«En el este, el oeste, el norte y el sur, el Partido lo domina todo». Xi Jinping, que este 1 de julio será el punto de atención en el centenario del Partido Comunista de China, definió en el XVII del PCCh el papel predominante de la formación fundada por Mao Zedong en 1921.

Nació como una organización clandestina en Shanghai de la mano de intelectuales como Li Dazhao o Chen Duxiu, junto a utópicos Mao Zedong o Zhou Enlai, procedentes del Movimiento 4 de Mayo. Hoy cuenta con más de 95 millones de miembros y controla el poder de la gran potencia asiática, que rivaliza con Estados Unidos por la hegemonía global.

Ante la Puerta de la Paz Celestial, bajo un retrato de Mao Zedong, Xi Jinping ha dicho que China nunca más será intimidada. «No aceptaremos los sermones de aquellos que sienten que tienen derecho a hacerlo… Nunca hemos intimidado, oprimido o subyugado a la gente de ningún otro país, y nunca lo haremos». Y ha añadido: «De la misma manera, nunca aceptaremos que nadie nos intimide, oprima o subyugue. Cualquiera que lo intente entrará en colisión con un muro de acero forjado por 1.400 millones de chinos».

Unas 70.000 personas han aclamado a Xi Jinping en la simbólica Plaza de Tiananmen. Xi ha añadido que un país fuerte necesita un ejército fuerte que garantice la seguridad de la nación y ha dicho que el Ejército de Liberación del Pueblo ha conseguido «logros indelebles».

Ha elogiado a las Fuerzas Armadas chinas como «fuerte pilar» que permite salvaguardar al país y preservar la dignidad nacional, la soberanía y los intereses de desarrollo, no solo de China sino de la región «y más allá». Según Xi, el partido debe mantener «el liderazgo absoluto» sobre el Ejército, que ha de estar a la altura de los mejores del mundo, según informa The Guardian.

Es un mensaje dirigido a la población china y a la vez al resto de potencias globales. Xi Jinping ha dejado claro que no aceptará injerencias de ningún tipo. La referencia a las críticas sobre los abusos en la violación de derechos humanos de Occidente es clara. La cuestión no preocupa a gran parte de la población, siempre y cuando el avance socioeconómico sea tan espectacular como hasta ahora.

Origen en la clandestinidad

La docena de jóvenes que se reunieron en 1921 en una casa de ladrillo de la concesión francesa de Shanghai soñaban con una revolución política, social y cultural que llevara al renacer de China reemplazando el mandarinato imperial por el socialismo. Aquel primer cónclave terminó en un barco en el lago Nanhu.

Contaba con 50 miembros aquel germen del PCCh. Supieron atraer al campesinado, ganaron en el campo de batalla a los invasores japoneses primero y luego a los nacionalistas de Chiang Kai Shek. Así hasta que el 1 de octubre de 1949 Mao Zedong proclamaba la República Popular China. Ya solo le acompañaba del grupo fundador Dong Biwu.

Mao Zedong, el Gran Timonel, adaptó el marxismo-leninismo, sobre todo el leninismo, a la realidad china: la vanguardia de la revolución son los campesinos en el VII Congreso del Partido en 1945. Ya cuentan con más de un millón de miembros. Mao dejó de lado a Confucio. Es el único líder chino que lo hace.

En 1949 terminan con las humillaciones sufridas durante décadas, invasiones exteriores, pérdida de soberanía, guerra civil, que explican el arraigo del nacionalismo en China, clave en el éxito del Partido Comunista. Con esa nueva República Popular, el Partido Comunista hace que China se cohesione y poco a poco inicie su transformación en una potencia global.

«En algunos aspectos el PCCh tiene mucho que ver con el que se fundó hace 100 años y en otros no. La idea básica de querer gobernar China en un régimen de partido-Estado y de convertir el país en una gran potencia sigue presente. Pero cuando se fundó hace un siglo era una utopía. Hoy es una realidad. Su trayectoria ha sido más exitosa de lo que habrían imaginado sus fundadores en el mejor de su sueños», afirma Mario Esteban, investigador principal en el Real Instituto Elcano.

En el VIII Congreso, en 1956, ya cuentan con más de diez millones de miembros. Emerge Deng Xiaoping con un programa de desarrollo económico y cultural. Pero fue purgado por la Revolución Cultural para volver a resurgir en 1978, ungido por Zhou Enlai. Acaba ese negro periodo de la Banda de los Cuatro y empieza la etapa de reformas.

