El annus horribilis de Keir Starmer aún no ha llegado a su fin. El primer ministro británico encara crisis tras crisis apenas dos años después de que su partido, el laborista, ganara las legislativas por una mayoría abrumadora. Este jueves ha dimitido por sorpresa su ministro de Defensa. John Healey le reprocha no cumplir su promesa de aumentar los fondos destinados a defensa. Es el sexto cargo que salta del barco desde la debacle sufrida por los laboristas en las urnas el pasado 7 de mayo, cuando votaron en locales en Inglaterra, y autonómicas en Gales y Escocia.
Este jueves el Gobierno laborista estaba pendiente de cómo habían pasado la noche en Irlanda del Norte. El ataque ejecutado por un refugiado sudanés fue el detonante que usaron agitadores anti inmigración para volcar su ira en barrios donde viven extranjeros de bajos recursos. La inmigración es uno de los asuntos que utiliza Reform UK para acercarse a una población decepcionada con los partidos tradicionales.
Cuando Starmer miraba a Belfast y los disturbios racistas, recibió la carta de dimisión de John Healey. En la misiva, Healey reprocha al primer ministro por haber sido "incapaz de dedicar los recursos que la nación necesita para defender al país en tiempos de amenazas crecientes". El déficit público, de un 4,3%, ha llevado a Starmer a hacer caso a las restricciones del Tesoro y demorar el aumento del presupuesto en defensa. Healey lo considera inaceptable en un momento de amenazas inminentes.
Choque por el presupuesto
Starmer se había comprometido a aumentar el gasto británico en defensa hasta el 3,5 % del PIB, en consonancia con el objetivo de gasto de la OTAN. Sin embargo, el año pasado el Reino Unido destinó solo el 2,4 % del PIB a defensa. Healey ha argumentado que el plan presentado por Starmer y el Ministerio de Hacienda solo suponía un incremento del 0,08 % con respecto a la trayectoria actual.
"El apoyo adicional se concentra en los últimos años, cuando la presión de las operaciones y la necesidad imperiosa de acelerar la preparación para el combate se dan en los dos primeros años, y solo alcanza el 2,68 % del PIB en 2030, cuando el año que viene llegaremos al 2,6 % con la inversión que ya estamos realizando", ha escrito Healey en su carta de despedida. La salida del titular de Defensa, cuando falta menos de un mes para una cumbre clave de la OTAN en Ankara, es un golpe a la imagen del Reino Unido y de su gobierno.
Healey se va por principios, no por ambición. Y también por impotencia. Pero pone en evidencia la fragilidad de un gobierno que goza de gran apoyo en el Parlamento pero no en las calles. Los británicos ven cómo pierden nivel adquisitivo, y los servicios públicos son cada vez más deficientes. Muchos se rebelan contra los partidos tradicionales y dan su respaldo a Reform UK, de Nigel Farage.
La oposición, a la yugular
La líder de la oposición, Kemi Badenoch, ha sido implacable: "Su ministro de Sanidad renunció hace dos semanas. Su ministro de Defensa ha dimitido en un momento crítico, cuando nos enfrentamos a amenazas globales, y lo hace porque el primer ministro está tratando de complacer a sus diputados sin cargo ministerial destinando fondos al bienestar social en lugar de a la defensa". Y ha añadido: "Keir Starmer no tiene ningún plan. No veo cómo puede seguir en este cargo. No es capaz de dirigir el país".
Badenoch se refería a la salida del gobierno del ministro de Sanidad, Wes Streeting, pocos días después de consumarse la última derrota electoral. Streeting le echó en cara lo mismo que la dirigente de la oposición: su falta de visión. Aspira a sucederle como líder laborista. En mayo también dejaron el gobierno cuatro secretarios de Estado por su falta de confianza en Starmer.
Antes, el primer ministro tuvo que afrontar una crisis relacionada con el nombramiento de Peter Mandelson como embajador en Estados Unidos. Mandelson mantuvo una relación muy cercana con Jeffrey Epstein, el financiero estadounidense acusado de abusos y pederastia que se suicidó en la cárcel en el verano de 2019. Starmer avaló la designación de Mandelson, aunque ha tratado de responsabilizar a su entorno.
Burnham va a por el escaño
"En menos de dos años, ha quedado al descubierto la superficialidad de la fría victoria aplastante del Partido Laborista en las elecciones generales", apunta The Economist. En julio de 2024, el Partido Laborista obtuvo 411 escaños con un 34 % de los votos. Hoy en día atrae a menos del 20% de los votantes, de acuerdo con los cálculos de este semanario británico. Se trata del porcentaje más bajo registrado por cualquier partido en el poder desde que se iniciaron las encuestas en la década de 1940. Y el líder del partido es el máximo responsable de esta deriva.
La dimisión de Healey, uno de los ministros de mayor rango del Gobierno de Starmer, se produce apenas unos días antes de unas elecciones parciales cruciales en las que Andy Burnham, rival laborista de Starmer, podría entrar en el Parlamento para presentar una candidatura a la presidencia del partido.
Burnham necesita ser diputado para optar al liderazgo. Starmer frenó sus aspiraciones en una elección parcial anterior, pero ahora ha entendido que sería contraproducente. Si gana en Makerfield, Burnham podrá dar el paso. Hay cada vez más diputados laboristas que han pedido a Starmer que al menos fije un calendario para su despedida. Con una alternativa viable, las voces que lo demanden serán cada vez más potentes.
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