas, como Al Qaeda, a pesar de que su estrategia comunicativa es muy diferente porque también lo es su objetivo y su audiencia. Quien fuera líder de Al Qaeda, Ayman Al Zawahiri, ya dijo en 2005: «Estamos en una batalla, y más de la mitad de ea batalla está teniendo lugar en los medios de comunicación. Y esa batalla en los medios es una batalla por ganar en las mentes y los corazones de la Umma [comunidad de creyentes del islam]».

En términos similares se manifestaba en 2016 Qari Muhammad Yousuf Ahmadi, entonces portavoz talibán, en una entrevista en Asharq al Awsat, un diario árabe con base en Londres: «Dispongo de ordenador y tengo cuentas en Facebook, Twitter y Youtube». Añadía que el fin era «ganar las mentes y los corazones de las masas» en una de las guerras más prolongadas del mundo.

Como explica Manuel Ricardo Torres, miembro del Consejo Académico del Instituto de Seguridad y Cultura, «los talibanes se han transformado desde una organización iconoclasta y repleta de prejuicios y objeciones religiosas hacia el mundo moderno hasta convertirse en un movimiento que explota las potencialidades de la era de la información».

Una vez tomado el poder saben que es contraproducente mostrar una imagen agresiva. Eso habría galvanizado algún tipo de respuesta internacional»

manuel ricardo torres, Instituto de Seguridad y cultura

Han demostrado tener una gran flexibilidad y rapidez de reflejos. Pero esto no es de ahora. Ya en 2009 este catedrático de Ciencia Política en la Universidad de Olavide se refería en un artículo en la revista Atenea a cómo los talibanes solían poner en duda la versión que ofrecían las tropas internacionales sobre sus ataques con reinterpretaciones que les permitían sembrar confusión en los medios, por ejemplo. Eran sus primeros pasos, en ese caso encaminados a poner en dificultades la misión de las tropas internacionales.

«Una vez tomado el poder saben que es contraproducente mostrar una imagen agresiva. Eso habría galvanizado algún tipo de respuesta internacional y se podrían haber revertido los planes de poder. Primero han de consolidar el poder y luego pondrán en marcha su agenda. Es un gesto de pragmatismo que no estaba en ellos hace más de una década. No había concesiones a lo que entienden como el pecado, por eso cometían errores estratégicos», destaca el autor de Desinformación. Poder y manipulación en la era digital.

Yihadistas y nacionalistas

Resulta interesante para entender los diferentes mensajes que lanzan los talibanes tener en cuenta que tienen poco que ver con el autoproclamado Estado Islámico. Como señala Bachir Mohamed Lahsen, investigador en propaganda yihadista, «los talibanes conocen muy bien la sociedad afgana. Y son muyahidines nacionalistas. La identidad nacionalista incluso domina sobre la identidad religiosa. Es una especie de Athletic de Bilbao. No quieren a nadie de fuera en sus filas. Su público objetivo es pastún, en el interior de Afganistán, así como los 40 millones de pastunes en Pakistán que les apoyan». Para llegar a estas comunidades no necesitas las redes sociales sino a los jefes tribales, las mezquitas, a ellos llegan por el boca a boca.

Los yihadistas del Daesh (considerados no-musulmanes por muchos estudiosos islámicos) tienen otro público objetivo: los musulmanes de segunda o tercera generación que viven en países occidentales y tienen acceso a redes sociales. Son los leones del califato y por ello desarrollan lo que Javier Lesaca denominó «armas de seducción masiva», en el libro con ese mismo nombre. Para ellos crearon superproducciones que nada tienen que envidiar a lo último de Hollywood. Con el público objetivo en Afganistán de los talibanes eso no funciona porque su acceso a Internet apenas llega al 20%.

La comunicación de los talibanes tiene como fin el reconocimiento internacional, no como movimiento combatiente sino casi como grupo político capaz de gobernar un Estado»

michele di salvo, consultor político

«La propaganda yihadista está dirigida al proselitismo, con campañas dirigidas a captar para la causa a militantes nuevos, especialmente en Occidente… se encamina a atraer a esa inmigración no integrada y abandonada a su suerte. La comunicación de los talibanes tiene como fin el reconocimiento internacional, no como movimiento combatiente sino casi como grupo político capaz de gobernar un Estado. En ese sentido es significativo que la clase dirigente de los talibanes tenga un estilo qatarí», afirma Michele di Salvo, consultor político especializado en propaganda yihadista.

