El recorte de las previsiones de crecimiento de la economía mundial por parte de la Comisión Europea para 2019 (4 décimas, del 3,9% al 3,5%) avala la tesis de que “lo mejor del ciclo económico mundial” ha quedado atrás. No es un diagnóstico nuevo, sino que es una tendencia observada ya, al menos, desde finales de verano.

La OCDE (septiembre) y el FMI (octubre) revisaron a la baja las previsiones, recogiendo el deterioro de los indicadores económicos y la intensificación de factores de riesgo como el endurecimiento de la política monetaria en EEUU, el menor crecimiento de China, la pérdida de dinamismo del comercio mundial o el encarecimiento del petróleo. Como es obvio, las instituciones privadas han recortado también sus expectativas. Y los mercados financieros lo han hecho aun en mayor intensidad, a tenor de la caída del valor de mercado de las acciones cotizadas: 14 billones de dólares (un 16%).

Si en la corrección de las bolsas de finales de enero reconocí que tras ella había más factores técnicos que fundamentales (como comenté en un artículo anterior), ahora se debe advertir de que pesa cada vez más el recorte de previsiones del crecimiento del PIB, de que ponderan más los “fundamentales”. El foco de atención vuelve a girarse hacia la macro y la desaceleración en la que ya estamos inmersos.

Ya no es debatible el punto de inflexión, sino el ritmo al que vamos a perder tasa de crecimiento

Insisto: creo que ya no es debatible el punto de inflexión, sino el ritmo al que vamos a perder tasa de crecimiento. ¿Las dificultades? Las de siempre, las limitaciones de los modelos econométricos, en especial en las fases de pérdida de dinamismo. Crisis posteriores han sido una cura de humildad para los economistas y las intenciones de predecirlas.

Las dificultades son ahora todavía más acusadas si tras este punto de inflexión encontramos elementos diferenciales y novedosos. Nos referimos al factor de riesgo político, a la emergencia de mandatarios situados en los extremos ideológicos y que comparten ideas contra la globalización y el comercio mundial y a favor del proteccionismo.

Evolución de la capitalización de las bolsas mundiales

Uno de los dos motores del crecimiento económico de los últimos años ha sido la globalización (el otro, la tecnología) con claros efectos positivos sobre la renta per capita media y el nivel de bienestar. Sí, es verdad, como principal crítica se puede apuntar a que sendas megatendencias han provocado aumentos de las desigualdades entre países y, dentro de estos, en función del nivel de renta y edad. Tres ejes de aumento de desigualdad en el que los mensajes políticos más extremos encuentran votantes desencantados que piden un retroceso. Sería un grave error implantarlo: todos saldríamos perdiendo.

La evidencia sobre el avance en el nivel de renta y bienestar medio de la integración y de la tecnología es contundente. Y si se han producido desigualdades, instruméntense mecanismos compensatorios mediante, por ejemplo, políticas fiscales solidarias… ¡pero no se ponga fin a dos de los más potentes motores de crecimiento: la globalización y la tecnología!

La evidencia sobre el avance en el nivel de renta y bienestar medio de la globalización y de la tecnología es contundente

Si un punto de inflexión económico es ya, por sí sólo, todo un reto de predicción para los economistas, en esta ocasión la tarea se dificulta por la dependencia de acontecimientos políticos en diversos países relevantes. El riesgo de que se tomen decisiones equivocadas es alto y, en caso de que se materialicen en un escenario económico negativo, el margen de actuación de la política fiscal y monetaria es muy limitado.

A los inversores (y a sus clientes) no les gustan estas incertidumbres, sobre todo por la constatación de que existe un “escenario de cola” es decir, el riesgo de que se produzca una nueva crisis económica. El hecho de que la última fuera tan intensa también condiciona las decisiones de los agentes. Pero en economía no todo es blanco o negro. La escala de grises es muy amplia y, de momento, no debe cundir el pánico. Y, de forma adicional, se debe confiar en que las ideologías más extremas no se impongan.

Por ello, consideramos que es excesiva la corrección a la que hemos asistido en la renta variable y, en especial en los sectores growth (esto es, los que soportan unas valoraciones más altas en mayores expectativas del crecimiento de los beneficios). Ahora bien, se debe advertir de que ha regresado la volatilidad. En este sentido, el rango de variabilidad observado en las cotizaciones en las últimas semanas es “normal”.

Aquel inversor que se asuste por estos movimientos debe de ampliar su “horizonte de visión” (esto es, la frecuencia con la que revisa el valor de sus inversiones). Así son los mercados financieros: ante perturbaciones positivas o negativas reaccionan con una intensidad en precio muy superior. Los mercados no son eficientes y esta es una demostración más, como defienden, entre otros, dos premios Nobel (Shiller y Thaler).


David Cano es socio de Analistas Financieros Internacionales (AFI)