Es una de las varias metamorfosis del Partido Comunista de China, que en 100 años se ha ido adaptando a los tiempos siempre con una base sólida apuntalada en el nacionalismo y en el desarrollo socioeconómico.

«El Partido Comunista de China es una suma de adiciones. No ha renunciado a sus orígenes. Ahora con Xi Jinping se ha reafirmado el marxismo pero tampoco es inmóvil ideológicamente. Desde sus orígenes ha incrustado el socialismo de Mao, el socialismo con características chinas de Deng, el xiísmo, el confucionismo que ahora forma parte de los valores esenciales. Así controla el Estado y el país. Lo que le define es el eclecticismo, la capacidad para integrar los contrarios», afirma Xulio Ríos, director del Observatorio de Política China y autor de La metamorfosis del comunismo en China (ed. Kalandraka).

En 1949 la esperanza de vida en China era de 35 años. Hoy es de 77 años. El analfabetismo afectaba al 90% de la población. En la actualidad apenas el 7%. En las últimas cuatro décadas el Partido ha liderado una gran transformación socioeconómica. La mejora de las condiciones de vida es evidente. De ser un país de campesinos empobrecidos ha pasado a colocar una nave en Marte y liderar la revolución tecnológica basada en el 5G.

Luces y sombras de un pasado convulso

El Partido Comunista de China nunca ha perdido el poder desde 1949. Sin embargo, como Rafael Bueno, director de Política, Sociedad y Programas Educativos en Casa Asia, en La Vanguardia Dossier, «sí ha vivido etapas y acontecimientos terribles, que han marcado a generaciones». Aún así nunca han dejado de ver al PCCh como la única opción real de poder y única garantía de progreso.

Los errores de la colectivización de la economía de Mao Zedong, entre 1958 y 1961, provocaron decenas de millones de muertos: entre 15 y 45 millones de fallecidos por hambre, según unas y otras fuentes. Mao pretendió industrializar el país a marchas forzadas y el precio fue muy elevado.

Su objetivo era cambiar el modelo social y económico. Quería terminar con la propiedad privada a través de las comunas. De esa época es la creación de una red de cárceles que aún existen. El fracaso fue tal que tuvo que corregir el rumbo.

El Gran Salto Adelante fue un desastre en términos socioeconómicos… Y otro fracaso tiene que ver con la necesidad de imponer el proyecto por la coerción y la fuerza»

mario esteban, r.i. elcano

«El Gran Salto Adelante fue un desastre a términos socioeconómicos. Llevó al país a una tremenda hambruna. Y otro fracaso tiene que ver con la necesidad de imponer su proyecto por la coerción y la fuerza. Una vez que se funda la República Popular China hay una represión política importante. Es un fracaso a la hora de plantear un partido persuasivo. El ejemplo de divisiones internas es el periodo de la Revolución Cultural (1966-1976)», señala Mario Esteban. 

Con Deng Xiaoping la República Popular China inicia su apertura económica y política. La base era la estabilidad y la eficacia. Todo lo que sirva a fomentar esos principios sirve al Partido-Estado. Es el socialismo con características chinas, que incorpora el mercado como un elemento más de la economía. Con la Triple Representatividad de Jiang Zemin el empresariado entra a formar parte del Partido, y con la teoría del Crecimiento Científico y la Sociedad Armónica de Hu Jintao se consolida el crecimiento, en armonía.

Hoy la economía privada supone un 80% del PIB. Los milmillonarios chinos tienen una riqueza similar al PIB de Alemania. Ay, si Mao levantara la cabeza.

«Deng Xiaoping abrió una etapa de prosperidad. Con el denguismo (incluyo a Jiang Zemin y a Hu Jintao, parecía que el Partido Comunista había encontrado una varita mágica para vivir en un país próspero y respetado», señala Xulio Ríos, quien no se olvida de apuntar cómo Deng fue quien ordenó la represión de Tiananmen, en 1989.

Con el denguismo China introduce el capitalismo en economía y el partido poco a poco se abre y va introduciendo ciertas reglas para que el proceso de sucesión fuera ordenado. Es el antecesor del líder el que apunta quién será su sucesor; se establece un mandato máximo de diez años (dos de cinco años) y el límite de edad de 68 años. No son reglas escritas, pero se han cumplido hasta Xi Jinping, que acaba de cumplir los 68 el 15 de junio.

La «nueva era» de Xi Jinping

Xi Jinping es todopoderoso en China. Es presidente, jefe de las Fuerzas Armadas y secretario general. Desde Mao Zedong ningún líder chino ha acaparado tanto poder. Desde su llegada a la cúspide, en 2012, China ha entrado en una nueva etapa.

