Yascha Mounk, de 43 años, nació en Múnich descendiente de judíos polacos. Hablamos con él en Varsovia, donde le gusta practicar el idioma de sus ancestros. También se defiende en español. Es de los pocos politólogos que conoce bien la evolución de la democracia en América y a la vez la transformación experimentada en Europa. Fundador de la revista digital Persuasion, es autor de La trampa identitaria, El gran experimento o El pueblo contra la democracia. En su podcast The Good Fight, mantiene conversaciones con pensadores, periodistas y economistas como Ivan Krastev, Francis Fukuyama o Paul Krugman.
Sostiene que los liberales perdieron en noviembre de 2024 frente a Trump porque se atrincheraron en la política identitaria en lugar de responder a las preocupaciones de la sociedad. Es profesor de relaciones internacionales en la Universidad Johns Hopkins en Washington DC. Reflexionamos con él sobre el futuro de la democracia en América en vísperas del primer año del mandato de Trump y cinco años después del asalto al Capitolio.
Pregunta.- Usted nació en Alemania. Su madre, judía polaca, dejó su país como consecuencia de la purga comunista. Gran parte de su familia materna fue asesinada en el Holocausto. Ha confesado que nunca se sintió cómodo en Alemania. ¿Cómo se siente hoy en la América de Donald Trump?
Respuesta.- En 2017 adquirí la ciudadanía estadounidense porque me identificaba con el preámbulo de la Constitución estadounidense: "Nosotros, el pueblo". Habla de un profundo sentido de la democracia. Siguen gustándome mucho muchos lugares de Estados Unidos, entre ellos Nueva York, donde vivo. Pero al mismo tiempo me preocupa mucho la forma en que Trump está tratando de cambiar las instituciones estadounidenses.
Me aterra la facilidad con la que excluimos del debate a quienes piensan de forma diferente. Es muy difícil conciliar esto con el apego a la democracia"
P.- Sin embargo, la mayoría de los estadounidenses apoyan el movimiento MAGA, Make America Great Again. Al menos eso es lo que muestran los resultados de las elecciones de 2024. ¿No comparten ellos esta preocupación?
R.- Me aterra la facilidad con la que excluimos del debate a quienes piensan de forma diferente. Es muy difícil conciliar esto con el apego a la democracia. Si se realizara una investigación un poco más profunda, desglosando las opiniones de la gente, se vería que son bastante razonables. De todos modos, la mayoría de los encuestados no están muy interesados en la política. Y esto no solo ocurre en Estados Unidos, sino también en Alemania, Francia, Reino Unido y muchos otros países europeos, donde en las encuestas predominan los grupos con los que estoy profundamente en desacuerdo. Así que, en lugar de señalar con el dedo a los demás, tal vez haya llegado el momento de mirarnos en el espejo y reflexionar sobre los errores que hemos cometido nosotros, los defensores del liberalismo, para llegar a una situación similar. Tenemos que empezar a tender puentes que nos unan con aquellos que piensan de forma diferente. Es necesario para salvar la democracia estadounidense, que, en mi opinión, se encuentra en peligro.
P.- Las elecciones presidenciales de 2028 en Estados Unidos, ¿seguirán siendo democráticas?
R.- Creo que es probable.
P.- ¿No es seguro? ¿No descarta que no sean democráticas?
R.- En los más de diez años que llevo analizando la política, he aprendido a no descartar demasiadas cosas. Sin duda, parte del movimiento MAGA querría socavar los pilares de la democracia estadounidense. Pero estamos hablando de un país en el que las instituciones estatales son mucho más fuertes que en Hungría. Tenemos una sociedad civil desarrollada, medios de comunicación. Una descentralización del poder muy avanzada. Y es un país muy grande.
EEUU es un país en el que las instituciones estatales son mucho más fuertes que en Hungría (...) La descentralización del poder está muy avanzada"
P.- ¿Cuándo se decidirá esta batalla?
R.- Puede durar unos 20 años. Para ganarla, es necesario construir una coalición de derecha moderada e izquierda moderada en torno a las reglas básicas de la democracia. Pero hoy en día no parece que eso vaya a suceder. La derecha se ha atrincherado en algo parecido al populismo nacional y étnico. Pero también la izquierda se defiende tras las barricadas de la política identitaria. Es el movimiento woke. Y también la cultura de la cancelación. Es decir, la exclusión legal de la vida social de personas con determinadas opiniones. En un enfrentamiento así siempre gana la derecha. Así lo demuestran los resultados de muchas de las últimas elecciones en Occidente.
P.- Quedan dos años y medio para las próximas elecciones presidenciales en Estados Unidos. ¿Qué determinará en ese tiempo si serán democráticas o no?
