Qué se esconde tras la pugna entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón? ¿Hay algo más que una lucha descarnada por el poder?

Hagamos un breve repaso de lo que ha ocurrido en Podemos desde su nacimiento para entender lo que está sucediendo ahora. Estamos ante un fenómeno inédito en España. Por primera vez, un partido que no cuenta con el respaldo total o parcial de las élites (apoyo que sí tuvo la UCD) logra en un tiempo récord 5 millones de votos y una representación en el Congreso que le convierten en la tercera fuerza política.

Podemos es una organización basada en el hiperliderazgo de su secretario general, Pablo Iglesias. Un hiperliderazgo tan sólo comparable al que ejerce Albert Rivera en Ciudadanos.

Podemos es una amalgama que va del populismo al comunismo, un proyecto más conocido por lo que rechaza que por lo que propone

Ideológicamente, Podemos es una amalgama que va del populismo al comunismo, un proyecto más conocido por lo que rechaza que por lo que propone. Su votante es fundamentalmente joven y simpatizante del movimiento 15-M.

El llamado Vistalegre I (octubre de 2014), el Congreso fundacional de Podemos, estuvo caracterizado por la improvisación, un cónclave en el que primó la eficacia sobre la democracia. El hiperliderazgo se plasmó en una estructura organizativa piramidal en la que el secretario general, Iglesias, tiene la capacidad de nombrar a dedo al Comité Ejecutivo. Nombrar y también destituir, al margen del Consejo Ciudadano Estatal, un órgano parecido al Comité Federal socialista, para entendernos. Esos superpoderes los puso de manifiesto el secretario general cuando borró de un plumazo al secretario de organización (el número tres de Podemos), el errejonista Sergio Pascual, el pasado mes de marzo.

A medida que Podemos ha ido avanzando, han ido cuajando en su seno distintas tendencias, fruto de esa amalgama ideológica a la que nos hemos referido. El sector más izquierdista es el de los anticapitalistas (los anticapi, como los llaman y se llaman internamente), con líderes como Miguel Urban, Teresa Rodríguez o el alcalde de Cádiz, José María González Kichi.

Por otro lado, están los errejonistas, que se identifican con las ideas del secretario político o número dos de Podemos, Íñigo Errejón. Creen en el Estado de Derecho, no son antisistema y, si tuviéramos que etiquetarlos, diríamos que son republicanos de izquierda y partidarios de un modelo de Estado federal o confederal. Con Errejón, en esta facción se encuadran Rita Maestre, Tania Sánchez o Juan Pedro Yllanes.

La jugada de integrar a IU tenía como objeto sumar una fuerza de apoyo que, en caso de emergencia, siempre se situaría del lado de Iglesias

Finalmente, tenemos al propio Iglesias que, aunque ideológicamente ha hecho varios viajes de ida y vuelta, ahora está más cerca de los anticapi que del errejonismo. La jugada de integrar a Izquierda Unida tenía como objeto sumar una fuerza de apoyo que, en caso de emergencia, siempre se situaría del lado del secretario general y contra el errejonismo. El círculo íntimo del pablismo lo integran Irene Montero, Rafael Mayoral y Ramón Espinar. Curiosamente, el sustituto de Pascual y, en otro tiempo, antagonista de Iglesias, Pablo Echenique, podemos considerarle ahora como uno de los suyos.

Con este panorama, nos acercamos al Vistalegre II. Un Congreso ya sin las urgencias del primero y que tendría que asentar las bases tanto organizativas como ideológicas de Podemos de cara al futuro.

En el sistema de votación en el Congreso ‘Vistalegre II’ está la clave de poder: el debate es si votar al mismo tiempo los programas y los equipos

Se discute mucho sobre el sistema de votación, que se debe dirimir en el referéndum que se celebrará entre el 18 y el 20 de diciembre y en el que se esperan que participen unas 150.000 personas. En este debate está la clave del poder. Iglesias quiere que se vote al mismo tiempo los programas y los equipos. Es decir, quiere unir su nombre a unas propuestas y utilizar su indudable capacidad de arrastre para consolidar su control casi absoluto sobre la organización.

Los errejonistas quieren separar una cosa de la otra para poder moldear a Podemos a su estilo, al margen de quién sea el secretario general. Errejón sabe que no puede competir con Iglesias porque perdería, pero también sabe que, a medio plazo, él puede acabar liderando Podemos.

Los errejonistas pretenden que sea el Consejo Ciudadano el que nombre al Comité Ejecutivo, lo que permitiría que este órgano, que decide sobre asuntos tan relevantes como los presupuestos o la organización, fuese más representativo del poder real de cada una de las facciones en la dirección, y no un mero instrumento comparsa que hace lo que dice el secretario general.

Los anticapitalistas han propuesto unir la votación sobre los documentos políticos a la designación del Consejo Ciudadano, lo que podría ser aprovechado por Iglesias para sumarse a esa propuesta, venderla como una concesión, y, a la vez, aislar a los errejonistas.

Los ‘errejonistas’ han puesto toda la carne en el asador para defender sus planteamientos, que consideran más democráticos y abiertos

Estamos pues ante una disputa por el poder en la que se dirime la línea política y el esquema organizativo de Podemos. Los errejonistas han puesto toda la carne en el asador para defender sus planteamientos, que consideran más democráticos y abiertos que los que suscribe el secretario general.

Es una lucha de poder, sí, pero también de supervivencia. Si Iglesias gana por goleada, el errejonismo tiene los días contados. A Iglesias no le interesa de momento una ruptura con su número dos, porque debilitaría a la organización. Pero, como ha ocurrido tantas veces en partidos con una concepción leninista/estalinista, al final, acaba por imponerse la voluntad del líder máximo, que tiene la habilidad de identificarse con la organización. Quien se opone a él, se opone al partido. Y el partido lo es todo.