César Chávez es un héroe de los derechos civiles en Estados Unidos. Como Rosa Parks o Martin Luther King, tiene centenares de calles –una avenida en Los Ángeles y una calle imponente en San Francisco–, estatuas y colegios a su nombre en Estados Unidos. Incluso un día propio, el César Chávez Day –31 de marzo–, que recuerda su legado coinciediendo con su cumpleaños. Su figura ha sido durante décadas un símbolo moral: el sindicalista que convirtió la lucha de los trabajadores agrícolas en una causa nacional. Pero todo eso ha empezado a resquebrajarse tras una investigación del New York Times publicada este miércoles, y que ha documentado varias acusaciones de abusos sexuales sistemáticos, incluidos a menores, cuando era un líder de la comunidad latina.
El trabajo del diario, basado en entrevistas a más de 60 personas y en cientos de documentos internos del sindicato United Farm Workers (UFW), ha reunido testimonios de varias mujeres que acusan a Chávez de haberlas agredido o manipulado sexualmente durante años. Algunas han hablado por primera vez. Otras, como su colaboradora más cercana, la no menos heroica Dolores Huerta, han roto un silencio de décadas.
Un latino en el panteón de Norteamérica
Para entender el alcance del golpe conviene situar al personaje. Chávez, hijo de trabajadores agrícolas mexicanos, fundó en 1962 junto a Dolores Huerta la Asociación Nacional de Campesinos, el sindicato que acabaría convirtiéndose en la UFW. Desde ahí organizó huelgas, boicots y marchas que mejoraron salarios y condiciones laborales en el campo estadounidense. Su consigna, "Sí, se puede", fue adoptada décadas después por Barack Obama –Yes we can!– para llegar a la Casa Blanca.
Casado desde 1948 con la también activista Helen Fabela, madre de sus ocho hijos, Chávez murió en 1993 y, desde entonces, su figura no ha dejado de crecer. Recibió póstumamente la Medalla Presidencial de la Libertad en 1994 y la fecha de su nacimiento se convirtió en festivo en varios estados, una de las pocas conmemoraciones oficiales dedicadas a un líder sindical latino en Estados Unidos. En California, cerca de medio centenar de escuelas llevan su nombre. Ese proceso de canonización civil entra ahora entra en conflicto con el material que el Times ha sacado a la luz.
El testimonio definitivo de Dolores Huerta
Dos mujeres, Ana Murguía y Debra Rojas, han relatado al periódico neoyorquino que Chávez las sometió a abusos continuados cuando eran menores de edad en los años 70. Él tenía más de 40 años; ellas, entre 12 y 15. Ambas eran hijas de familias integradas en el movimiento sindical. Murguía ha descrito encuentros repetidos en la oficina de Chávez, donde, según su testimonio, el líder cerraba la puerta, la llevaba a una esterilla de yoga y la agredía. "No se lo digas a nadie", le dijo en una ocasión. "Se pondrían celosos". Rojas ha relatado un patrón similar que culminó, según su versión, en una violación durante una marcha sindical en 1975.
El Times sostiene que estos relatos han sido corroborados parcialmente por documentos, testimonios de terceros y registros de la época. Además, la investigación apunta a un patrón más amplio de conducta: el uso de su posición dentro del movimiento para obtener favores sexuales.
Pero el testimonio definitivo ha venido de la mano de Dolores Huerta, cofundadora del sindicato y figura central del movimiento latino en Estados Unidos. Huerta, de 95 años, ha declarado al New York Times que Chávez la violó en 1966 y que en otra ocasión la presionó para mantener relaciones sexuales. "Por desgracia, utilizó parte de su liderazgo para abusar de mujeres y niñas... es realmente horrible", ha lamentado. Durante décadas, explicó, decidió no hablar para no dañar la causa sindical: "No quería perjudicar al movimiento". Huerta describe el sindicato como una organización marcada por el machismo. "Las mujeres no son vistas como seres humanos. Solo se nos ve como objetos sexuales. Creo que es una enfermedad".
Reacciones contrapuestas
El impacto ha sido inmediato. La UFW ha cancelado los actos previstos para el Día de César Chávez y ha calificado las acusaciones de "profundamente impactantes". Autoridades locales y estatales han empezado a plantear la retirada de su nombre de calles, escuelas y edificios. En Los Ángeles, se ha propuesto rebautizar la jornada como "Día de los Trabajadores del Campo", desligándola de su figura. "Ninguno de nosotros lo sabía", ha admitido el gobernador de California, Gavin Newsom, que ya ha abierto el debate sobre el futuro del festivo.
La condena no está siendo unánime. En comunidades agrícolas, especialmente en el Valle Central de California, las reacciones oscilan entre la incredulidad, la defensa del legado y el apoyo a las víctimas. Muchos trabajadores han expresado dudas o temor a que el escándalo debilite reivindicaciones aún vigentes.
Durante años, la biografía de Chávez se ha narrado como una historia casi hagiográfica: el campesino que, inspirado por Gandhi, logró transformar la vida de miles de trabajadores. Por ese halo de santidad, la investigación del Times resulta especialmente dolorosa para la comunidad que le ha admirado durante décadas. Algunas de las mujeres que han ofrecido su testimonio reflexionan precisamente sobre esa contradicción. "El movimiento, ese es el verdadero héroe", concluye una de ellas. Está por ver si ese desplazamiento del individuo al colectivo se produce de manera exitosa, sin que los logros de la organización liderada por Chávez y Huerta se vean salpicados, en un momento en que la comunidad latina está en en el punto de mira de la derecha estadounidense. De momento, las estatuas ya están empezando a caer.
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