Durante años fue considerado la mano derecha de Nicolás Maduro, el sindicalista que Hugo Chávez eligió como ministro de Asuntos Exteriores antes de designarle sucesor. Temir Porras fue su sombra, en calidad de vicecanciller, y más tarde su jefe de gabinete. Las imágenes de la época le sitúan junto a Maduro en sus giras internacionales, de las cumbres latinoamericanas a Pekín, y también encaramado al mismo vehículo en el que Maduro y Evo Morales desfilaron por Caracas durante el funeral de Hugo Chávez en marzo de 2013.

PUBLICIDAD

Porras fue fugazmente una pieza fundamental del inicio de la presidencia de Maduro como alto comisionado presidencial para Asuntos Estratégicos, presidente del Banco de Desarrollo Económico y Social de Venezuela (Bandes), y secretario general del Fondo de Desarrollo Nacional (Fonden). Pero su cercanía al líder, hoy caído en desgracia tras la 'captura' ejecutada por EEUU el pasado sábado, se desvaneció a finales de 2013. Desde entonces, ha ejercido de profesor visitante en instituciones académicas europeas como Sciences Po de París. Desde hace cuatro años reside en Abu Dabi, donde es director general de Global Sovereign Advisory, una firma internacional de consultoría en asuntos públicos y geopolítica.

“EEUU ha optado por la realpolitik. Delcy Rodríguez es una chavista que tiene asegurada la lealtad del ejército venezolano”, señala Porras en una entrevista con El Independiente. El ex diplomático venezolano analiza las consecuencias de la operación militar orquestada por Trump el 3 de enero y el período de incertidumbre que se abre en Venezuela, donde a Rodríguez -designada ahora presidenta encargada- le ha sido encomendada por la administración estadounidense la tarea de administrar la transición y el objetivo indisimulado de Washington de acceder a los recursos petroleros del país.

Pregunta.- ¿Cómo observa la situación en Venezuela?

Respuesta.- El 3 de enero fue un momento de conmoción. Aunque hubiese estado, en cierta manera, anunciado el tema de la amenaza militar, Venezuela es un país que, a pesar de todos sus problemas, no ha conocido guerra ni intervención en sus 200 años de historia. En todo caso, formalmente, nunca estuvo envuelto en un conflicto armado con una potencia extranjera en su historia moderna. Y evidentemente, el hecho de haber sufrido un ataque a la capital con bombardeo y, por supuesto, la captura y secuestro del jefe de Estado, es un momento muy traumático. Independientemente de lo que puedan pensar unos u otros acerca del presidente Maduro, hubo una segunda secuencia que, de alguna manera, mandó una señal un tanto diferente. El Gobierno de Estados Unidos, en su justificación y presentación de esta operación armada, tomó la decisión de favorecer la estabilidad del país y una suerte de continuidad institucional, lo cual puede haber sorprendido a muchos, en particular, a la oposición venezolana, que había en cierta manera delegado sus objetivos políticos en el Gobierno de los Estados Unidos y asumía como algo casi automático el hecho de que una intervención militar, a la cual muchos de sus líderes llamaron abiertamente, desembocaría  en el llamado cambio de régimen y una suerte de imposición por la vía de intervención armada de un Gobierno distinto, liderado por alguno de sus representantes.

El chavismo seguirá existiendo, igual que en Argentina pervive el peronismo

Y esto no es lo que ha pasado. Y de alguna manera, tanto ellos como la opinión pública recibieron un poco una lección repentina de realpolitik, porque en el fondo la administración Trump señaló muy claramente, tal vez en una de esas arranques de franqueza que puede tener el mismo presidente Trump, que en el fondo el objetivo fundamental de esta intervención, por más que estuviera focalizada en el presidente Maduro y en un supuesto proceso judicial, era el control de Venezuela. Buscaba el Gobierno de Estados Unidos tener el control de Venezuela y ese control se traduce, políticamente, por la estabilidad y económicamente, por el acceso a la industria petrolera. Y pienso que ese es el cálculo que hizo la administración. Decidió lanzar la operación en el momento en el que consideraba que existía una hipótesis creíble de día después, político, que no derivara en un caos generalizado, que no exigiera una intervención masiva del ejército estadounidense, con un futuro incierto y que en el fondo estaban concentrados esencialmente en, como llama el presidente Trump, controlar la industria petrolera, en una suerte de apertura del sector petrolero venezolano, evidentemente muy favorable a las empresas estadounidenses.