R.- Sin duda, el hecho de que Trump consiga ampliar sus competencias en contra de lo establecido en la Constitución y la separación de poderes. Pero también será muy importante si el presidente consigue condenar a personas que, como el director del FBI entre 2013 y 2017, James Comey, Trump considera sus enemigos. Será una prueba fundamental para la independencia del poder judicial. Veremos si el poder ejecutivo va a ignorar por completo las sentencias judiciales. Ya hemos tenido casos en los que el tribunal ha dictaminado que un inmigrante no tiene derecho a ser deportado, pero en ese momento ya se encontraba en el avión. Por último, la actitud del Tribunal Supremo será de vital importancia. Hasta ahora, ha adoptado una línea conservadora en sus sentencias, por ejemplo, en lo que respecta al derecho al aborto. Pero no ha aceptado los intentos de la Administración Trump de asumir nuevas competencias. A juzgar por las declaraciones de los jueces, es de esperar que consideren ilegales los aranceles penales introducidos por el presidente.
Trump y sus seguidores no quieren derrocar la Constitución sino un cambio en el orden constitucional como fue el 'New Deal'"
P.- ¿Cómo quiere Trump transformar Estados Unidos?
R.- Trump no es Viktor Orbán. El primer ministro de Hungría tiene una visión a largo plazo de la reconstrucción de Hungría; es un estratega. Trump actúa de forma completamente diferente. Da discursos, se reúne con gente y evalúa cuál es la reacción a sus propuestas. Actúa por instinto. A pesar de todo, paradójicamente, se ha beneficiado mucho de haber perdido las elecciones de 2020. Durante los cuatro años siguientes, ha consolidado mucho su movimiento, ha creado equipos capaces de trabajar en la administración y ha puesto al servicio de sus intereses a una serie de instituciones analíticas. Como la Heritage Foundation de Washington. No creo que Trump y sus seguidores quieran derrocar deliberadamente la Constitución y socavar la democracia. Más bien lo ven como un cambio en el orden constitucional, algo parecido a lo que hicieron Franklin Delano Roosevelt y su New Deal (Nuevo Pacto) entre 1933 y 1939. Pero las revoluciones tienden a radicalizarse, a cobrar impulso propio y a escapar al control de sus creadores. Y nadie puede predecir cómo terminarán.
P.- ¿Sobrevivirá esta revolución a Donald Trump o, tras su marcha, Estados Unidos volverá a la senda anterior?
R.- Es muy difícil de determinar. En 2024, Trump fue elegido por una coalición muy compleja de diferentes fuerzas de la derecha. Entre ellas se encontraban conservadores tradicionales, incluso partidarios de mantener el papel dominante de Estados Unidos en el mundo. Pero también aquellos que querían, sobre todo, hacerse con el control de una clase media frustrada y empobrecida. Y también los trabajadores, independientemente de su origen étnico. De ahí el gran apoyo a Trump entre los latinos. Los fieles de las iglesias evangélicas constituían una facción muy importante. Pero en esta coalición también se podían encontrar partidarios de la supremacía blanca, racistas o simplemente antisemitas. Todo depende de cuál de estas facciones se imponga tras la salida de Trump.
P.- ¿Es Joe Biden responsable del regreso de Trump al poder y de la amenaza que esto supone para la democracia?
R.- Biden cometió una serie de errores, en particular en lo que respecta al fracaso en la reducción de la inflación. Su edad debilitó mucho sus posibilidades de reelección. Pero Kamala Harris resultó ser una candidata desastrosa. Intentó presentarse como una mujer del pueblo, pero su padre era profesor de la Universidad de Stanford y su madre, científica, procedía de la casta más alta de la India. Por lo tanto, resultó ser falso. Ante todo, los demócratas llevan entre 15 y 20 años viviendo con la ilusión de que son ellos quienes representan a la creciente comunidad de minorías étnicas en Estados Unidos. Esto les iba a asegurar la victoria, ya que los blancos solo representan hoy en día alrededor del 55 % de la población estadounidense. Sin embargo, resultó que la gran mayoría de los latinos e incluso los afroamericanos no aceptan en absoluto los cambios civilizatorios de la izquierda. Son conservadores. Y votaron por Trump. Por el contrario, Harris recibió el apoyo de una proporción sorprendentemente grande de votantes blancos y acomodados. La estructura de su apoyo no se parecía en nada al electorado de Bill Clinton o Barack Obama, sino al del candidato republicano de 1996, Bob Dole. ¡Es increíble!
P.- Trump también apeló a aquellos que se sienten perdedores de la globalización. ¿No es ese el objetivo de los aranceles protectores que ha introducido?
R.- Esta es una promesa que Trump no puede cumplir. Estados Unidos no volverá a fabricar camisetas, no se producirá una reconstrucción masiva de la industria. Esto no es posible ni deseable. Salvo ejemplos puntuales relacionados con los semiconductores de última generación o la fabricación de armas. Sin embargo, Trump también apuesta por la reconstrucción del sueño americano de ascenso social para todos. A ello contribuyen su propuesta de eximir de impuestos las propinas o las facilidades para la creación de empresas. Se refiere en particular a los latinos, muchos de los cuales proceden de pueblos muy pobres de México o Guatemala. Estos siguen siendo muy ambiciosos en Estados Unidos.
