Primero fue Jerome Powell, ahora es Mario Draghi. Los bancos centrales han claudicado a la presión del entorno y han parado su línea de acción programada para los próximos meses. La Reserva Federal ha adoptado una política de «esperar y ver», confirmada esta última semana, y el Banco Central Europeo ha reactivado su programa de liquidez bancaria LTRO. Ambas instituciones han confirmado los temores del mercado: la economía global inicia un periodo de desaceleración. No obstante, los mercados han celebrado con rotundidad la vuelta a una política monetaria laxa, pues se entiende que esta fase de desaceleración es transitoria. En breve, retomaremos la senda expansiva de crecimiento global.

Sin duda, el mensaje de los bancos centrales es confuso. En primer lugar, es contradictorio percibir un mensaje de fortaleza de los bancos centrales durante el año 2018, con sus perspectivas de largo plazo en juego, con un mensaje en 2019 de debilidad y miedo por los acontecimientos percibidos en el corto plazo y por la presión ejercida por las autoridades políticas (la presión ejercida a la Reserva Federal por parte de la Casa Blanca ha sido descarada).

Los mensajes de los bancos centrales no han sido muy tranquilizadores; parecen esconder una realidad peor de la que transmiten

En segundo lugar, los mensajes no son muy tranquilizadores. Mario Draghi expuso su discurso con un tono pesimista que, en ciertos momentos, parecía esconder una realidad peor de lo que en principio quería transmitir. Si, en efecto, la medida es transitoria para acomodar un evento aislado, entonces deberíamos preguntarnos por el denodado interés en justificar el éxito del programa de financiación de bancos y empresas como elementos transmisores de la política monetaria al resto de la economía.

Pero si el programa ha tenido éxito, por qué necesitamos retornar al uso de un nuevo tramo de financiación. Si se constata que la economía se desacelera, es factible pensar que la política monetaria no ha tenido todo el éxito esperado.

Quizás debamos volver a los principios básicos para vislumbrar dónde estamos:

1. La intervención económica ha servido para la salir de forma temporal de una crisis financiera, pero, como parece probable, sus medidas no han impulsado un crecimiento sano y robusto. El sector financiero ha utilizado la financiación para estabilizar sus cuentas y su función de transmisores de la política monetaria ha quedado a medio camino.

2. Su falta de acción en la economía real y la represión financiera sufrida por los ahorradores por los bajos tipos de interés ha aumentado el riesgo soportado por el sector privado en sus actividades de inversión y financiación.

3. El endeudamiento de grandes empresas se ha doblado en los diez últimos años y la deuda soberana ha seguido un camino similar.

Es probable que la desaceleración económica se explique, no tanto por el endurecimiento de la política monetaria ni por la guerra comercial entre China y Estados Unidos, sino por un descenso del consumo y la inversión con origen en una deficiencia económica estructural.

La desaceleración actual en Europa y Asia es un ejemplo que indica por dónde pueden venir los vientos. Quizás la debilidad actual no es tan temporal como reflejan las expectativas del mercado.


Javier Kessler es socio fundador de Kessler Global