El nuevo acto de agresión perpetrado por la Federación de Rusia contra Ucrania el 25 de noviembre de 2018 en el estrecho de Kerch ya ha recibido valoraciones adecuadas de parte del Gobierno de España, los gobiernos de otros países de la Unión Europea, en particular Alemania y Francia, así como Estados Unidos, Canadá y muchísimos otros Estados. Prácticamente todos han condenado el ataque de la Marina de Guerra rusa contra un remolcador y dos otros barcos ucranianos.

Por esto quisiera en unas breves líneas ofrecer mi visión sobre el porqué del rechazo unánime internacional de las explicaciones que canta Rusia sobre su nueva agresión armada contra Ucrania. A mi parecer, este rechazo demuestra sobre todo que el mundo está harto de las mentiras, fraudes, traiciones y engaños que siembra Rusia.

El rechazo internacional demuestra, sobre todo, que el mundo está harto de las mentiras, fraudes, traiciones y engaños que siembra Rusia”

Entendemos como un fraude garrafal la actitud de Rusia hacia los compromisos que asumió al firmar en diciembre de 1994, con Ucrania, EEUU y Reino Unido el Memorándum de Budapest sobre las Garantías de Seguridad para Ucrania que cedió su arsenal nuclear, el tercero más grande del mundo. Conforme a este acuerdo político, Rusia asumió la obligación de “respetar la independencia y la soberanía y las fronteras actuales de Ucrania”.

También reafirmó “su obligación de abstenerse de amenazar o recurrir a la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de Ucrania, y que ninguna de sus armas será jamás utilizada contra Ucrania salvo en caso de defensa propia o en otro caso conforme con la Carta de las Naciones Unidas”.

Sin embargo, en violación flagrante del Derecho Internacional Rusia, por medio de una agresión armada, ocupó ilegalmente en marzo de 2014 una parte del territorio soberano de Ucrania, la República Autónoma de Crimea.

Durante largo rato Rusia negaba que los “hombrecitos verdes”, que invadieron entonces el territorio ucraniano, eran sus soldados y recién después de transcurrir mucho tiempo reconoció que mentía sobre la involucración de las Fuerzas Armadas suyas en el robo de Crimea.

Luego Rusia desencadena una guerra en otra parte de Ucrania, la de Donbás, y de nuevo miente que no hay tropas rusas allí. Sin embargo, ya hay suficientes evidencias de que no son “operadores de tractores” rebeldes ni “mineros” locales, los que libran lucha contra Ucrania manejando carros de combate y sistemas de misiles sofisticados, sino son efectivos del Ejército Ruso.

El colmo de las macabras mentiras del régimen de Moscú, destinadas a ocultar sus crímenes, fue la negativa a reconocer que el derribo del vuelo MH17 de Malaysia Airlines y la muerte de todos sus 298 pasajeros y tripulantes, en la región ucraniana de Donetsk ocupada por Rusia, fue realizado por un misil de las Fuerzas Armadas rusas.

La propaganda rusa engendraba una versión tras otra (¡todas falsas!) en su afán de rechazar la autoría de aquel crimen. Además, Rusia fue el único país que votó en el Consejo de Seguridad de la ONU en contra de la creación del Tribunal Internacional sobre el MH17.

Para justificar su violento ataque contra tres naves pequeñas de Ucrania en el estrecho de Kerch Rusia de nuevo esgrime una mentira diciendo que aquellas naves violaron la frontera estatal de la Federación de Rusia. Pero la evocación de este argumento es a priori ilegítima.

Las reivindicaciones de la Federación de Rusia con respecto a las aguas territoriales de Ucrania fueron consideradas ilegítimas por la Asamblea General de la ONU y son fundamento para la introducción de sanciones contra la Federación de Rusia por parte de Ucrania y nuestros socios: Estados Unidos, la Unión Europea, Canadá, etc.

Rusia intenta encubrir la operación militar de ‘privatizar’ todo el mar de Azov y crear condiciones para organizar el bloque naval de los puertos de Ucrania”

Las mentiras de Rusia no se acaban en esto, pues el ataque de su Marina de Guerra contra las naves de Ucrania como represalia por una supuesta violación de la frontera estatal no es otra cosa que un intento de encubrir la operación militar de privatizar todo el mar de Azov y crear condiciones para organizar el bloqueo naval de los puertos marítimos de Ucrania en el mar de Azov.

La expectativa de Rusia es obvia: el mundo le permitió crear un enclave suyo en Transnistria. Al ver la reacción muy moderada del Occidente, Rusia perpetró una agresión contra la integridad territorial de Georgia. Luego ocurre la ocupación de Crimea y de Donbás ucranianos. Y ahora los apetitos de Rusia llegan hasta la usurpación del mar de Azov. ¿Qué otra jugada del agresor ruso obligará a la comunidad internacional recordar los acontecimientos que desencadenaron la II Guerra Mundial?

Hay que poner fin a la política expansionista de Rusia en el mismo corazón de Europa. ¡Ojalá no sea demasiado tarde!


Anatoliy Scherba es Embajador de Ucrania en España