La puesta de largo internacional el pasado 18 de agosto ha sido llamativa. Zabihullah Mujahid, con 338.600 seguidores en Twitter, llevó la voz cantante en una rueda de prensa retransmitida en directo, en la sede de gobierno. Al Jazeera y Al Arabiya la ofrecieron y también vía Sky pudo verla la comunidad occidental. Aceptó preguntas durante 20 minutos y entre los participantes había mujeres. Los talibanes también cuentan con un portavoz oficial para medios internacionales, Suhail Saheen, que tiene más de 377.000 seguidores en Twitter.

Zabihullah Mujahid, cuyo perfil es tan misterioso que muchos piensan que son varias personas, aseguró que las mujeres tendrían participación activa en la sociedad, «según lo establecido por la ley islámica».

«A las mujeres se les permitirá trabajar y estudiar y serán muy activas en la sociedad, pero dentro del marco del islam», dijo Zabihullah Mujadid. «No queremos enemigos internos ni externos», añadió. Con Mujadid habían tratado los periodistas que cubren esta zona, como Yalda Hakim, de la BBC, pero nunca en persona.

Son muy conscientes de la audiencia global. Tienen todo el foco internacional sobre ellos… La alusión a Zuckerberg demuestra cómo controlan los contenidos que interesan a Occidente»

mireia castelló, asesora en comunicación y subdirectora de beers & politics

Incluso se permitió criticar la censura que ha aplicado Facebook contra los talibanes. «Son muy conscientes de la audiencia global. Tienen todo el foco internacional sobre ellos. No se les ve tan sofisticados como el Daesh pero esa alusión a Mark Zuckerberg demuestra cómo controlan los contenidos que interesan en Occidente. Buscan legitimidad con la forma (ruedas de prensa con preguntas, el hecho de contar con un portavoz con hilo con los medios…) y el contenido (mensajes de tranquilidad)», afirma Mireia Castelló, asesora de comunicación y especialista en marketing político y subdirectora de la plataforma Beers & Politics.

Los talibanes no han dejado de usar los métodos tradicionales para dirigirse a la población de las zonas rurales. Desde hace años usan para atemorizar a los afganos las llamadas night letters, una especie de bandos que colocan por las noches en los muros de las casas con amenazas. En general, se dirigían a los que habían colaborado con las tropas o les eran hostiles.

De igual manera transmitían mensajes de hostigamiento a través de whatsapp. Es un recurso que utilizó el Daesh en Mosul en 2014. Ayudó a desmoralizar a las tropas del ejército iraquí, mucho más numerosas, que finalmente fueron derrotadas.

«Recurren a un método transmedia (online y esas cartas nocturnas). Y combinan las armas con los móviles. Así les hemos visto en las fotos de estos días y en los videos que se han hecho virales. Con el Ak-47 en una mano y el smartphone en la otra», señala Mireia Castelló.

En el recuerdo de los afganos está cómo gobernaron entre 1996 y 2001. El diplomático Hamed Ahmadza, quien puso las bases de la primera legación de Afganistán en España en 2006, rememora con angustia aquel tiempo. «Éramos como cadáveres que respirábamos. No teníamos el control de nuestras vidas». Ahmadza quería volver a Afganistán después de años en el extranjero, la mayor parte en España, pero tendrá que seguir esperando. «Ojalá hayan cambiado, pero muchos les apoyan por esa visión radical. Hay que esperar acontecimientos».

Esa imagen negativa vinculada a los 90 persiste. Según Mireia Castelló, subdirectora de la plataforma Beers and Politics, «Es un típico caso de mala reputación y son conscientes de ello. Tratan de contrarrestar esa imagen con esa versión amable y cotidiana de los talibanes comiendo helados o en los coches de choque. Su objetivo es conseguir la legitimidad de la comunidad internacional. Esto es una trampa».

Estamos viendo lo que ocurre en Kabul, sobre todo cerca del aeropuerto, pero nos queda mucho más lejos lo que sucede fuera de la capital. Y ahora hay algunos, pocos testigos, fuera del discurso oficial. La prensa local independiente, o bien que ha trabajado al servicio de medios extranjeros, está en el punto de mira. ¿Qué pasará cuando el foco de la comunidad internacional esté en otro punto del planeta?