Voy a contar una historia de algo que me ha sucedido recientemente… abro hilo.. ah, no, que eso es en Twitter. Como sea, resulta que el domingo por la noche o, más bien, el lunes de madrugada el Govern de Catalunya hacía públicas las cifras del escrutinio del referéndum.

Más allá de la valoración política que merezca la jornada empezaba a circular por las redes sociales un mensaje que pretendía ahondar en la idea de que los datos estaban, ya no cocinados, si no cuasi inventados… la suma total de los porcentajes de escrutino ¡era del 100,88%!

El primer tuit que vi al respecto…

… seguido de grandes prohombres…

En El Independiente dimos cuenta de ello y, tras publicarlo, repasé los porcentajes del gráfico de la Generalitat. Mi sorpresa fue cuando la suma no daba 100,88%, y tras realizar el cálculo tres veces, calculadora de Windows en mano, el resultado era 99,99%. A los pocos segundos me percaté del error: hay un cuarto número, el de los votos nulos, de 0,89%, que sumado al resto hace que la cifra, esta vez sí, sea del 100,88%. El problema, sencillo bajo mi punto de vista, es que los votos nulos no se incluyen en el escrutinio, con lo que quedaba subsanado el presunto error. Lo comentamos en nuestro grupo de Whatsapp y procedimos a cambiarlo sin mayor problema.

La sorpresa llegó a la mañana siguiente cuando en muchos medios (todos, diría yo) el 100,88% aparecía como otra de las pruebas irrefutables de la invalidez y manipulación del referéndum (como si no hubiese ya suficientes).

 

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[editado, aquí iba insertado un tuit de Antena 3 Noticias que han eliminado posteriormente]

https://twitter.com/A3Noticias/status/914896441897816066

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Además, lo vi en el Telediario de TVE, que citó profusamente la cifra de 100,88%. Durante la mañana lo comenté con algunos compañeros y otros tuiteros, intentando explicar el error, hecho por el que casi siempre recibía una cariñosa respuesta…

… porque claro, decir que el cuadro de datos de la Generalitat era matemáticamente correcto era poco menos que dar validez internacional al referéndum y proclamar la República Catalana.

En una conversación, los compañeros de El Mundo no estaban de acuerdo con los argumentos e insistían en que su interpretación era la correcta. Incluso fueron tan amables de explicarnos las cifras con unas reglas de tres para que todos entendiésemos la información que daban:

[…] Sin embargo, parece que el problema es que la Generalitat no ha extraído correctamente los porcentajes. Los 2.262.424 de papeletas contadas no requisadas son el 100%. De eso no hay duda matemática posible. Si 2.020.144 son ‘síes’, según el Govern, el porcentaje real no es el 90% sino el 89,2%, a no ser que la Generalitat haya sumado a los síes las 15.000 papeletas que aún faltan por contar.

Para sacar el porcentaje de ‘síes’ respecto a los 2.262.424 de papeletas contadas no hay más que multiplicar por 100 los 2.020.144 de ‘síes’ que asegura la Generalitat y dividirlos entre el total (2.262.424). El resultado no es ni mucho menos el 90% sino que es un un 89,2%. […]

Texto extraído de la información de El Mundo.

 

Como comentaba anteriormente el error radica en que el voto nulo no se cuenta a la hora de hacer el escrutinio. El escrutinio se realiza sobre el voto válido, que es la resta del voto total menos el voto nulo, es decir 2.262.424 de votos totales menos 20.129 votos nulos. Resultado, 2.242.295 votos válidos. Ahora, ayudándome de la regla de tres que los compañeros de El Mundo indican, 2.020.144 de ‘síes’ multiplicado por 100 y dividido por 2.242.295 votos válidos da… 90,09%. Se puede proceder de la misma forma para los ‘noes’ y los votos en blanco.

Para que quede más claro el proceso hemos realizado un gráfico explicándolo.

El 100,88%

El 100,88%

Más allá de la anécdota de la cifra hay varias cosas que sí resultan más preocupantes.

La falta de rigor con la que los medios tratamos temas relacionados con la legislación o los procedimientos legales básicos. En unos momentos especialmente delicados no podemos vernos arrastrados por las aguas bravas de los ríos de las redes sociales. Frente al chisme y al chiste los medios debemos aportar serenidad y análisis. Sin embargo, la reacción a las advertencias del error “100,88” fue diametralmente opuesta a la deseable: ni un atisbo de autocrítica, de comprobar si efectivamente los datos eran erróneos o de acudir a fuentes legales que aclarasen la situación, como la Ley Orgánica 5/1985, de 19 de Junio, del régimen electoral general, que explica cómo (no) se computan los votos nulos.

Gran parte de la sociedad tiene serios problemas para seguir razonamientos lógicos y procesos matemáticos. No se trata de faltar el respeto a nadie, pero esa misma gente tiene que realizar toda una serie de trámites en su vida cotidiana para los que necesita esas destrezas: firmar contratos, comprarse un coche, firmar una hipoteca, pagar impuestos… el panorama social visto así es terrible.

La posverdad ha llegado para quedarse. Cualquier afirmación que creamos que refuerza nuestra idea preconcebida sobre cualquier cosa la agarramos con fuerza y la hacemos nuestra. Si posteriormente descubrimos que esa afirmación pone en entredicho nuestro pensamiento, no paramos a reflexionar sobre ello, la desechamos y buscamos otro razonamiento que no nos saque de nuestra zona de confort. Y en las redes sociales podemos encontrarlo rápidamente. La pelea de la cifra no era por ver si era o no correcta, era por reforzar la idea que tenemos sobre la validez o no del referéndum. Esto nos polariza y convierte el razonamiento en algo binario. Uno o cero. Conmigo o contra mí.

Maldito reduccionismo, bendita equidistancia de los extremos, de los que quieren que agarres una bandera y te vendes los ojos con ella.