El auto de procesamiento del juez Pablo Llarena quedará para siempre como una pieza clave en la historia del choque de trenes entre una Generalitat que ha pretendido romper España y el estado de derecho, que ha defendido la Constitución recurriendo fundamentalmente a la Justicia. El Tribunal Supremo se ha convertido de esa forma en protagonista principal de un enfrentamiento político en el que los secesionistas no han tenido ningún reparo en vulnerar las leyes y las resoluciones judiciales que han emanado de manera reiterada desde el Tribunal Constitucional.

El auto de Llarena es un relato de hechos preciso, contundente y demoledor para los independentistas. El juez ha dedicado mucho tiempo a su elaboración y a su cuidada redacción. Si alguien aún tiene dudas sobre lo que ha sucedido en Cataluña en los últimos meses no tiene más que leerlo. Supone la pieza maestra sobre la que sustenta el delito de rebelión, por el que han sido procesados Carles Puigdemont, Oriol Junqueras, Jordi Turull, Raül Romeva, Antonio Comín, Josep Rull, Dolors Bassa, Clara Ponsatí, Joaquim Forn, Jordi Sánchez, Jordi Cuixart, Carme Forcadell y Marta Rovira, y por el que podrían ser condenados a 25 años de cárcel.

Llarena no se limita a analizar los últimos acontecimientos (el referéndum del 1-O, la declaración unilateral de independencia, etc.), sino que se remonta al origen del proceso. Y ahí nos encontramos con Artur Mas y con un documento impulsado por él y que es la auténtica hoja de ruta de todo lo que ha sucedido hasta ahora: El Libro Blanco de la Transición Nacional de Cataluña, elaborado a partir de 18 informes redactados por el Consejo Asesor de Transición Nacional entre los meses de julio de 2013 y julio de 2014. Es decir, un plan que se urdió hace casi cuatro años.

El ex presidenten de la Generalitat es el inspirador del Libro Blanco de la Transición Nacional, verdadera hoja de ruta del procés

El Libro Blanco establece que la independencia no es la consecuencia de la falta de negociación con el Estado, sino que, como recoge el auto, «es el objetivo que pretendía alcanzarse en todo caso, primeramente, mediante un acuerdo pactado y, en caso contrario, de manera unilateral y forzando al Gobierno a asumir una situación  de hecho que buscaba crearse». Para ello, era indispensable la movilización popular.

La importancia que da el magistrado del Supremo a ese Libro Blanco es tal, que a la hora de justificar en su auto la prisión incondicional para Forcadell, Turull, Romeva, Rull y Bassa, cita uno de sus párrafos: «Incluso en el caso extremo de suspensión del autogobierno, esta suspensión no podría tener carácter indefinido y mucho menos definitivo y, por tanto, la voluntad popular y la voluntad institucional podrían seguir manifestándose una vez recuperada la autonomía y el funcionamiento ordinario de las instituciones».

Es decir, que, en su hoja de ruta, los independentistas ya contemplaban la aplicación del 155 y planeaban la vuelta a las andadas una vez que la normalidad institucional se hubiera recuperado en Cataluña. La reiteración delictiva no es, por tanto, una hipótesis, sino parte de un plan establecido que se ha venido cumpliendo a raja tabla desde 2014.

Hay, por tanto, un cerebro gris que dirige el procés desde el minuto uno y que curiosamente es uno de los tres investigados (junto a Marta Pascal y Neus Lloveras) que no está en la lista de procesados del juez Llarena porque, según fuentes judiciales, no ha tenido una participación directa en los hechos que se investigan: el ex presidente de la Generalitat Artur Mas.

Su inhabilitación concluye en un año. Mientras, se mueve en la sombra para emerger como el político sensato que necesita el nacionalismo

Fuentes del gobierno no dudan en señalarle como el inspirador y verdadero autor intelectual del procés. Y también como su beneficiario final. Hasta el punto de que en Moncloa se da por hecho que, finalmente, la presidenta de la Generalitat será una persona avalada por él. «El deterioro de la situación, la imposibilidad manifiesta de nombrar a un candidato implicado en posibles delitos, llevará a la elección de alguien que no pueda ser inhabilitado, seguramente Elsa Artadi«, dice un alto funcionario.

Mas se ha movido siempre entre bambalinas. Fue interlocutor de Puigdemont frente a la patronal catalana, conciliador en los peores momentos de las relaciones entre ERC y el PDCat e incluso ha mantenido contactos con la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, encargada por Rajoy de la gestión política de la crisis catalana. Aunque, según fuentes solventes, la vicepresidenta lleva tiempo sin mantener contactos con políticos catalanes. Ha salido escaldada, explican, de los incumplimientos y falta de lealtad de personajes como Puigdemont o el propio Mas.

Mientras los Puigdemont, Rovira o Turull mueven el árbol, Mas será quien recoja las nueces»

El ex presidente de la Generalitat, inhabilitado por el TSJC como consecuencia de su responsabilidad en la convocatoria de la consulta del 9-N (otro genuino producto del Libro Blanco), sigue manejando los hilos del PDCat y espera que el desgaste de Puigdemont termine por devolver al partido heredero de CiU su protagonismo como eje central del nacionalismo en Cataluña.

La caída en desgracia de Rull, Turull, etc. le convierten en un referente necesario para la recomposición del independentismo de centro derecha, aunque para ello, ahora haya que dar un táctico paso atrás hasta recuperar las instituciones. Mas no ha renunciado a volver, ni mucho menos. Ahí le teníamos en el Pleno de investidura o ayer mismo en el Pleno reconvertido por obra y gracia del president Torrent. Su actividad fundamental sigue siendo la política y su inhabilitación para ejercer cargos públicos concluye justo dentro de un año.

Lo que se ha visualizado en estos últimos meses de procés es la falta de sintonía entre los grupos que conforman el bloque independentista. Un miembro del gobierno bromeaba el viernes tras conocerse la fuga a Suiza de Marta Rovira: «Los de ERC les han devuelto la jugada a los de JxC: la huida de Puigdemont provocó la cárcel de Junqueras y ahora la de Rovira ha supuesto la caída de Turull». Por no hablar de la relación imposible con la CUP, partido sin el que ERC y JxC no tienen mayoría absoluta en el Parlament y que condiciona con sus cuatro diputados el margen de maniobra del independentismo al llevarlo a extremos casi antisistema.

El barullo, las peleas internas, el fanatismo y la falta de realismo llevan al independentismo a un callejón sin salida

El barullo, las peleas internas, el fanatismo y la falta de realismo de algunos de su dirigentes (caso de Puigdemont) llevan al independentismo a un callejón sin salida del que Mas puede emerger como el hombre sensato capaz de poner un poco de cordura en el procés pero, eso sí, sin traicionarlo del todo.

En ese sentido, al inspirador del Libro Blanco le viene bien la deriva caótica en la que se ha adentrado el independentismo. Adaptando a la realidad catalana un viejo dicho del histórico líder del PNV, Xavier Arzalluz, mientras los Puigdemont, Rovira o Turull mueven el árbol, Mas será quien recoja las nueces.