A los empleados en las empresas se les pide motivación. Los directivos saben que, a mayor nivel de motivación, el rendimiento de las personas será superior; y por tanto, la organización mejorará sus resultados.

Promover que los colaboradores incrementen su motivación es una manera muy eficaz de mejorar los beneficios, y además acostumbra a ser más “barato” que invertir, por ejemplo, en tecnología, I+D+i, maquinaria, o personal. Las personas motivadas, sin lugar a dudas, aportan mucho a la empresa.

Pero promover la motivación en una organización no es fácil. Para empezar la ética, la justicia y el buen ejemplo de los que dirigen la empresa son factores muy importantes para facilitar esta motivación. Por el contrario, la falta de ética, la injusticia y el mal ejemplo de los que mandan, generan un caldo de cultivo propicio para la desmotivación.

La falta de ética, la injusticia o el mal ejemplo de los que mandan genera desmotivación

Desde hace tiempo, veo en los medios de comunicación constantes noticias sobre altos directivos acusados de usar sus empresas, de manera fraudulenta, para el enriquecimiento propio. En esos momentos me vienen a la cabeza las personas que trabajan en esas organizaciones. ¿Qué pensarán? ¿Cómo se sentirán al ver que quienes gobernaban el barco lo dirigían a donde sólo a ellos mismos les interesaba, teniendo muy poco en cuenta las necesidades de los demás?

Si los propios altos directivos de una empresa parece que se acercan a ella, no para aportar valor, sino para ver de qué manera se pueden beneficiar personalmente de la compañía, ¿qué motivación van a poder tener los empleados para tratar de hacer cada vez mejor su trabajo? A nadie le gusta que el fruto de su esfuerzo acabe sirviendo para unos poco se enriquezcan de manera poco honrada.

¿Qué pensarán los empleados al ver que quienes gobernaban el barco lo dirigían a donde a ellos les interesaba?

El daño que hacen a la compañía este tipo de comportamientos poco éticos, no es sólo el del dinero que no se empleó correctamente. El daño se extiende como una mancha de aceite por todos los rincones de la empresa, debido a la desconfianza que los jefes generan en los demás.

El ejemplo de los que mandan es muy importante en la gestión de empresas. El buen ejemplo es contagioso, y el malo también. En organizaciones donde los jefes son ejemplos de motivación, dedicación, respeto, colaboración… se tienden a crear entornos de motivación, dedicación, respeto y colaboración.

Si el ejemplo de los dirigentes es malo, justifica comportamientos similares: “Si mi jefe lo hace, yo también”

Igualmente, en organizaciones donde los directivos buscan su propio beneficio sin pensar en el perjuicio que pueden ocasionar a los demás, no sólo a los empleados, sino también a accionistas, clientes y proveedores, se tienden a crear ambientes insolidarios y desmotivadores.

Si el ejemplo de los dirigentes es bueno, potencia la confianza y la motivación; y si es malo, propicia la desmotivación y la justificación de comportamientos similares: “Si mi jefe lo hace, pues yo también”. Si la dirección no se comporta bien, ¿con qué autoridad va a pedir a los empleados que trabajen con motivación y eficacia?

 

Pablo Maella es profesor en IESE Business School