Las experiencias de otro tipo de intervenciones, en particular en países petroleros como Libia o Irak, probablemente hayan servido de precedente o de lección de que poner el foco en objetivos que pueden aparecer prioritarios pero que son subalternos para los intereses reales de Estados Unidos, puede derivar en situaciones caóticas, incontrolables, peligrosas... Se puede decir que en Venezuela se garantiza la estabilidad del país y probablemente, si esto continúa, al menos preserva una situación de paz, no de conflicto de escalada en el conflicto armado. Y, por otra parte, preserva también la existencia del Estado venezolano.

Temir Porras con Nicolás Maduro, en una imagen de archivo.

P.- Usted fue muy cercano a Maduro. ¿Se hubiera imaginado alguna vez un final así?
R.- No. Confieso que no es un escenario que tenía en mente por lo menos años atrás. Para ser muy francos y sin rodeos, desde la llegada del chavismo al poder, las relaciones entre Estados Unidos y Venezuela fueron agrias por razones estructurales. Estados Unidos considera como adversarios, incluso como enemigos, en particular en América Latina a cualquier gobierno que no se alinee automáticamente con su marco de visión de las cosas, su visión del mundo, su visión de la política. La llegada a un gobierno heterodoxo nacionalista es automáticamente un factor de tensión geopolítica, y eso siempre existió. Lo que pasa es que una cosa es confrontación, diferencias geopolíticas manejadas en foros internacionales y otra fue el cariz que tomó la relación una vez que el Gobierno de Estados Unidos comienza a criminalizar con su vocabulario y su tratamiento de las autoridades en Venezuela. El hecho de describir a sus adversarios como una banda de criminales que no tienen otro tipo de destino que terminar en un tribunal. A partir del momento en que se comenzaron a lanzar esas acusaciones contra el alto mando político en Venezuela, que se decide una recompensa multimillonaria, entramos en un territorio en el que el 3 de enero es un escenario con posibles.

El mismo presidente Nicolás Maduro, con la subida de las tensiones, lo tuvo que considerar como un escenario posible. Y es lo que explica para mí los intentos que se hicieron hasta el día del ataque militar, por buscar, de parte del gobierno venezolano, acuerdos prácticos alrededor del manejo del petróleo. Pero bueno, ya había visiblemente una decisión tomada en Estados Unidos que tenían que tener una suerte de victoria simbólica y mediática, con todo ese espectáculo que se despliega en Estados Unidos alrededor del tratamiento judicial de personalidades de alto perfil.

Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, a su llegada a Manhattan este lunes.

Que Delcy sea la encargada de conducir ahora al país demuestra que hasta EEUU considera que el chavismo es fundamental

P.- ¿Cómo era el Nicolás Maduro que usted conoció?
R.- Conocí a un político de extracción popular que llegó a la política por el sindicalismo. Se le describe a veces como un chofer de autobuses generalmente de manera despectiva. Pero él era esencialmente un dirigente sindical del sector del transporte. Era de una generación de transición que tenía como precedente la generación de la izquierda latinoamericana que hizo política por la vía de la lucha armada en un contexto distinto, en el cual no había espacios para ejercer necesariamente la política por la vía civil y que conoció el contexto de la Guerra Fría. Le tocó manejar esa transición de la llegada de la izquierda al poder por primera vez en América Latina por la vía electoral, con Chávez o Lula. Participó en el proceso constituyente y fue diputado. Yo lo conocí en medio de ese proceso. Yo soy más joven que él, pero de una generación distinta, de una extracción y de un recorrido distinto, pero coincidimos en ese aluvión político que constituyó la Revolución Bolivariana, que lideró en su momento Hugo Chávez. Y en fin, su recorrido lo llevó a que el presidente Chávez, en su momento, lo designara después de haber sido presidente de la Asamblea Nacional y haber tomado un perfil muy alto en la política interna. El presidente Chávez lo nombró ministro de Exteriores por las cualidades que siempre ha tenido Maduro, de ser un articulador político de talento. Él no tenía, como es obvio por lo que acabo de describir de su pasado, experiencia particular en el área de relaciones exteriores y yo en ese momento era un joven diplomático formado para el tema de política exterior y el presidente Chávez consideró que yo debía unirme a su equipo y apoyarlo en esa tarea de conducir la diplomacia venezolana. Ese fue el contexto en el cual yo lo conocí más a profundidad y pude colaborar con él siete años. Era una persona jovial, trabajadora, muy enfocada en su tarea política y un civil que tenía un entendimiento muy claro con un olfato político importante. Lamentablemente, durante su presidencia, las cosas tomaron el giro que tomaron. Pero una vez más, yo tengo el recuerdo de ese político de la época que desempeñó un papel importante en el movimiento que llevó a la izquierda al poder en Venezuela.