La celebración del centenario brinda a Xi Jinping una ocasión excepcional para brillar y acaparar la atención. En las vísperas del 1 de julio, fecha clave en esta conmemoración, Xi Jinping ha entregado a 29 «héroes anónimos» la medalla del 1 de julio. Y ha citado un poema de Mao: «Todos los miembros del partido han de mantener el espíritu de atreverse a hacer que brillen el sol y la luna en cielos nuevos».

Todos los condecorados son gente «del pueblo», en palabras de Xi, que cita la agencia Xinhua. Entre los que han recibido la distinción en esta fecha tan señalada están Ma Maojie, veterano de la guerra civil; Wang Shumao, un marinero que ha defendido el territorio chino en el Mar del Sur de China, y Chen Hongjun, un soldado que murió en junio pasado en la frontera con la India.

También han distinguido a un jefe de un pueblo uigur, por combatir el separatismo, y una mujer tibetana, por «conducir a su pueblo a seguir al partido». Incluso había una periodista, Qu Duyi, ex corresponsal en Moscú de Xinhua, que cumplirá 100 años en noviembre.

En un anticipo de su intervención de este jueves, Xi dijo que el partido «ha escrito un espléndido capítulo en la historia del desarrollo de China». Pidió a sus 90 millones de militantes que contribuyeran a que el país se convierta en una sociedad moderna y hagan posible el rejuvenecimiento nacional.

El nuevo Gran Timonel vuelve a los orígenes, en la retórica, con grandes dosis de pragmatismo. Ha vuelto a la base, porque, como dice un proverbio, «aunque los árboles crezcan muy alto, las hojas caerán junto a las raíces». Así mira Xi Jinping a «los valores socialistas fundamentales», sin dejar la lucha contra la corrupción, una de sus principales batallas internas y siempre bajo la guía de la sociedad armónica. Es una pirueta que demuestra la gran habilidad de Xi a la hora de poner al día los principios del partido y proyectarlos hacia el futuro.

Es una estrategia de cuatro fines, que planteó en 2014 y que sintetizan los logros de sus antecesores y su propia aportación: construir una sociedad moderadamente próspera (su aportación y ahí queda por hacer con una renta per capita de apenas 10.000 dólares); profundizar en la reforma (Deng); gobernar de manera integral de acuerdo con la ley (Mao) y gobernar estrictamente el Partido (Lenin).

Ahora Xi está cuestionando las formas y mecanismos que habían logrado estabilizar el partido. No se descarta una crisis institucional»

xulio ríos, observatorio de política china

Como dice Xulio Ríos, con Xi empieza el xiísmo en un momento complejo, de gran incertidumbre: «Ahora Xi está cuestionando las formas y mecanismos que habían logrado estabilizar el partido. Este año que falta hasta el próximo congreso va a ser muy importante y no es descartable una crisis institucional. No hay designado sucesor in pectore y por eso se habla de que va a mantenerse más mandatos. En el actual comité permanente del buró político no parece que haya nadie que pueda sustituirle. Todo eso puede generar incomodidades. El denguismo aportó estabilidad y ahora hay incertidumbre».

En estos cien años los dirigentes chinos han aprendido varias lecciones. Y saben bien que cuando has recorrido 90 pasos de un camino de 100 aún te falta la mitad. De la Perestroika dedujeron que no había que poner en cuestión la autoridad del Partido y había que fomentar el adoctrinamiento, basado en un liderazgo fuerte. «Por eso este cambio de las reglas no escritas por Deng plantea problemas», añade Ríos.

El partido logra la adhesión de amplias capas de la sociedad con el recurso al nacionalismo. Y Xi Jinping lo sabe utilizar de forma muy hábil. También es básica la buena gestión de los asuntos públicos. De ahí que fuera tan relevante plantar cara al coronavirus. China fue la única economía del mundo que creció en el último trimestre de 2020. «En Occidente ponemos énfasis en la representatividad. En China, en la eficiencia. Es la eficiencia sobre lo que se fundamenta el poder del Partido», concluye Ríos.

La agenda que afronta la China de Xi es compleja con desafíos territoriales (Taiwán, mar de China meridional…), tecnológicos (5G), comerciales (Ruta de la Seda, África)… Está en un momento de inflexión. El objetivo es llegar al centenario de la República Popular, en 2049, como gran potencia. ¿Gestionará mejor la transición al nuevo mundo que se está gestando, el modelo liberal o el modelo chino? Es lo que está en juego.