Las siempre débiles relaciones entre Serbia y Kosovo viven desde hace diez días un nuevo episodio de tensión extrema. La llamada ‘crisis de las matrículas’ ha llenado los pasos fronterizos de tropas, fuerzas especiales y llamadas al diálogo y a la contención por parte de la comunidad internacional. Un escenario provocado por la última decisión del gobierno kosovar encabezado desde marzo por Albin Kurti: desde ahora queda prohibido entrar en territorio de Kosovo con matrículas serbias. Quienes porten una deberán cambiarla en la frontera por una matrícula provisional kosovar, con un coste de unos cinco euros.

El gobierno kosovar subraya que se trata de una medida de reciprocidad frente a otras similares impuestas por Serbia en las últimas décadas. Pero ha sido recibida como una declaración de guerra por parte de los ciudadanos serbios que son mayoría en una docena de municipios al norte de Kosovo, así como en la parte norte de la ciudad de Mitrovica.

La reacción de los serbios del norte de Kosovo ha sido establecer cortes de carreteras en los pasos fronterizos de Jarinje, en la carretera principal que une Pristina, Mitrovica y Belgrado; y de Brnjak, en la ruta del este que conecta Kosovo con Montenegro a través de Serbia. El bloqueo se mantiene desde hace ya diez días y ha provocado una escalada de tensión en la zona con pocos precedentes.

El Ejército kosovar desplegó sus fuerzas especiales en la zona el pasado lunes para tratar de ahuyentar a los manifestantes. Sin éxito. El tráfico de mercancías en estas zonas está bloqueado y ni siquiera los autobuses pueden continuar sus rutas. Se detienen antes de la frontera y los pasajeros deben proseguir el viaje andando, hasta superar los bloqueos y poder continuar moviéndose en taxis u otros transportes.

Militarización y preocupación internacional

La respuesta serbia al despliegue kosovar fue movilizar tropas y aeronaves a la frontera. Un movimiento que causó temblor en las principales potencias involucradas en la zona. Los embajadores de Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Italia y Alemania, así como el jefe de misión de la Unión Europea, solicitaron audiencia con el presidente serbio Aleksandar Vucic durante el fin de semana.

«Serbia y Kosovo deben desescalar incondicionalmente la situación sobre el terreno, retirando inmediatamente a las unidades especiales de policía y levantando los bloqueos de carreteras», ha dicho en las últimas horas Josep Borrell en un comunicado de prensa.

«No permitiremos la humillación de Serbia y sus ciudadanos», mantiene por su parte el Ejecutivo serbio, que mantiene toda su atención en la crisis fronteriza. El gobierno kosovar sostiene que la medida es recíproca y cuenta, como de costumbre, con el apoyo total de Albania.

En la zona también hay desplegadas patrullas de EULEX, la misión de la Unión Europea para la vigilancia del Estado de Derecho en Kosovo, y guardianes de la OTAN.

El origen del lío: matrículas KS y RKS

La actual crisis de las matrículas remonta su origen a varias décadas atrás y se centra alrededor de las siglas ‘KS’ y ‘RKS’.

Las matrículas kosovares con las siglas ‘KS’ fueron expedidas entre 1999 y 2010, durante la administración de las Naciones Unidas en Kosovo. Las matrículas con las siglas ‘RKS’ fueron las que implantó el gobierno kosovar tras la Declaración Unilateral de Independencia y comenzaron a funcionar a partir de diciembre de 2010.

Desde junio de 2012 es obligatorio para cualquier ciudadano residente en Kosovo portar matrículas KS o RKS. En virtud a un acuerdo firmado en 2011, además, Serbia se comprometía a reconocer las matrículas KS, vinculadas al período de la ONU, pero no las RKS, porque ello supondría un reconocimiento de la independencia kosovar que Serbia rechaza.

Así, los coches con matrícula KS podían cruzar libremente la frontera, pero los coches con matrícula RKS debían sustituirlas al entrar en Serbia. Por su parte, los coches con matrícula serbia podían entrar libremente en Kosovo.

Ese acuerdo de 2011 expiró el 15 de septiembre de este año y no ha sido renovado. La principal novedad es que el gobierno kosovar ha dejado de reconocer las matrículas KS, usadas por más del 80% de la población en la zona de mayoría serbia del norte de Kosovo. Así, tanto los usuarios de coches con matrícula serbia como los conductores de vehículos con matrícula KS deben afrontar ahora gastos extra por cada cambio de placas al cruzar la frontera.

Años convulsos

El episodio de tensión disparada era previsible. La finalización del acuerdo de matrículas en este 2021 estaba en el calendario y había sido abordado en las charlas que mantienen las delegaciones serbias y kosovares mediadas por la UE. Pero nunca se encontró una solución.

En los últimos años, las tensiones fronterizas entre Serbia y Kosovo se han disparado de manera intermitente por episodios variopintos como el asesinato en Mitrovica del político serbio Oliver Ivanovic, la violenta detención de Marko Djuric, delegado del Gobierno serbio para la región; la crisis energética que provocó un desfase en los relojes de toda Europa o el tren con el lema ‘Kosovo es Serbia’ que el gobierno de Belgrado quería fletar hasta el territorio kosovar, y que acabó desterrado haciendo recorridos regionales de media distancia.