“Está todo por hacer, pero lo que tenemos por delante es una labor apasionante”, me confiesa una persona próxima a Pedro Sánchez. Los asuntos más inmediatos, como la posición del PSOE en las mociones de censura presentadas por Podemos, se superponen con otras preocupaciones más de fondo. Entre ellos, uno que obsesiona al reelegido secretario general, una cuestión que debe abordarse en el próximo Congreso y a la que él se está dedicando de manera muy especial: la estructura del partido. Es decir, cómo se va a administrar el poder en el nuevo PSOE.

Se trata de conjugar la promesa de dar más peso a la militancia -por ejemplo, consultando posibles alianzas electorales u obligando a refrendar con el voto de las bases la posible destitución del secretario general- con la cohesión interna del máximo órgano de dirección, la Ejecutiva Federal. Tanto en los textos como en sus manifestaciones a viva voz, tanto de Sánchez como de su núcleo duro, se percibe la huella del golpe de mano que comenzó el 29 de septiembre de 2016 con la dimisión de 17 miembros de dicho órgano.

En la Ejecutiva que saldrá del próximo Congreso no habrá barones (en la anterior se sentaban Ximo Puig, presidente de la Generalitat valenciana, y Emiliano García-Page, presidente de la Junta de Castilla-La Mancha), ni tampoco secretarios generales de federaciones regionales. De ese modo, Sánchez se garantiza una Ejecutiva de su plena confianza, que será paritaria y en la que las responsabilidades se distribuirán por áreas.

“Hemos aprendido la lección de lo que ocurrió en septiembre. Haremos una Ejecutiva con detector de metales”, bromea una de las personas que, casi con toda seguridad, estará en la nueva dirección del partido.

La Ejecutiva Federal que diseña el nuevo secretario general estará formada por personas de su plena confianza. Ya no será posible un golpe como el que se fraguó el 29 de septiembre

La integración de los partidarios de las otras dos candidaturas (susanistas y seguidores de Patxi López) se propiciará en el Comité Federal y en las direcciones regionales, cuyos congresos se celebrarán después del Federal, a partir de finales del mes de junio.

La contundencia de la victoria de Sánchez en las primarias facilitará la integración, en opinión de las fuentes consultadas. El secretario general no ve ningún problema en dar entrada en la dirección a algunos de los integrantes de la candidatura del ex lehendakari. No a todos, por supuesto. Por ejemplo, nadie se imagina a César Luena -ex secretario de organización del partido- volviendo a Ferraz. Un diputado, que se mantuvo firme en su rechazo a la investidura de Rajoy, ve incluso posible que López pueda ser presidente del PSOE. Una decisión que sería valorada por la militancia como un gesto inequívoco de voluntad de pacificación interna. Otra fuente, sin embargo, lo duda: “Patxi traicionó a Pedro y, ya se sabe, quien hace un cesto, hace ciento”.

No es que hayamos abandonado a Zapatero, es que él nos ha abandonado a nosotros”, reconoce un ex ministro zapaterista

Nadie discute ahora la legitimidad de Sánchez para hacer una dirección a su medida. La oposición interna, aventura su equipo, se irá diluyendo como un azucarillo en un vaso de agua. La incógnita, naturalmente, tiene acento andaluz. Una reconciliación sincera con Susana Díaz parece imposible. Pero la capacidad de desestabilización de la presidenta de la Junta de Andalucía ha quedado muy mermada tras su sonora derrota. Los barones -a los que Sánchez apoyará expresamente- se amoldarán a la nueva situación, sobre todo teniendo presente que en sus congresos regionales ellos mismos podrían ser removidos de sus cargos orgánicos si plantean una oposición frontal a la Ejecutiva Federal. “Susana se ha quedado colgada de la brocha. Su apuesta fue muy fuerte y ahora, tras su derrota, tendrá que cuidar su propia federación, en la que ya empiezan a escucharse voces críticas”, dice una fuente.

Sánchez va a necesitar cuadros para la etapa que se abre. Y podría encontrarlos curiosamente en un sector encabezado por uno de sus oponentes más furibundos: Rodríguez Zapatero. Gran número de zapateristas se sintieron un tanto avergonzados por la apuesta sin paliativos del ex presidente del Gobierno a favor de Díaz. Un ex ministro zapaterista reconoce: “Cuando leí el editorial de El País del lunes después de las primarias, me alegré por el triunfo de Pedro. Y no es que hayamos abandonado a Zapatero, es que él nos ha abandonado a nosotros”.