La reestructuración impulsada por el ministro Juan Ignacio Zoido en el Ministerio del Interior supone un paso atrás en la profesionalización de los cuerpos de seguridad que tendrá sus consecuencias en la lucha contra la el terrorismo, la corrupción y el crimen organizado.

Zoido se ha cargado de un plumazo la figura del Director Adjunto Operativo (DAO) tanto en la Policía como en la Guardia Civil, para implantar una estructura más horizontal de mandos cuyo jefe directo será, a partir de ahora, el director general; es decir, un cargo político.

El origen de este cambio viene determinado por una doble causa:

1º El escándalo en torno a los manejos de Eugenio Pino al frente de la Policía: escuchas al propio ministro; creación de una unidad especial dedicada a investigar corruptelas de los independentistas catalanes; creación de una brigada de revisión de casos, etc.

2º La actitud “poco comprometida” -en opinión del ministro- de Pablo Martín Alonso (DAO de la Guardia Civil) en lo que respecta a las investigaciones que afectan al secretario de Estado de Interior, José Antonio Nieto. Se criticó a Martín Alonso por no avisar con suficiente tiempo de la aparición del nombre del secretario de Estado en la Operación Lezo, que investiga la UCO, y al que los fiscales atribuyeron un supuesto chivatazo al haber recibido en su despacho al hermano del ex presidente de la Comunicad de Madrid Ignacio González.

La sensación que hay en los dos cuerpos policiales es de desolación. Al desaparecer los DAO se crean estructuras horizontales que dependen directamente de los directores generales

Hace unos días se supo que el nombre de Nieto también figura en una investigación de la trama Púnica y tiene que ver con la financiación irregular del PP de Córdoba, ciudad de la que fue alcalde desde 2011 a 2015. También en este caso la investigación corre a cargo de la UCO.

Según fuentes solventes, el escándalo de Pino llevó a que el presidente del Gobierno, que fue en su día ministro del Interior, planteara abiertamente a Zoido la remodelación de los cuerpos policiales, cuya estructura actual fue diseñada por Alfredo Pérez Rubalcaba.

La tesis que sostiene la remodelación es simple: los DAO (profesionales tanto de la Policía como de la Guardia Civil) acumulan demasiado poder y, por tanto, para reducirlo, había que crear una estructura menos piramidal.

Para los profesionales de ambos cuerpos, este cambio de modelo supone un tremendo error, que va contra la tendencia en otras policías europeas e incluso autonómicas, cuyos mandos son agentes de los respectivos cuerpos policiales, y es fruto del desconocimiento de la cúpula de Interior de cómo funcionan la Policía y la Guardia Civil. “En una operación compleja tiene que haber un mando que coordine las áreas de investigación y las operativas”, afirman fuentes de ambos cuerpos. Ahora, la dirección y coordinación entre las distintas unidades dependerá de los directores generales: José Manuel Holgado (Guardia Civil), y Germán López Iglesias (Policía). Es decir, dos puestos de la estricta confianza del ministro, pero sin experiencia en la materia.

El momento elegido para esta revolución interna no puede ser más inoportuno, a dos meses vista de que se concrete el reto soberanista en Cataluña.

Tampoco las formas han sido las más adecuadas. A Martín Alonso le comunicó su cese el miércoles por la noche el director de la Guardia Civil por teléfono. Por su parte, Florentino Villabona (DAO de la Policía) había sido nombrado a finales de enero con la misión de llevar a cabo una “operación limpieza” en la Policía, tras la salida de Pino. Su destitución es, cuando menos, difícil de justificar.

A la remodelación -que llevaba tiempo siendo madurada por el ministro- tampoco le ha faltado su dosis de improvisación. En la Guardia Civil desaparece el Director Adjunto Operativo, pero en la ley de Personal de dicho cuerpo sí aparece ese cargo. Por tanto, habrá que modificar la ley si no se quiere crear la sensación de que queda un puesto por cubrir.

La sensación que ha dejado el real decreto tanto en la Policía como en la Guardia Civil es de desolación. Alguno, en el instituto armado ha llegado a decir: “¡Hasta echamos de menos a Arsenio Fernández de Mesa!”. Que es casi tanto como echar de menos a Danilo en el Real Madrid.