P.- ¿Qué errores cometió Maduro?
R.- No quiero hacer leña del árbol caído. Nada justifica la situación actual. Independientemente de quién se trate, lo que sucedió en Venezuela es una violación flagrante del derecho internacional y un ataque a la soberanía venezolana. Dicho esto, yo siempre fui muy claro sobre mi visión de la política económica, por ejemplo, que pudo haber sido mucho más audaz y mucho más temprano en su mandato para reformar la economía venezolana, abrirla a la inversión y lograr que se mantuviera la producción petrolera. En fin, tuve divergencias de visión de cómo gobernar el país, pero, en este momento, lo más importante es poner el foco en el carácter brutal con el cual se ha tratado al presidente Maduro. Y más allá del presidente Maduro, el carácter brutal con el cual se ha tratado Venezuela.

Nicolás Maduro y Evo Morales durante el funeral de Hugo Chávez en marzo de 2013. Detrás, entre otros, Temir Porras.

Desde 2013 el poder en Venezuela perdió guía estratégica

P.- Pero usted ha criticado en alguna ocasión que en la presidencia de Maduro reinó el cortoplacismo y mera supervivencia política...
R.- Sí. Hablamos de la conducción política del Gobierno. Probablemente después de 2013, el proceso bolivariano, como se le suele llamar, perdió se guía estratégica. Se puede criticar la visión estratégica de Chávez, pero no se le puede reprochar no haber fijado claramente objetivos. Y evidentemente, aparte de la fijación de objetivos, estaba la consecución de los medios políticos para alcanzarlos. Chávez siempre planteó la construcción de mayorías amplias, la necesidad de construir una base política, porque un proyecto ambicioso de transformación, evidentemente no se puede llevar a cabo con las manos atadas. Y desatarse las manos en política necesita estabilidad, pero necesita también apoyo popular y legitimidad. En fin, necesita tener la fuerza y la energía política para tener una visión estratégica y para poder implementar los objetivos de esa visión estratégica. Yo pienso que lamentablemente en Venezuela, después de la desaparición de Chávez, esas condiciones no estuvieron reunidas. Y de alguna manera, efectivamente, el Gobierno se fue consumiendo, ciertamente bajo una presión externa inusitada, en la exposición de sanciones, por ejemplo, a todo el sector petrolero y el sector financiero. El Gobierno tuvo que conformarse con buscar medios de supervivencia y eso, sumado a la presión internacional hizo que una vez más el país entrara en ese ciclo de crisis en el cual nos hayamos inmersos y que de alguna manera desencadenó por decisión de Estados Unidos en los eventos que vimos hace hace pocos días.

P.- ¿Es Delcy capaz de liderar una transición, como parece que EEUU le ha confiado?
R.- Delcy es alguien perfectamente capaz, porque ella impulsó a lo interno reformas económicas y tiene una visión económica pragmática. Espero que las condiciones reunidas y que el Gobierno de Estados Unidos efectivamente haga valer la palabra que le permita, de alguna manera, implementar reformas económicas y reformas del sector petrolero que garanticen la paz interna, la estabilidad del país y una aspiración de los venezolanos, simplemente de que el bienestar económico, al cual hemos estado acostumbrados en el pasado, pueda otra vez verse en el país. Necesitamos tranquilidad, estabilidad y, evidentemente, recuperación de la industria petrolera.

El objetivo del gobierno estadounidense es el petróleo venezolano. ¿En qué medida? Que haya una participación dominante de las empresas estadounidenses y del sector petrolero estadounidense, que es muy poderoso en Venezuela. Eso es innegable. Ahora, del lado venezolano, ¿qué hace falta? Sin duda, Venezuela necesita recuperar su industria petrolera y muchísima inversión. Eso requiere que Estados Unidos, si es consecuente con lo que ha dicho, cambie el marco de sanciones y lo desmonte, porque con sanciones no hay inversión ni va a haber apertura petrolera. Delcy Rodríguez ha sido ministra de Petróleo; conoce el sector petrolero e incluso ha estado vinculada al sector petrolero desde la época de Chávez.

