“Está en el ánimo de todos que nuestras costas de Alicante pueden ser (…) un centro vacacional de categoría mundial en toda su longitud y aprovechando hasta el último metro de las mismas. La evolución y desarrollo de ellas nos hace prever que rápidamente se unirán todas las poblaciones y en una sola y , prácticamente, en unos pocos años será la costa alicantina una ciudad longitudinal de 210 kilómetros por una profundidad variable de 500 metros a un kilómetro y medio”.

Así recoge el profesor de la Universidad de Alicante, Manuel Alcaraz, en su libro Alicante especulación (ECU 2005), la propuesta de un hotelero alicantino, durante su intervención en foro económico en 1972, para estudiar la viabilidad de crear una ciudad en los 212 kilómetros (este es el dato del INE) de costa de la provincia. La propuesta incluía suministro eléctrico con dos centrales nucleares, trasvases de los ríos Ebro y Júcar, más la necesidad de crear entre 20 y 30 puertos deportivos. Una fantasía del desarrollismo patrio.

Pero nuestros sueños desarrollistas no se quedaron sólo en el plano de las ideas. Era cuestión de voluntad y de eso, Jesús Gil, tenía tanta como poco respeto por el medio ambiente. De su capacidad de generación de negocios inmobiliarios da buena cuenta El Pionero, la docuserie de HBO, siempre en la línea de ilegalidad, el polémico empresario dejó una herencia en Marbella (Málaga) que se puede medir. El municipio tiene el 90% de su costa urbanizada en los primeros 500 metros, sólo le supera El Finestrat (Alicante), pero esta localidad su línea de costa no llega a 300 metros, mientras que la localidad malagueña cuenta con 27 kilómetros.

Lametazo a lametazo las pagas extras de los madrileños y los vascos se distribuirían por una ciudad

La ensoñación del hotelero alicantino en los setenta era contar con una ciudad que recorriera la costa de Alicante en un espacio continuo en el que los veraneante pudieran perder sus miradas por el infinito mar desde cualquier punto de la provincia. Fascinados por la grandeza del Mediterráneo los veraneantes, comprarían viviendas, comerían en los chiringuitos y devorarían toneladas de helados alicantinos mientras paseaban por kilométricos paseos marítimos. Lametazo a lametazo las pagas extras de los madrileños y los vascos que veranean en la provincias se distribuirían por una ciudad, según los cálculos del hotelero, de dos millones de habitantes y 210 kilómetros de longitud.

Qué estrechez de miras, qué provinciano el hotelero, cuando la costa mediterránea, desde Punta de Europa a frontera con Francia, tiene 2.073 kilómetros. Para desgracia de los ecosistemas de nuestra costa, la realidad se ha terminado pareciendo bastante a las ideas de los pioneros de turismo. El 36,5% de la línea de playa de España está urbanizada y más de un tercio de los ecosistemas colindantes han sido destruidos por la acción humana, según el estudio A toda costa 2019 del Observatorio de Sostenibilidad para Greenpeace. Casi tres cuartas partes de la línea de playa de la Comunitat Valenciana están urbanizadas, 74,3%, la primera comunidad autónoma con el litoral más urbanizado.

En este estudio destaca que el litoral cantábrico, mucho menos explotado urbanísticamente, es a la vez el menos protegido. Asturias, Cantabria, Galicia y Euskadi tienen muchos espacios verdes, pero no los tienen protegidos. Ya hay quien hace cábalas desarrollistas con un cantábrico en el que cada año se supera el número de días con el agua a una temperatura superior a los 20º.

Según A toda costa 2019, en los presupuestos generales del Estado de 2018 el 93% de las inversiones de dinero público en la costa se centra en renovar y construir paseos marítimos y la regeneración de arena de playa, mientras que la conservación del litoral sólo recibe el 7% restante. Así que el único mimo posible para la costa parece ser es que le caiga un paseo marítimo.

En esto Marbella sigue creando escuela. El paseo marítimo de la ciudad cuenta con 15 kilómetros y tiene previsto que los 27 kilómetros de costa terminen conectados, según recientes promesas electorales, para que los peatones continúen dando lametazos a helados y quitándose el estrés con la mirada perdida en el mar. Faltan pocos años para que los humanos serán las única especie en el litoral y la antropología la única ciencia para estudiar los ecosistemas de nuestra costa.