Internacional

Túnez, atrapada entre Marruecos y Argelia con el Sáhara como detonante

Túnez

Tienda de banderas en la medina de Túnez. FRANCISCO CARRIÓN

En la gastada Medina de Túnez, una tienda ofrece banderolas para actos institucionales. En el escaparate las enseñas de Argelia y Marruecos comparten vecindad, a imagen y semejanza de la caprichosa realidad cartográfica. La tunecina, que decora profusamente el establecimiento, también les anda a la zaga. Los tres países protagonizan una crisis diplomática de múltiples capas, con el trasfondo del conflicto del Sáhara Occidental; la necesidad de Túnez de asegurarse el gas argelino; y la agresiva política exterior de la monarquía marroquí.

A los rifirrafes entre Argelia y Marruecos, se ha sumado ahora Túnez. La crisis del país con Rabat comenzó a finales de agosto a propósito de la visita del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali. Un episodio que recuerda a la dura crisis desatada por el régimen alauí con España tras la acogida de Ghali en un hospital de La Rioja, donde recibió atención médica después de contraer el coronavirus. En agosto el presidente tunecino Kais Saied recibió a pie de pista al mandatario saharaui, invitado a una cumbre de inversión japonesa-africana junto a otros presidentes del continente africano.

La indignación de Rabat fue tal que, a modo de rabieta, llamó a consultas a su embajador en la capital tunecina. «Los marroquíes, que a menudo reaccionan de forma exagerada con respecto a la cuestión del Polisario, hicieron lo de siempre y retiraron a su embajador, para luego iniciar una campaña mediática contra Túnez», señala a El Independiente Youssef Cherif, director de la sección tunecina del Columbia Global Centers.

El presidente de Túnez Kais Saied recibe a Brahim Ghali, líder del Frente Polisario. PRESIDENCIA DE TÚNEZ

Lazos diplomáticos rotos

La diplomacia magrebí consideró entonces que la presencia de Ghali era “un acto grave y sin precedentes que hiere profundamente los sentimientos del pueblo marroquí”. Túnez respondió retirando también al embajador en Marruecos y recordando su histórica neutralidad en un contencioso que acaba de cumplir 47 años, provocado por la invasión marroquí de la ex colonia española. El Sáhara Occidental, ocupado ilegalmente, sigue siendo el último territorio por descolonizar de África.

Han sido unas semanas con dificultades para entendernos en una temática en la que Túnez ha sido siempre neutral

Fatma Omrani, embajadora de Túnez en Madrid

Los lazos diplomáticos continúan rotos. «Han sido unas semanas en las que ha habido dificultades para entendernos en una temática en la que Túnez ha sido siempre neutral», admite en declaraciones a este diario Fatma Omrani, embajadora de Túnez en Madrid.

«Túnez y Marruecos están ahora trabajando para retomar nuevamente su relación habitual. Es una relación de siglos y desde los tiempos de la independencia. La obtuvimos el mismo año y gozamos de relaciones desarrolladas muy importantes a nivel de poblaciones y político», insiste. Según el politólogo, «las relaciones con el Polisario son mínimas, pero Túnez se está acercando a Argelia». El país, la cuna de la Primavera Árabe en 2011 y hoy la última y frágil esperanza de democratización de la región, trata de permanecer a flote en una coyuntura muy delicada.

Una joven pasa por una tienda de artículos turísticos en Túnez. FRANCISCO CARRIÓN

Un gesto hacia Argelia

A la deriva autoritaria del presidente, se suma la falta de recursos propios, el endeudamiento del Estado y una pobreza al alza. Primero la pandemia y ahora la invasión rusa de Ucrania, el principal granero de Túnez, han agravado la carestía y la falta de alimentos y combustible y amenazan con un levantamiento popular como el que acaeció hace más de una décadas. En octubre las autoridades acordaron con el Fondo Monetario Internacional (FMI) un préstamo de 1.900 millones de dólares a cambio de reformas en sus finanzas públicas.

«El episodio de recibir al líder del Polisario fue un claro gesto hacia Argelia, apreciado en Argel, pero este acercamiento no se tradujo en una ayuda económica ni en una mayor implicación argelina en los asuntos tunecinos», subraya Cherif. Argelia es el principal suministrador gasístico de Túnez. En 2020 la petrolera estatal argelina Sonatrach renovó el acuerdo con el país y se comprometió a incrementar un 20 por ciento el volumen para dar respuesta al aumento de la demanda y consolidar su posición de liderazgo al otro lado de su frontera.