Temir con Sean Penn y Nicolás Maduro, en una imagen de archivo

Delcy es perfectamente capaz de aplicar una visión económica pragmática y cuenta con la aceptación del ejército

Delcy no es una neófita en el sector petrolero. Si todas las empresas públicas están sancionadas por Estados Unidos, pues sencillamente no pueden operar, no pueden hacer transacciones, no pueden conseguir financiamiento. Entonces, por la fuerza de las circunstancias y tal vez por convicción propia, en una combinación de ambas, Delcy implementó una política muy pragmática, que fue lo que permitió que a pesar de todo ese marco de sanciones, Venezuela llegara a producir casi un millón de barriles de petróleo después de que la producción petrolera se hubiera desplomado a casi 200.000 barriles a mediados del año 2020, en plena pandemia. Eso independientemente de lo que yo pueda pensar el secretario de Estado, Marco Rubio, y Trump, fue lo que ellos subrayaron. Más allá de la política, hay una cosa concreta, que es que ella ha promovido en Venezuela un marco en el cual, finalmente, el sector privado, nacional e internacional, ha podido operar. Chevron es una empresa estadounidense que está operando en Venezuela a pesar de las sanciones, porque tiene una licencia.

El pragmatismo, esa capacidad demostrada en la gestión, más la aceptación de las instituciones claves en Venezuela, entre ellas primordialmente las Fuerzas Armadas, generan un cuadro favorable de garantía de estabilidad y de capacidad de desarrollar la industria, que por el momento, y espero yo a mediano y largo plazo, son las que han permitido que esto no derive en una situación peor o en una situación de inestabilidad. Y creo que ella tiene esa responsabilidad, pero la pienso evidentemente capaz de asumir ese reto.

P.- Han transcurrido pocos días, pero da la sensación de que se juega a la confusión cuando se escucha lo que se dice en Washington y Caracas. No sé si es una escenificación pública...
P.- Sin duda, hay diálogo entre las dos partes. Sería absurdo imaginar que no hay diálogo en las circunstancias actuales. Hay que lograr una convivencia. Las decisiones políticas estratégicas tienen consecuencias. Si se quiere estabilidad en Venezuela y si esa estabilidad requiere que el Gobierno en Venezuela lo encabece la vicepresidenta de Maduro, una chavista que le asegure la lealtad del ejército venezolano, no se le puede obligar a pretender otra cosa que lo que no es. No puede salir ella y tener credibilidad teniendo un discurso de 180 grados opuesto a lo que su trayectoria de 30 años indica. Si las autoridades en Estados Unidos consideran que la continuidad es más importante,  no deberían ofuscarse una vez más de que la presidenta encargada demuestre patriotismo venezolano. No va a pedirle a la presidenta de Venezuela que aplauda el hecho de que un ejército extranjero haya bombardeado su territorio. Qué credibilidad podría tener frente a la población o frente a las Fuerzas Armadas. Más que una puesta en escena, es un entendimiento.

Estados Unidos puede tener su visión de las cosas, su narrativa. Los venezolanos tienen la suya, pero más allá de la narrativa está la realidad. Estados Unidos logró el objetivo que quería. Nada en Venezuela amenaza la consecución de ese objetivo. Se ha logrado una suerte de convivencia. De hecho, la misma presidenta interina Delcy Rodríguez, lo dijo: hay que definir un marco de cooperación. El presidente Trump lo definirá como él quiera, diciendo: Ahora nosotros tenemos el control. El vocabulario venezolano es de cooperación inteligente. No va a pretender una vez más que quien se presenta como presidente de un país, tenga un lenguaje sumiso, acomodaticio, y sobre todo si esto contradice lo que ha sido su línea política hasta ahora. Hay dos tradiciones, dos formas distintas de expresar las cosas, pero la realidad es la que es. Y ahora se abre un periodo de coexistencia, en el cual yo pienso que más allá de que sea simplemente una coexistencia forzada, prevalece un interés común. Y en el caso de los venezolanos, creo que la preservación de la República, la paz y la unidad nacional son objetivos suficientemente importantes como para aceptar que haya que tener una cooperación con quien acaba de atacar el territorio nacional. No se no se puede cambiar la realidad.

