La sorpresa de octubre ha acabado convirtiéndose en algo más que un mal susto de Halloween para la campaña de Hillary Clinton. Según pasan los días, comienza a aflorar el daño causado por las revelaciones del director del FBI, James Comey, la pasada semana, en las que anunciaba una investigación de nuevos correos electrónicos relacionados con el servidor privado que utilizó cuando era secretaria de Estado.

A escasos días de las elecciones, a Hillary Clinton se le abre una vía de agua por el que ha sido su flanco más débil desde las primarias. Los polémicos emails dan munición retórica a los republicanos para pintar a la ex senadora como alguien perteneciente a una élite que se salta las normas y que no es de fiar. Un sentimiento con el que conectan millones de estadounidenses cansados de políticos “tradicionales”.

El viento mediático ha cambiado, y se han invertido las tornas. Es ahora Donald Trump quien se ve beneficiado por los titulares negativos que asedian a su rival. Una tormenta sobre Hillary que ha hecho cambiar el signo de las últimas encuestas, diluyendo la abultada ventaja de la que la candidata demócrata gozaba hasta hace sólo cinco días.

Según la media de sondeos de RealClearPolitics, ahora Clinton lidera la carrera por sólo 1,7 puntos, dentro del margen de error. Asimismo, la última encuesta de IBD/TIPP (el instituto que más ha acertado en las tres últimas elecciones) da una ligerísima ventaja de 0,4 puntos a Trump. Por primera vez en mucho tiempo, parece que el multimillonario neoyorquino tiene opciones muy reales de ganar.

Como siempre en estos casos, conviene detenerse y examinar con detalle las encuestas. El análisis de números y muestras de los sondeos lleva a pensar que, a priori, la ventaja que le daban a Hillary en las últimas semanas no era tan acusada. Sin embargo, no todo son noticias negativas para Clinton. No hay que perder de vista que las últimas encuestas se han realizado inmediatamente después de conocerse la noticia del FBI. Es razonable pensar que, según avancen los días, se suavice este efecto, según languidezca el impulso que Trump está recibiendo por esta cuestión.

Asimismo, esta situación podría tener otro efecto positivo para Clinton. Verle las orejas al lobo puede ayudar a movilizar a su base, a sus votantes, que podían estar hasta ahora aletargados, en previsión de una victoria de su candidata que daban por segura.

La clave son los ‘battlegrounds’ más que tener más votos en el conjunto nacional, algo que no asegura la Presidencia

El 8 de noviembre cada voto contará, y aquí es donde la campaña de Clinton puede marcar la diferencia, ya que ha construido una operación de mayor envergadura que la de Trump. Tiene más medios y mejor organización para motivar a mayor número de ciudadanos en los estados donde la elección se prevé más reñida (battlegrounds). Esta es la clave, ya que tener más votos que el contrario en el conjunto nacional no necesariamente asegura la Presidencia.

El camino hacia la victoria está en ganar estos campos de batalla electorales, bajo la regla de que el que gana cada estado se lleva todos los delegados que reparte, aunque sea por un único voto de diferencia. La suma final de estos delegados es la que otorga la Presidencia a uno de los candidatos. El ganador ha de tener más de 270 de estos votos electorales.

De aquí al día de las elecciones, habrá que seguir hora a hora la actualidad política de EEUU, para tratar de dilucidar qué puede pasar en una jornada, que desde luego, promete grandes sorpresas.

*David Iglesias es analista especializado en EEUU de GAD3.