Carlos Fernández y Javier González tenían una consultoría con oficina en Kiev, en el barrio de Shevchenko. “Ahora la calle mete miedo”, relata Carlos, desde Gijón, donde está la sede del negocio. Cuando empezó la guerra en Ucrania, se plantearon enseguida cómo ayudar y vieron que su red de contactos y su conocimiento del país podrían ser muy útiles. Junto a Javier Fernández fundaron Help to Ukraine un mes después de la invasión rusa. En estos tres meses han logrado rescatar a más de 500 personas, entre ellas más de 40 españoles, atrapadas en el polvorín de Ucrania. 

Fueron paso a paso. Primero pusieron a la gente en contacto a través de un grupo de Telegram. Allí exponían sus necesidades. Cuando cerró la embajada española, el 25 de febrero, hubo quienes se quedaron atrapados sin saber a quién recurrir. Fue la etapa más intensa. La legación española ya está abierta desde finales de abril pero bajo mínimos. La embajadora Silvia Cortés está al frente.

Ahora quedaría una decena de españoles en Ucrania, según los cálculos de Help to Ukraine, incluida una familia española en Mariúpol de la que no saben nada hace varias semanas. También hay una quincena de ciudadanos con doble nacionalidad que no pueden salir por tener que servir al país. Todos los varones entre 18 y 60 años tienen que quedarse en Ucrania por la guerra.

Pero no solo asisten a españoles. Ahora están preparando una furgoneta para ayudar en la salida de ucranianos desde Jersón. Hay una lista de más de 200 personas que quieren dejar la ciudad. 

Su labor incluso ha hecho que desde una oficina de la ONU en Ucrania se hayan puesto en contacto para trabajar de forma coordinada. También el Ministerio español de Exteriores conoce su encomiable labor. Ha habido coordinación desde el principio.

Red de colaboradores dentro y fuera de Ucrania

Cuando alguien se ve atrapado y no sabe cómo salir suele ponerse en contacto con Help to Ukraine para exponer su situación. Carlos, Javier y su red de colaboradores comprueban los datos y geolocalizan dónde se encuentra. “Vemos la situación sobre el terreno y comprobamos si se puede salir o no. Buscamos carreteras secundarias y formas de evitar los controles. Nos ponemos en contacto con nuestros colaboradores sobre el terreno. Hay veces que la espera es obligada. Solemos dar dos opciones. La decisión es suya. El riesgo también”, relata Carlos. 

Hay un sentimiento de colaboración increíble. Nunca lo había visto como hasta ahora. Nadie dice no»

carlos fernández, help to ukraine

La red cuenta ahora con unas cien personas en toda Ucrania y otras 20 en España. Cuentan con teléfono de asistencia las 24 horas que atiende en ucraniano y español de forma gratuita. “Todo el mundo ahora tiene voluntad de ayudar. Hay un sentimiento de colaboración increíble. Nunca lo había visto como hasta ahora. Nadie dice no”, apunta Carlos. Quienes colaboran sobre el terreno, gente muy preparada y buena conocedora de la situación, solo cobran los gastos. Y emplean su tiempo, tres días para desplazarse de Jersón a Odesa, por ejemplo. 

Entre las últimas incorporaciones sobre el terreno está Andrej, hijo de español y ucraniana, que se encuentra en la región de Járkov. Procede de Járkov aunque desde los 16 años vivía en Mallorca. La guerra le sorprendió visitando a familia y amigos.

Como no puede regresar al ser varón ucraniano entre los 18 y 60 años, se ha ofrecido a Help to Ukraine para echar un mano. No ha estado quieto hasta ahora: ha prestado asistencia a los militares ucranianos en el frente, pero es chófer de profesión y conoce el país y el idioma así que será muy útil para próximos rescates. 

Help to Ukraine acaba de establecer una base de operaciones en Zaporiya, donde tienen un todoterreno que se dedica a labores humanitarias. También con este vehículo se acercan a las localidades más cercanas al frente a rescatar a quienes lo demandan. “Hace poco recogimos a una madre octogenaria y su hija. Estaban bombardeando”, señala Carlos. 

Uno de los proyectos más recientes es poner en marcha un robot medicalizado. La empresa Homedoctor, pionera en consultas online, se puso en contacto con Carlos y Javier para brindar este servicio. Van a ensayar en Zaporiya y si funciona tratarán de que llegue a otras ciudades. 