La dependencia energética de Túnez con Argelia es cada vez mayor. Las importaciones de electricidad y gas alcanzaron niveles récord en el primer semestre de 2022. La semana pasada el portavoz del Gobierno tunecino, Nassreddine Nsibi, se jactó de su posición privilegiada de cara a un invierno incierto. «Túnez tiene prioridad en el suministro de su vecino. La cuestión no está relacionada con los precios y no tenemos ningún problema con el suministro de gas», manifestó. Túnez genera la mayor parte de su electricidad con gas importado de Argelia. La sintonía entre ambos países quedó escenificada a través de sus líderes hace unas semanas, durante la celebración de la cumbre de la Liga Árabe en Argel.

El presidente argelino recibe a su homólogo argelino en Argel. EFE

Política de neutralidad

Con unas elecciones parlamentarias en el horizonte -están previstas para el 17 de diciembre-, el atomizado mapa de partidos políticos, debilitado por la reforma constitucional del pasado verano, también ha comenzado a posicionarse en el litigio del Sáhara Occidental y la ruptura de lazos con Marruecos. En octubre el Polisario sumó la adhesión de dos formaciones, el movimiento Adelante Túnez y el Partido Nacional Socialista de Túnez, que hicieron públicos su apoyo de la causa saharaui y defendió su legítimo derecho a la libertad y la autodeterminación. Un hecho inaudito pero procedente de partidos muy minoritarios.

Si existe un conflicto entre Marruecos y el Polisario, no tiene nada que ver con Túnez

Chaouachi Ghazi, secretario general de Corriente Democrática

«Hay muchos partidos políticos en Europa que reconocen también al Estado saharaui; mantienen relación; y han pedido que sea reconocido por los gobiernos europeos y eso no cambia nada en la relación que tienen con Marruecos o con Argelia», replica la embajadora. Desde Corriente Democrática -uno de los principales partidos del país, el cuarto en virtud de su representación parlamentaria- se insiste en que su posición es respetar la neutralidad histórica.

«Nuestra posición sobre el Sáhara Occidental y el Polisario es permanecer neutrales. Si existe un conflicto entre Marruecos y el Polisario, no tiene nada que ver con Túnez», responde a este diario el ex ministro Chaouachi Ghazi, secretario general de Corriente Democrática. «La recepción a Ghali fue un grave error diplomático. No nos interesa involucrarnos en esta disputa porque, además, gozamos de muy buenas relaciones con Argelia», subraya. «Estamos a favor de la unión de los países del magreb. Si alguna vez conseguimos hacer una pequeña unión, aunque sea en el plano económico, resultará beneficioso para todos».

El conflicto marroquí-tunecino es un conflicto de presidentes, y el fondo del mismo es el mediático. Es un conflicto vacío en el que el pueblo no tiene ningún interés

Asrar Ben Jouira, activista y feminista tunecina

Batalla por la supervivencia

Nadie en Túnez cuestiona la necesidad del salvavidas argelino. «Pero no solo es por eso. Argelia es un país vecino. Tenemos la misma historia, la misma lengua y la misma religión. Habría que buscar una unión mayor con Marruecos, Libia y Mauritania. El Sáhara Occidental la impide en estos momentos. Túnez tiene que seguir el mismo camino: limitarse a respetar las resoluciones de las Naciones Unidas relativas a este problema», opina Ghazi, inquieto por las supuestas intenciones de Kais Saied de «cambiar la política exterior del país en todo».

Con la supervivencia diaria centrando la angustia popular, el litigio se halla lejos de las preocupaciones de la castigada sociedad tunecina. «El conflicto marroquí-tunecino es un conflicto de presidentes, y el fondo del mismo es el mediático. Es un conflicto vacío en el que el pueblo no tiene ningún interés», explica a este diario Asrar Ben Jouira, activista y feminista tunecina. «Kais Saied está agotando las soluciones existentes para cubrir los problemas del Estado y no tiene más remedio que enemistarse con países y acercarse a otros por algún interés», añade.

A pesar de que la tensión diplomática permanece, «las inversiones marroquíes en el país no han sido revertidas; hay vuelos regulares entre los dos países; y se espera que la crisis se disipe con el paso de los meses», pronostica el politólogo. «Es que tanto Marruecos como Argelia son dos socios muy importantes para nosotros. Túnez siempre ha tenido una relación muy buena con Argelia, con las fronteras y desafíos comunes y con uno de los gasoductos de Argelia que transita por Túnez hacia Europa, pero también tenemos relaciones muy desarrolladas con Marruecos», concluye la embajadora.

Te puede interesar

Comentar ()