Si los demócratas no abandonan la política identitaria en favor de una nueva visión propia de la sociedad, volverán a perder dentro de cuatro años"
P.- ¿Tienen ya los demócratas un candidato que podría derrotar a Trump o a su sucesor en 2028?
R.- Trump ha fallado estrepitosamente en muchos ámbitos. Sus aranceles se traducen en un preocupante aumento de los precios. La gente quería fronteras seguras, pero no agentes de policía migratoria encubiertos que organizaran redadas en los centros de las ciudades estadounidenses. A los estadounidenses tampoco les gusta que se expulse del ejército a las personas transgénero. Por lo tanto, la popularidad de Trump está cayendo en picado, pero si los demócratas no sacan conclusiones de lo que ha pasado y no abandonan la política identitaria en favor de una nueva visión propia de la sociedad, volverán a perder dentro de cuatro años. Por ahora, la lista de candidatos demócratas la encabeza Kamala Harris, no tiene muchas posibilidades de éxito. Le sigue el gobernador de California, Gavin Newsom. Es un político inconsistente, que cambia constantemente de opinión. Y el estado que gobierna es hoy muy disfuncional. También está Alexandria Ocasio-Cortez. Una persona muy carismática, pero que sigue siendo muy impopular en la América profunda.
P.- A Trump le gusta rodearse de los directores generales de X, Facebook y otras grandes tecnológicas. Personas que tienen un enorme poder sobre el flujo de información. ¿No es aterrador?
R.- Por eso hay que tener mucho cuidado cuando se quiere limitar la libertad de expresión en la red. Recordemos que, si seguimos por este camino, serán los más poderosos quienes decidan qué se puede publicar y qué no. Es decir, los actuales aliados de Trump.
En un plazo de cinco a diez años, la IA diezmará a la clase media, cuyos ingresos son la base del funcionamiento del Estado y de sus fuerzas armadas"
P.- A menos que la Inteligencia Artificial los arrase a todos...
R.- Sin duda, es demasiado pronto para evaluar cuáles serán las consecuencias de la IA. Sin embargo, se pueden afirmar dos cosas. En un plazo de 5 a 10 años, será cada vez más difícil distinguir lo verdadero de lo falso. Lo creado por una máquina y lo creado por el hombre. Esto generará un cinismo aún mayor en la sociedad, lo que siempre es un caldo de cultivo para los demagogos. En segundo lugar, la IA diezmará a la clase media, cuyos ingresos son la base del funcionamiento del Estado y de sus fuerzas armadas. El poder se convertirá cada vez más en dominio de los ultrarricos. Todo esto no inspira optimismo.
P.- Donald Trump es muy condescendiente con Putin sobre Ucrania. ¿Sigue Estados Unidos siendo el líder del mundo libre?
R.- No, no lo es. Y esto plantea a Europa una difícil elección. O bien seguir viviendo con la ilusión de que puede confiar su seguridad a los estadounidenses, o bien tomar las riendas de su propio destino. Los europeos no son capaces de apoyar a Ucrania por sí solos. Esto es el resultado de las decisiones tomadas hace 20 años por políticos como Angela Merkel. Hoy en día, la única empresa informática europea que cuenta en el mundo es la alemana SAP, fundada en 1972. Y solo porque a muchas empresas les resulta difícil prescindir de su software. Pero hoy en día nadie la compraría desde cero.
P.- Para volver a decidir sobre su destino, ¿Europa debe apostar por el federalismo?
R.- No es difícil imaginar que en la cumbre del G7 de 2029 participen Nigel Farage, Marine Le Pen o Jordan Bardella, e incluso un representante de Alternativa para Alemania. ¿Otros países europeos pondrán su destino en manos de políticos similares? No lo creo. Lo único posible es desarrollar las fuerzas armadas y las infraestructuras nacionales de tal manera que sea posible realizar operaciones conjuntas ad hoc. Me temo que un país como Polonia debe contar, sobre todo, consigo mismo cuando se trata de su seguridad.
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1 Comentarios
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hace 6 horas
EEUU dejo de ser una democracia cuando vio con buenos ojos o cuanto menos no sé escandalizó cuando sucedió el salto al capitolio.
Al contrario, posteriormente hubo unas manifestaciones de apoyo a todo eso…
Por tanto, EEUU ya no es el papá que guardara los valores que defiende el mundo libre.
Es más, la libertad de los pueblos le importa poco a EEUU, solo hay que ver si relación con Putin, una persona perseguida por la corte penal.
Tampoco le importa mucho tratar con presidentes de países que envenena a sus ciudadanos, aunque diga lo contrario, solo hay que ver su relación con alguno de ellos a los que no le importa indultar…
Como el que va a comprar pipas…