Es el Día de la Victoria que destila más sabor a derrota. Por primera vez en casi veinte años, el evento, concebido para demostrar el poderío militar de Rusia, se ha celebrado sin exhibición de tanques ni misiles balísticos. También han cortado internet en Moscú. Todo por el temor a un ataque con drones por parte de Ucrania, ese país que iba a conquistar Putin en tres días. Y estamos en el quinto año de guerra. El desfile ha transcurrido en paz gracias a un alto el fuego de tres días al que ha accedido el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, con la intervención de Donald Trump.
La peor de las pesadillas para Putin sería que los drones ucranianos destrozaron el día más simbólico de la agenda del Kremlin. El líder ruso sufre una paranoia con la posibilidad de un golpe o un asesinato. Ahora pasa la mayor parte del tiempo en búnqueres y no en sus residencias, según publicó el Financial Times, con información de servicios de inteligencia occidentales. Por eso, en los últimos días su obsesión era blindar el desfile.
Incluso ha pedido ayuda a Trump para convencer a Zelenski de que aceptara un alto el fuego. Sin embargo, hasta el último segundo no ha dejado de bombardear ciudades ucranianas. El alto el fuego de tres días comienza este sábado. Acordaron también un intercambio de mil prisioneros de cada país. Zelenski escribió en X el viernes: "La Plaza Roja es menos importante para nosotros que las vidas de los prisioneros ucranianos que pueden ser traídos a casa".
Paralelismo forzado con la Gran Guerra Patria
Como si fuera una realidad paralela, Putin ha seguido con su guion en su intervención en la Plaza Roja. Desde que ordenó la invasión de Ucrania, el 24 de febrero de 2022, aprovecha esta celebración para establecer una línea de continuidad entre la Segunda Guerra Mundial y la guerra en Ucrania. El Día de la Victoria conmemora el aniversario, ya 81 años, del triunfo soviético sobre la Alemania nazi en lo que Rusia llama la Gran Guerra Patria. En Ucrania, Rusia es la potencia agresora. Putin dijo que sometería al Gobierno de Kiev en tres días y sus tropas ya llevan más de cuatro años empantanadas.
En su discurso, ha elogiado a los "héroes" rusos que combaten contra "una fuerza agresiva apoyada por "todo el bloque de la OTAN". Los ucranianos se defienden de la agresión rusa, no al contrario. Los aliados de la OTAN no atacaron a Rusia, fue Rusia quien invadió un país por el solo hecho de querer seguir su camino lejos de la tutela de Moscú.
"Les felicito por el Día de la Victoria, nuestra fiesta más importante, sagrada y brillante. La celebramos con orgullo y amor por nuestro país, con la comprensión de que nuestro deber común es defender los intereses y el futuro de la patria", ha dicho Putin, en el desfile más desangelado de los últimos 20 años.
Escasa presencia internacional
El jefe del Kremlin ha asegurado que la "clave del éxito" del pueblo ruso es su consolidación nacional, fuerza moral y la "capacidad de superar cualquier desafío". Y para concluir ha remarcado: "Estoy firmemente convencido de que nuestra causa es justa. Estamos juntos, la victoria fue y siempre será nuestra". Nada más lejos de lo que se ha visto este 9 de mayo en Moscú. Un desfile de un país que teme a una potencia menor a la que agredió sin razón hace más de cuatro años, y a la que ha suplicado que no le estropee el festival.
Solo cinco mandatarios extranjeros han asistido a la convocatoria del Kremlin: los presidentes de Bielorrusia, Alexandr Lukashenko, y Kazajistán, Kasim-Yomart Tokáyev, además de los de Laos, Malasia y Uzbekistán. Putin recibe este sábado al primer ministro eslovaco, Robert Fico, en el Kremlin, aunque no asistió al desfile, según informa la agencia Efe.
La celebración coincide con la toma de posesión de Péter Magyar como primer ministro de Hungría. La era de Viktor Orbán, el gran aliado de Putin en la Unión Europea, ha terminado. Todo tiene un fin. Y es lo que más teme el zar ruso.
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