Después de siete meses de su primera conversación en febrero pasado, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha conversado por teléfono con el líder chino, Xi Jinping. Los dos han reconocido que su interés es que la competencia entre EEUU y China «no derive en un conflicto», de acuerdo con fuentes de la Casa Blanca. Han estado al teléfono más de una hora.

Biden y Xi no se han reunido todavía en persona, aunque la Casa Blanca no ha descartado que puedan hacerlo durante la cumbre de líderes del G20, que se celebrará a finales de octubre en Roma.

«Los dos líderes tuvieron una discusión amplia y estratégica en la que conversaron sobre temas en los que nuestros intereses convergen, y sobre áreas en las que nuestros intereses, valores y perspectivas divergen», ha revelado la Casa Blanca en un comunicado.

Biden y Xi han acordado «relacionarse de forma abierta y directa en cuanto a todos esos temas», según el texto. Biden decidió llamar a Xi como parte del «esfuerzo que mantiene Estados Unidos para gestionar de forma responsable la competencia» con China.

«El presidente Biden subrayó el interés duradero de Estados Unidos en la paz, la estabilidad y la prosperidad en el Indo-Pacífico y el mundo; y los dos líderes abordaron la responsabilidad de ambas naciones de asegurar que la competencia no derive en un conflicto», concluye el comunicado.

De acuerdo con fuentes oficiales chinas, el presidente Xi Jinping ha señalado que si los dos países se enfrentan, ellos y el mundo sufrirá. «Cuando China y Estados Unidos trabajan juntos, ambos países y el mundo se benefician. Ambos países y el mundo sufrirán si los dos se enfrentan», ha señalado Xi. «La política sobre China de Estados Unidos ha resultado en graves dificultades para las relaciones» entre los dos países, ha remarcado Xi.

Una relación deteriorada

La relación entre Washington y Pekín ha empeorado en los últimos meses debido a las acusaciones de EEUU y la UE a China por el ciberataque global contra Microsoft en marzo. Pekín niega estar relacionado. Tampoco ha ayudado el hecho de que EEUU ha aconsejado a las empresas estadounidenses que no negocien con compañías que operen en Hong Kong o Xinjiang por la implicación de China en abusos, a juicio de Washington.

Estados Unidos también ha denunciado las ambiciones territoriales de China en las islas Spratly y Paracel, que se disputa con cinco países del sudeste asiático.

Durante un encuentro entre representantes de EEUU y China en julio, el viceministro chino de Exteriores, Xie Feng, acusó a Washington de convertir a Pekín en un «enemigo imaginario» y advirtió de que la relación se encontraba en un «punto muerto».

En vísperas del 11S, y recién terminada la salida de Afganistán, motivada por la nueva estrategia de política exterior de EEUU, Biden ha dado este paso con Xi para tratar de buscar vías de coexistencia pacífica.