El próximo 14 de junio Donald Trump cumple 80 años. Empezó su segundo mandato el 20 de enero de 2025, con 78 años, y se convirtió así en el presidente que arrancaba su legislatura con mayor edad. Y eso a pesar de que gran parte de su campaña electoral, cuando todavía el presidente Joe Biden era su rival, se había fundado en la fragilidad física y mental del demócrata. Ahora las dudas surgen sobre Trump: sus peroratas a veces parecen fruto del delirio, dormita con facilidad en eventos, y cada vez camina con más lentitud. Este martes ha acudido a su tercera revisión en algo más de un año al Walter Reed National Military Medical Center.

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Donald Trump pasó su revisión física anual en abril de 2025. En octubre regresó al centro para realizarse una serie de pruebas para descartar "problemas cardiovasculares", y este martes se ha realizado otra más, según ha publicado The Washington Post. A su vez, ha acudido al menos un par de veces al dentista desde principios de año. Hay que tener en cuenta que el presidente de Estados Unidos cuenta también con atención médica a su disposición las 24 horas del día, pero en un hospital como el Walter Reed le pueden realizar pruebas específicas, como la tomografía computerizada que le realizaron hace tres meses.

Perfección absoluta

La versión oficial es que Donald Trump está en perfectas condiciones físicas. La cuenta de la Casa Blanca así lo ha dado a conocer en un post al terminar la revisión. En Truth Social, el presidente también ha presumido de su "perfecto" estado de salud. Los presidentes no tienen obligación de hacer públicos los resultados de las revisiones, pero hay congresistas que demandan que una comisión independiente esté al tanto de la evolución física y mental de quienes ocupan la Casa Blanca.

Para Donald Trump su vigor físico es prácticamente una cuestión política. Al magnate le gusta presumir de ser un líder fuerte en todos los sentidos. Le ayuda su imponente 1,90 de estatura. Frente a Sleepy Joe, Trump se presentó ante los estadounidenses como un titán, que incluso era capaz de sobrevivir a los intentos de acabar con su vida.

Incluso asegura que está más en forma que Barack Obama, que celebra su 65 aniversario este verano. Y eso sin practicar apenas ejercicio salvo jugar al golf algún fin de semana y seguir una dieta desastrosa basada en coca-cola, caramelos y comida basura.

Hasta su polémico secretario de Sanidad, el Kennedy del que reniegan los Kennedy, cuenta entre bromas y veras que su nivel de testosterona sobrepasa el de cualquier persona de más de 70 años. Aquello recordaba a la obsesión de Lyndon Johnson por su miembro viril, al que llamaba Jumbo.

Señales preocupantes

Sin embargo, en su viaje a Pekín, vimos cómo el líder chino, Xi Jinping, le esperaba a mitad de camino de las escaleras del Palacio del Pueblo para que pudiera recuperar el aliento. Xi Jinping, siete años menor que Trump, parecía mucho más joven a su lado. El líder chino cumple años el 15 de junio, un día después que Trump.

Otras señales que han despertado preocupación son la aparición de un hematoma en su mano derecha, a principios de año. La versión oficial es que se debe al abuso de aspirina y el exceso de saludos. Era visible en las fotografías cuando acudió al Foro de Davos en enero pasado. En otra ocasión sus tobillos se veían muy hinchados. De forma excepcional, la Casa Blanca declaró el pasado mes de julio que Trump había desarrollado insuficiencia venosa crónica, una enfermedad leve pero crónica relacionada con su edad.

Y los momentos en los que cierra los ojos y parece que duerme son cada vez más frecuentes. Son episodios normales en un octogenario pero en este caso se trata del presidente de Estados Unidos. La Casa Blanca se toma muy en serio cualquier información negativa sobre la salud del presidente: Karoline Leavitt acusó a los medios de difundir información falsa sobre una supuesta visita al Walter Reed en abril.

Una encuesta realizada el mes pasado por el Washington Post, ABC News e Ipsos reveló el 44 % de los estadounidenses consideraba que Trump gozaba de la salud física necesaria para desempeñar el cargo, lo que supone un descenso con respecto al 54 % registrado el pasado mes de septiembre. El 40 % de los estadounidenses consideraba que Trump tenía la agudeza mental necesaria para ejercer la presidencia, lo que supone un descenso con respecto al 47 % registrado el pasado mes de septiembre.

Signos de deterioro cognitivo

Precisamente es su salud mental la que despierta más dudas últimamente. Recientemente, un grupo de 30 médicos de alto nivel especializados en psiquiatría o salud mental ha advertido de que el presidente Donald Trump no es mentalmente apto para el cargo, ya que muestra claros signos de deterioro cognitivo, y que debería ser destituido.

En una carta presentada ante el Congreso, afirmaron que, a lo largo del último año, el comportamiento de Trump ha mostrado "un marcado deterioro del funcionamiento cognitivo", "creencias grandiosas y delirantes" y "una grave alteración del juicio y del control de los impulsos". Se ha llegado a aludir a la posibilidad de invocar la enmienda 25 para activar la destitución. Sus palabras sobre la destrucción de todo rastro de civilización en Irán causaron gran preocupación.

Por el contrario, Trump alardea de sus resultados en la Prueba Cognitiva de Montreal, que se utiliza para detectar la demencia o el deterioro cognitivo. "No me importa que me llamen dictador brillante y tiránico, pero no quiero que me llamen tonto", suele repetir. Está convencido que en cualquier prueba de inteligencia superaría a sus predecesores, Biden y Obama.

Lo que parece claro, por su forma de proceder a la hora de transformar la Casa Blanca, o insistir en poner su nombre por doquier, es que Trump es un narcisista de manual. En un artículo publicado en la revista Behavioral Psychology, el catedrático Vicente Caballo Manriqueapunta que "el narcisista no es simplemente bueno, es el mejor. No es grande, es el más grande. No es honesto, es el más honesto. No es humilde, es el más humilde". Es el presidente superlativo.