Temir Porras con Fidel Castro

P.- ¿Estamos ante el final del chavismo?
R.- Es una pregunta problemática. Si quisiéramos hacer una analogía con otras tradiciones políticas, ¿se acabó la izquierda? Depende de lo que se llame izquierda, al fin y al cabo. Basta con que alguien se considere a sí mismo como chavista para que el chavismo exista. Los conceptos evolucionan. Sin duda, el chavismo cuando Chávez estaba vivo, era una cosa. Cuando Maduro lo condujo, era otra cosa. Y ahora estamos en una etapa distinta. No creo que las tradiciones desaparezcan porque las circunstancias cambian. Perdón por tomar un ejemplo de nuestros vecinos latinoamericanos, pero es como el mismo peronismo, que es una tradición política muy fuerte en Argentina, en la cual caben visiones a veces incluso muy contradictorias a la política. Y no obstante, el peronismo existe y hay gente que se reivindica como peronista. Yo pienso que con el chavismo pasa algo similar.

Trump tiene sus propios intereses y ninguno de ellos es hacer feliz a la oposición venezolana

P.- Tanto Trump como Rubio han ninguneado públicamente a Corina Machado. Le han negado un papel de liderazgo en la transición...
R.- Es una demostración muy cruda de lo que significa delegar en un tercero, y en este caso una potencia extranjera, sus objetivos políticos. Creo que uno de los grandes errores estratégicos de la oposición venezolana ha sido considerar que la construcción de apoyos internacionales y la intimidad con la élite política en Estados Unidos es suficiente para lograr sus objetivos. Y lo que es claro es que el presidente Trump tiene objetivos propios. Sus objetivos no son hacer feliz a la oposición venezolana, que él considera como una fuerza política ajena y externa, que tiene sus propios intereses y su propia visión del país. Creo que ha quedado bastante claro que eso para él no es para nada una prioridad. Hipotecar su futuro en un tercero y en un tercero tan poderoso es un arma de doble filo. Un imperio no tiene aliados, simplemente se sirve de instrumentos en su política.

A una parte de la oposición, la que tiene existencia dentro de Venezuela, fue criticada por tener una visión más nacional y realista. Se le acusaba incluso de colaboracionismo por estar en Venezuela haciendo política en Venezuela. El hecho es que para gobernar Venezuela, hay que tener realidad de poder en Venezuela. Alguien puede ser sin duda popular en sectores incluso amplios del país, pero la política se hace también mediante la articulación con otros factores de poder. En Venezuela, guste o no, la institución militar es clave para el control del poder. Una persona como María Corina Machado, que ha pasado años insultando a los militares venezolanos, no sé cómo pretendía de alguna manera, de la noche a la mañana, convertirse en la comandante en jefe del ejército y que este ejército la aceptara de manera gustosa. Hay que construir las condiciones para que el poder civil pueda prevalecer sobre los sentimientos de los militares, pero el hecho es que en Venezuela esas condiciones no están reunidas hoy.

María Corina Machado en el balcón del Grand Hotel de Oslo
María Corina Machado saluda a sus seguidores en el Grand Hotel de Oslo. | Efe

El mayor error de la oposición venezolana fue hipotecar su futuro a EEUU

P.- ¿Qué dirigentes de la oposición pueden tener un papel?
R.- Mucha gente de la oposición venezolana ha tenido interlocución y tiene permanentemente interlocución con Delcy Rodríguez. Quienes lo tienen más difícil en la oposición venezolana, son aquellos que han tenido la postura más favorable a la intervención militar. Lo difícil es creer que por ser simplemente el cliente de quien tiene el poder, se tiene el poder a su vez. Y creo que la gente que más ha abogado por la intervención militar en Venezuela es quien hoy en día tiene menos utilidad política en el país. Seguramente el Gobierno y las instituciones actuales serán muy hostiles a quienes hayan sido los principales promotores de la intervención militar. Y habrá cantidad de políticos de oposición moderados, que buscan enfocarse en objetivos concretos, técnicos. Hay mucho trabajo por hacer, así sea para desarrollar la industria petrolera venezolana. Hay que tener un espíritu constructivo de reconciliación nacional, de búsqueda de objetivos comunes para poder trabajar de manera práctica. Así que, digamos, quienes vienen con una agenda de revancha, de desestabilización, en particular pensando en María Corina Machado o en su entorno, creo que, en este momento de la historia, son de poco utilidad.

