Casi cuatro meses después de la victoria de Donald Trump en las elecciones de Estados Unidos, el rumbo de los mercados sigue en gran medida determinado por las expectativas generadas por el nuevo presidente de la mayor economía del mundo.

Los planes -aún inconcretos- de Trump en cuestiones como el comercio internacional, la política fiscal o la inversión pública han supuesto un cambio de escenario que ha obligado a los inversores a reajustar sus apuestas, elaborando sus listas de probables vencedores y damnificados de la nueva política estadounidense.

Acerinox suele figurar en la columna de beneficiarios. La compañía genera más de la mitad de su negocio en el mercado estadounidense y espera poder sacar rédito del incremento de la actividad constructora en el país y la reducción de la competencia exterior por un incremento de las barreras de entrada. Del mismo modo, «la reforma fiscal en EEUU podría ser muy positiva, ya que es el país en el que tienen la mayor tasa impositiva de todos en los que tienen fábricas (35%) y es donde consiguen un mayor nivel de beneficios», apunta Iván San Félix, analista de Renta 4.

Acerinox acumula una subida en bolsa del 28% desde la victoria de Trump, confiada en beneficiarse de sus medidas

Con el respaldo de este panorama, la compañía acerera ha logrado anotarse desde la victoria electoral de Trump un avance del 28%, un saldo muy superior al 9% que gana el Ibex en el mismo periodo. Acerinox ha logrado de este modo alcanzar sus niveles más elevados en casi dos años.

Pero si las expectativas juegan a favor de Acerinox, el mundo de lo tangible también respalda su buen tono. Las cuentas de 2016, que presentó en la tarde del martes, fueron recibidas sobre el parqué con un alza del 3,5%. En ellas, la compañía informaba de que su beneficio anual ascendía hasta los 80 millones, casi el doble que un año antes, favorecido por las medidas de control de costes y la rebaja de los gastos financieros. La rebaja de la deuda neta, superior a lo previsto, también ha merecido el reconocimiento de las distintas casas de análisis.

A esto, la compañía ha sumado una mejora de sus previsiones para el presente ejercicio, en el que confía en poder elevar de nuevo los precios, en un entorno de estabilidad en los precios de las materias primas, tras la fuerte recuperación del año anterior.

Tras años convulsos, motivados por la caída de los precios de los recursos básicos clave en su negocio, como el níquel, y la debilidad de la demanda china, Acerinox encara 2017 en una posición de renovada fortaleza. «Las cuentas han cumplido con lo esperado y confirman un giro a mejor», corroboran en Bankinter.

Unas perspectivas favorables alentadas por el llamado efecto Trump. Pero a esas expectativas basadas en políticas aún difusas, Acerinox añade la solidez de un negocio que marcha ya viento en popa. Y el mercado parece dispuesto a reconocérselo.