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Por qué se llaman La Manada, conviene recordarlo

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Por qué se llaman La Manada, conviene recordarlo

Protestas por la sentencia contra la Manada en el Palacio de Justicia de Pamplona. EFE

Resumen:

A los cinco acusados de la violación múltiple en San Fermín los conocemos como La Manada porque ese era el nombre, conviene recordarlo, que ellos mismos le pusieron al grupo de WhatsApp en el que hace dos años planeaban sus violaciones. Ellos sí que usaban ese término repetidamente en su viaje a Pamplona, una palabra de la que el Tribunal los absuelve en su sentencia.

“Llevamos burundanga? (…) Para las violaciones”, escribía en aquel chat, conviene recordarlo,  uno de los condenados por abuso, que no por violación. Otro añadía: “Hay que empezar a buscar el cloroformo, los reinoles, las cuerdas… para no cogernos los dedos porque después queremos violar todos”. El Tribunal no aceptó estos mensajes como prueba, conviene recordarlo.

La Manada hablaba de violación en su grupo de WhatsApp, conviene recordarlo ahora que el Tribunal los absuelve de ello

Reinoles, en el argot, es el nombre con el que se conoce el Flunitrazepam, un fármaco hipnótico. Y violadores, conviene recordarlo, el nombre de quienes abusan sexualmente de sus víctimas. Hasta los agresores lo llaman así. Pero debe de ser solo en el argot, porque según la sentencia, La Manada no violó. Según sus propias palabras era exactamente lo que tenían previsto hacer estos agresores, por diversión, en San Fermines. Los jueces no lo han visto así.

El Tribunal de Navarra ha condenado a los cinco sevillanos a 9 años de prisión, en vez de a los 22 años que pedía la Fiscalía, “por abuso sexual continuado”. No ven los jueces que La Manada ejerciera ni violencia ni intimidación en aquel cuarto de hora en el que le dijeron a la víctima que se callara al meterla en un portal donde los cinco la penetraron repetidamente por todos sus orificios. Todo esto, conviene recordarlo, son hechos probados según la sentencia. La misma que no considera nada de esto una violación.

Uno de los magistrados de la Audiencia Provincial de Navarra, Ricardo González, ha emitido además un voto discrepante. No solo no ve violación, ni siquiera abuso. “La expresión de su rostro es en todo momento relajada y distendida y, precisamente por eso, incompatible a mi juicio con cualquier sentimiento de miedo, temor, rechazo o negativa”. González no está juzgando con esto a La Manada, sino a la víctima.

Una Justicia que para creer a la víctima le pide que se juegue la vida no puede considerarse tal

González puede juzgar la cara de la víctima porque La Manada grabó “el abuso sexual continuado” con el móvil para regocijo del grupo homónimo de WhatsApp que los alentaba. Y cuando terminaron de hacer todo eso que el Tribunal no llama violación, dejaron a la víctima allí desnuda, tirada en el portal en estado de shock. Le robaron el móvil para que no pudiera pedir ayuda y en el hospital, al que llegó ayudada por la Policía, comprobaron que sufría lesiones compatibles con una violación. Conviene recordarlo.

Nada de esto ha sido suficiente para que el Tribunal considerara que la víctima de La Manada sufrió una violación. No hay, por lo visto, suficiente violencia ni resistencia por su parte. “No hablé, no, no, no grité, no hice nada”, reconocía la propia víctima durante el juicio. Ella misma le dijo al Tribunal que mientras todo esto sucedía ella cerró los ojos “pensando en que se acabara”. Y quedarse callada, conviene recordarlo, no parece suficiente para considerar que un abuso es violación. Ni cinco contra uno suficiente intimidación.

Cuando quieren robarte, conviene también recordarlo, la policía recomienda que no te resistas porque la víctima corre peligro si muestra resistencia. Pero si lo que quieren es violarte, leyendo la sentencia de #LaManada, no se te ocurra cerrar los ojos y quedarte callada. Parece que la ley necesite que nos enfrentemos a toda costa a los agresores para que luego los jueces puedan considerarlo violación. Aunque resistirse nos ponga en más riesgo.

Una Justicia que para creer a la víctima le pide que se juegue la vida no puede considerarse tal. Conviene recordarlo.