El comportamiento de Podemos ante cualquier individuo, institución o movimiento que tenga por objeto y por efecto la desestabilización  de lo que sus dirigentes califican despectivamente como «el régimen del 78» es meridiano: apoyo absoluto y colaboración intensa e íntima.

Esto es lo que se ha podido comprobar cuando se han empezado a hacer públicos los datos sobre la participación del australiano Julian Assange, refugiado desde hace casi seis años en la embajada de Ecuador en Londres, en el asunto del desafío independentista catalán. No es sólo que uno de los máximos dirigentes de Podemos ofreciera al fundador de Wikileaks todo el apoyo por parte de su fuerza política y que el empresario independentista Oriol Soler fuera «cazado» por un fotógrafo saliendo de una reunión con Assange  en su refugio ecuatoriano en la capital británica, sino que los responsables gubernamentales españoles acabaron detectando allí el origen de centenares de noticias falsas en los días posteriores al referéndum ilegal del 1 de octubre, noticias falsas que fueron rebotadas por todas las webs independentistas subvenciondas por la Generalitat, además de por las organizaciones de activistas por la independencia ANC y Omnium Cultural.

En su delirio desestabilizador, Assange, que había declarado su satisfacción porque «me alegra ayudar a proteger los derechos de publicación de la página web del referéndum catalán», llegó a publicar una foto de los miembros de Grupo de Acción Rápida de la Guardia Civil sobre la que aseguraba que «el Gobierno español moviliza a 300 Navy Seals durante la operación para impedir la votación del referéndum de independencia de Cataluña».  Es decir, que el protegido de Podemos intervino con abrumadora presencia en la crisis catalana con el único objetivo de desestabilizar al Gobierno y, en última instancia, al Estado español, todo ello con la indisimulada satisfacción del partido morado.

El protegido de Podemos intervino con abrumadora presencia en la crisis catalana con el único objetivo de desestabilizar al Gobierno

Por esa razón, ante las acusaciones del Gobierno sobre injerencias internacionales en la crisis catalana mediante la publicación de miles de mensajes falsos, procedentes entre otros de Julian Assange, cuyos tuits eran replicados por los robots que efectúan automáticamente la repetición a través de Internet, los diputados de Pablo Iglesias han reaccionado con indignación negando esas afirmaciones gubernamentales y acusando a su vez al Gobierno de pretender amordazar a las redes sociales.

Assange es un aliado de Podemos en su afán desestabilizador.  Y viceversa. Eso es un hecho. No en vano ha sido uno de sus ahora diputados el responsable de la protección internacional  del fundador de Wikileaks. El señor Txema Guijarro, portavoz parlamentario de su grupo en distintas Comisiones del Congreso, ha trabajado muchos años en puestos de alta responsabilidad  a las órdenes del gobierno del izquierdista Rafael Correa y ha sido el responsable de gestionar el asilo político de Julian Assange en la embajada ecuatoriana, cuando Suecia reclamaba su extradición para juzgarle por dos presuntos delitos, uno de violación y otro de acoso sexual; y cuando la Administración norteamericana pedía también su extradición para juzgarle por la publicación  de miles y miles de informes confidenciales que el Gobierno de Estados Unidos considera que atenta contra la seguridad del país y de sus relaciones internacionales.

Assange es un aliado de Podemos en su afán desestabilizador.  Y viceversa. Eso es un hecho

Fue Guijarro también el que intentó que el norteamericano Edward Snowden, protegido de Assange, que filtró a la prensa estadounidense documentos  clasificados como de alto secreto por el gobierno de EEUU, pudiera viajar desde Rusia, donde se había refugiado, a Ecuador con un visado que el propio Guijarro le proporcionó. Pero la operación salió mal porque produjo un serio conflicto diplomático entre EEUU y el país sudamericano que se saldó con las disculpas del gobierno de Correa, de modo que Snowden sigue en Rusia con pocas posibilidades de salir de allí.

Algo parecido a lo que le ha sucedido ahora al nuevo presidente ecuatoriano, Lenín Moreno, cuyo gobierno se ha visto en la necesidad de expresar su compromiso con «el respeto a la integridad territorial, soberanía e independencia de los Estados, así como el de no intervención en los asuntos internos de ningún país» en vista de las informaciones que establecen claramente la relación de su protegido Assange con la crisis catalana y el desafío independentista.

Independientemente del debate sobre las informaciones que los Gobiernos intentan impedir que se publiquen bajo el pretexto de que atentan contra la seguridad nacional, no cabe duda de que la intención de Assange,  tanto en aquel asunto como en el relativo a la difusión de noticias, falsas o no, pero siempre rabiosamente favorables a los independentistas catalanes, es la de golpear la estabilidad de los países atacados. Algo en lo que coincide tan absolutamente con los dirigentes de Podemos como que es a uno de ellos a quien, antes de que el partido morado hubiera siquiera nacido, le debe su vida fuera de la acción de la Justicia.