Los últimos españoles rescatados

En abril lograron sacar de Jersón a Eugenio Pérez, español, casado con ucraniana. También recuerda cómo lograron acompañar a la frontera a Irina, ucraniana, y Ana, su hija, con pasaporte español. Entre los últimos está Pedro Paniagua, que estaba en Mala Antonovka, a 35 kilómetros de Vilazerska.

“Le pusimos en contacto con dos voluntarios de la guardia territorial ucraniana, uno de ellos policía, le acompañaron a la frontera con Polonia”, dice Carlos. Paniagua lleva ya un par de semanas en Murcia con su familia. 

“En ocasiones tienen que dar la vuelta por los bombardeos. Desde Jersón los trasladábamos a Odesa y a veces regresan a por más gente. Para mover a alguien has de tener cuidado y no arriesgar más de lo que intentas ayudar”, dice Carlos Fernández. “Tenemos organizadas las vías de salida del país”. 

Quienes salen de Ucrania en estas circunstancias llegan “machacados”. Según Carlos, “necesitan una semana o diez días para tranquilizarse porque al principio escuchan ruido y creen que van a bombardear. Muchos necesitan ayuda psicológica”. 

Help to Ukraine se financia con donaciones. “Cada uno aporta lo que tiene. Hemos puesto dinero, pero es una gran satisfacción poner a salvo a la gente”, añade. “Lo que más nos preocupa es buscar la manera de ayudar a todo el mundo”. 

En el peor sitio y en el peor momento

Entre los españoles agradecidos a la labor de Help to Ukraine está David López, de Granollers. El inicio de la guerra le pilló de improviso en Ucrania, donde se quedó atrapado. Estaba en el peor momento en el peor lugar. el 24 de febrero se quedó tirado en una gasolinera cerca de Hostomel, donde se encuentra uno de los principales aeropuertos del país. Fue de los primeros lugares bombardeados. David no sabía qué hacer y pidió ayuda a un amigo ucraniano por teléfono. Le ayudó a explicar su situación al primer chico que vio. Y le acogió en su casa. 

“Fue una sensación tremenda: las bombas cayendo, tanques por la carretera, había humo… Nadie se hacia cargo. Era de noche y el termómetro marcaba menos de seis grados. El chico aceptó ayudarme y cuando salimos de aquel infierno iban cayendo cascotes”, recuerda David, que pudo salir sano y salvo semanas más tarde. 

Un amigo fue quien le puso en contacto con Javier, socio de Carlos, y desde la ONG le fueron guiando. “Me tenían localizado y sabían de mi situación. Me aconsejaron que no me moviese porque estaba en mal sitio y monitorizaban la situación cada día. Cuando los militares ucranianos ya podían entrar y salir me rescataron en un coche patrulla un policía y un soldado. Primero llegamos a Kiev y luego viajé desde allí a Polonia”, evoca David. 

Durante el mes largo que permaneció atrapado mantuvo el contacto sobre todo con Javier. No siempre era posible porque a veces faltaba electricidad y no tenía el móvil operativo. “Una vez tenía cien llamadas suyas sin atender cuando pude volver a conectar”, dice David. “A principios de abril me avisaron que estuviese preparado. Iban a estudiar la ruta porque había minas en el camino y había que sortearlas.. Me acompañó gente muy preparada”, relata. 

“Javier y Carlos me sacaron de ahí. Estoy muy agradecido. Me acompañaron cuando no podía salir y estuvieron pendientes. A veces me desesperaba porque creía que no podría moverme en mucho tiempo, que nadie podría ayudarme. El chico que me alojaba sabía lo que se hacía. Nos refugiábamos en el sótano la mayor parte del tiempo. Pero yo estaba pendiente de salir. Ellos se encargaron de todo”, apunta David. 

Ahora a David le gustaría volver a Ucrania, o a Polonia, para echar una mano. “Después de esta experiencia me he quedado con ganas de ayudar”, asegura.  

Carlos insiste en que no están haciendo “nada extraordinario”. “Hemos ayudado a salir a ucranianos, españoles, dos peruanos. No miramos la nacionalidad. Es una guerra”, concluye.