La oposición venezolana no es monolítica. No basta con odiar a Chávez o al chavismo para construir unidad. Cubre un espectro amplísimo del horizonte ideológico. Ahí hay desde gente de derecha dura hasta gente de izquierda. Pretender que un espectro tan amplio tenga unicidad es una quimera total. Es un absurdo político, no tiene sentido. También contribuyó esa suerte de diabolización del chavismo. Como el chavismo supuestamente encarna todo lo que está mal en política, pues todo aquello que se le opone es automáticamente democrático, por ejemplo. Es un tipo de simplificación que siempre se hizo en la política venezolana, que simplemente por no ser chavista eres un gran demócrata, aunque no hayas tenido ni siquiera ocasión de demostrar cuán demócrata eres. Una vez más, el talante democrático y líder político se verifica en las coyunturas críticas. Ésta es una de esas coyunturas en las cuales saldrán ganadores quienes, en mi opinión, demuestran un sentido de Estado, poner el visor en el mediano y largo plazo, recuperar una soberanía plena y entera en Venezuela, que mal que bien hoy está coartada por ese condicionamiento de Estados Unidos. Se requieren comportamientos más de estadistas que de políticos de poca monta. Creo que esa es la exigencia que tiene el personal político venezolano hoy.

No sé si Venezuela se encamina hacia la democracia. En el corto plazo lo prioritario es salir de un ciclo de convulsiones muy largo

P.- ¿Hacia dónde va Venezuela? ¿Se encamina hacia la democracia?
R.- No lo sé. No sé si va hacia la democracia o no. No digo que la aspiración democrática sea secundaria pero creo que, aunque pueda sonar en exceso realista, lo importante en el corto plazo es que Venezuela salga de un ciclo de convulsiones muy largo. Un adolescente hoy en Venezuela ha conocido esencialmente durante su vida la palabra crisis, el problema económico, amenaza, inestabilidad, sanciones... Creo que hay cierta fatiga en la sociedad venezolana de esta situación y eso hace que de manera general, lo que se busca es una recuperación de la normalidad de la vida, una recuperación del bienestar económico, del cual Venezuela es perfectamente capaz, dadas sus capacidades y riquezas. Hay muchos ingredientes en Venezuela que le hacen poder imaginar un futuro provisorio. Si primara, de alguna manera, una búsqueda de una reconstrucción de la convivencia democrática por mecanismos de debate interno, si esa fuera la prioridad, yo tengo el temor, de alguna manera, que volvamos a caer. Venezuela es una sociedad polarizada, eso no va a desaparecer de la noche a la mañana. Si esta circunstancia, por trágica que sea, puede servir para algo, que sea para el apaciguamiento de esa polarización y que la sociedad se concentre en sus necesidades materiales, que son urgentes en Venezuela. Creo que ese debería ser el foco. Y que ese bienestar material sea la base, efectivamente, para la construcción de una confianza democrática, pues sí, en mi opinión, se logrará más bien a mediano plazo.

P.- ¿Es posible la reconciliación?
R.- Tiene que serlo. Hay veces que los sentimientos están a flor de piel y la gente puede tener un discurso altisonante. Y es más fácil tener un discurso altisonante entre las comunidades que se consideran exiliadas. En las diásporas cubana o iraní hay un lado revanchista. Pero bueno, una vez más, después está la realidad del poder y está la realidad del país. El tono es muy distinto cuando se está hablando desde Madrid o Miami o cuando se vive en Caracas. Es muy fácil, efectivamente, desde Miami decir que esto se resuelve con marines en el territorio. Yo estoy convencido de que desde el primer momento en que alguien ponga un pie en Caracas, empieza a pensar como un venezolano cuyos intereses están vinculados al bienestar colectivo del país. Y esas posiciones, extravagantes comienzan a disiparse. No puedo imaginar que alguien quiera regresar al país simplemente para abrir un ciclo de violencia o de desestabilización, que de nuevo ha durado demasiado tiempo en Venezuela y que se trata ahora de buscar cerrar progresivamente.

P.- Usted ha hablado de Delcy como una chavista. No sé si hasta cierto punto es ahora una chavista encargada de desmontar parte del chavismo...
R.- EEUU tiene que tener un interlocutor en Venezuela. No puedo imaginarme que sea la preferencia del secretario Marco Rubio. Lo hacen por realismo. A Delcy le toca la difícil coyuntura, política o coyuntura histórica de conducir al chavismo en un momento en el cual, por una situación sobrevenida del exterior, hay que contar y hay que entenderse con el gobierno de los Estados Unidos de América. Creo que más bien es una demostración adicional de que el chavismo es una fuerza política fundamental dentro de Venezuela, ya que esto ha sido incluso reivindicado por el mismo gobierno de Estados Unidos. De nuevo, con todas las dificultades, con toda la prudencia que haya que lanzar esa afirmación, creo que a ella le toca, de alguna manera, encarnar la existencia del chavismo como fuerza histórica en una coyuntura extremadamente complicada.

PUBLICIDAD