En los últimos meses he tenido la oportunidad de asistir a un programa de formación para emprendedores de la Comunidad de Madrid. No me concedieron ningún título de Máster. Sin embargo, me confirmaron que solo en el diccionario éxito va antes que trabajo. Me llamó poderosamente la atención que en la apertura de la jornada de cierre el ponente se tirara media hora hablando de subvenciones. Si estás en esta circunstancia puedes conseguir el 50% de no se qué, si en la otra el 80% de no sé que más, si eres mayor, si eres joven, si eres mujer, si tus circunstancias han sido tales o cuales.

No me malinterpreten, me parece fantástico todo lo que sea favorecer el emprendimiento, la iniciativa privada, las nuevas ideas… Pero yo pensaba que el orden era el contrario. Primero se tiene una idea de un producto o servicio. A partir de ahí se trabaja en los recursos necesarios, capital, deuda, socios, empleados, clientes, etcétera. Partiendo de esa idea se tendrá que buscar qué tipos de ayudas hay disponibles. Lo triste, es que creo que la conclusión que yo saqué es consustancial a la naturaleza del homo hispanicus. Primero busquemos la subvención a fondo perdido y después ya pensaremos qué hacemos.

En esto del emprendimiento hay hoy en día mucho glamour, mucho flipado tecnológico, mucho marketing digital, mucho landing page, mucho SEM, SEO o la madre que lo parió. Como soy antiguo yo igual lo veo más fácil: idea/producto, clientes, recursos necesarios para producir y vender ese producto o servicio. Y la competencia. Cierto es que ahora hay un canal nuevo que se llama internet y que multiplica la potencial capacidad de llegada a clientes del nuevo negocio.

Primero se tiene una idea de un producto o servicio y a partir de ahí se trabaja en los recursos necesarios y las ayudas

No hemos cambiado tanto, ya lo habíamos visto antes; unos cazan subvenciones, otros obtenían prejubilaciones fantásticas, otros viven del PER, y otros compran empresas por menos dinero del que hay en caja. Este país esta lleno de audaces emprendedores. Sobran los Amancios Ortegas o Steve Jobs.

Hablando de audacia, hace unos días el ínclito Pedro Sánchez presentó su propuesta alternativa a los presupuestos. Básicamente anuncia impuestos y más impuestos. Para las rentas altas, la gran empresa y el ahorrador. Sucesiones y donaciones. Viva la doble imposición. Subirá el máximo del IRPF al 52%. Es decir, un señor que gane mucho dinero, permítanme la expresión, va a pachas con el estado. Eso solo teniendo en cuenta los impuestos directos, que si consideramos los indirectos la presión fiscal sube muchísimo más. No me parece justo, es un saqueo y una aberración, como lo es el impuesto de sucesiones y su asimetría entre Comunidades Autónomas.

No tuvimos suficiente con el plan E, sino que algunas mentes preclaras en vez de fomentar el trabajo, el ahorro, la inversión y el emprendimiento se centran en aumentar la presión fiscal, que lo que termina consiguiendo es aminorar el crecimiento de la economía, destruir empleo y termina en recesión, con la consiguiente menor recaudación y mayor déficit público.

Aumentar la presión fiscal, aminora el crecimiento económico, destruye empleo y termina en recesión

Reduzcan el número de chupópteros que viven a costa del Estado, eliminen diputaciones, cárguense el Senado, lleguen a acuerdos para los próximos veinte años en educación y pensiones, erradiquen el fraude fiscal, ayuden al ciudadano, cuiden el sistema de bienestar social, faciliten la vida al ciudadano, a las empresas, dejen la demagogia en casa y no nos mareen, que estamos hartos de ustedes señores políticos. De los de un lado y de los del otro. No lo digo yo, lo dice el CIS.

No quiero terminar sin aplaudir esa proliferación de programas de formación para los emprendedores. Es muy duro ser emprendedor, no todo el mundo sirve para ello y todo lo que sea ayudar a esos héroes que se enfrentan al papel en blanco que es montar un nuevo proyecto disponen de toda mi admiración. Sobre todo, esos pequeños empresarios que, ilusionados por su idea, de la que saben mucho, se enfrentan no sólo a la competencia y a los clientes, sino a algo habitualmente mucho más complejo y desconocido para ellos como son la burocracia, la fiscalidad, las nóminas, la complejidad de las leyes, las finanzas, etcétera. Si se cree y se trabaja, se puede. Orgullo, valor y garra. Suerte.