Los grandes bancos tradicionales históricamente han vendido a sus clientes sus productos de inversión sin alinearse con ellos, sin hacer el ejercicio de plantearse cuáles son los que mejor
encajarían con su perfil. Antes de que el cliente entre por la puerta, antes de preguntarle siquiera su nombre, ellos ya saben qué producto le van a ofrecer: el que más les interesa a ellos como entidad.

Es más, ahora, con los nuevos canales de Internet, ni siquiera es necesario que el cliente vaya a la sucursal para que le lleguen sus ofertas de productos financieros, fondos, préstamos, cuentas especiales o seguros. Lo cierto es que estamos tan acostumbrados a ver por todas partes publicidad bancaria que nuestros sentidos se han «hecho al ruido».

Cuando entramos en la sucursal vamos mentalmente protegidos para que no nos vendan nada —siete de cada diez millennials prefieren ir al dentista antes que al banco, según Forbes—, y cuando navegamos por Internet nuestros ojos apenas se fijan esos banners, pop-ups, faldones y columnas laterales que nos dicen cómo podemos hacernos ricos.

Somos unos ninjas de los anuncios bancarios, estamos mentalmente entrenados para esquivarlos. Y si no, prueba a intentar recordar cuál es el último anuncio de tu banco que has visto… ¿A que no lo has conseguido?

Tiene sentido que los bancos cobren comisiones, pero el problema viene cuando se convierten en su única vía para ganar dinero

La siguiente pregunta sería, ¿por qué pasa esto? ¿Cómo funciona un banco por dentro para que nos intenten vender lo que sea? Los bancos tienen diferentes formas de ganar dinero. Tradicionalmente, su principal fuente de ingresos procedía del negocio de captar y prestar dinero: captar dinero de ahorradores y prestárselo a gente que lo necesita, a cambio de asumir por ello un interés. Pero actualmente, los tipos de interés son tan bajos que este negocio apenas les da dinero, lo que les ha obligado a buscar otras fuentes de ingresos. Y haciendo ese ejercicio han llegado a las comisiones.

Tiene sentido que los bancos cobren una comisión —unos honorarios— por los servicios que prestan, pero el problema viene cuando las comisiones se convierten en su única vía para ganar dinero. Por eso, si analizamos la situación actual que atraviesan los bancos, entendemos que nos recomienden comprar los productos que les interesan a ellos y no los que nos interesan a nosotros.

Con esto no queremos decir que los bancos no tienen buenos productos, pero en estos momentos para ellos es más importante vender algo fácil, rápido y con una comisión interesante que «perder el tiempo» haciendo un análisis más en profundidad de lo que realmente necesita su cliente. Y a los hechos me remito. Estos son los cinco fondos de inversión más vendidos de España, cinco fondos que por sí solos aglutinan a más de 1,2 millones de inversores:

  • Quality Inversión Conservadora – 295.000 partícipes
  • Caixabank Monetario Rendimiento – 300.000 partícipes
  • Caixabank Ahorro – 226.000 partícipes
  • Caixabank Renta Fija Flexible – 238.000 partícipes
  • Bankia Soy Así Cauto – 160.000 partícipes

Lo razonable sería pensar que, si tienen tantos inversores, es porque son los mejores productos, pero nada más lejos de la realidad, pues lo cierto es que están registrando un pésimo comportamiento. Si tienes tu dinero en uno de estos fondos es que no estás bien asesorado, simplemente te han vendido un producto que tenían en campaña.

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Como se puede ver en la tabla, todos los fondos tienen una rentabilidad anual por debajo del 1% en los últimos cinco años, y en dos casos la rentabilidad es negativa. Estar invirtiendo en productos que en un plazo de cinco años pierden dinero contra la inflación y encima tienen comisiones no es eficiente. Es un alto coste de oportunidad.

Las entidades consiguen sin esfuerzo que más de 1,2 millones de personas inviertan en productos que sólo son rentables para ellas

En definitiva, las entidades financieras tienen un gran poder comercial, consiguen sin esfuerzo que más de 1,2 millones de personas inviertan en productos que sólo son rentables para ellas. Pero está en nuestras manos no dejarnos engañar.

Simplemente analizando los productos de tu propio banco encontrarías mejores oportunidades que las que te intentan «colar» en su beneficio. Nuestra recomendación sería construir una cartera compuesta por varios de los fondos que puedes encontrar en el catálogo de tu propio banco, pero que ellos no te van a recomendar.

La cartera debe estar ajustada a tu perfil de riesgo global como inversor y diversificada tanto por zonas geográficas como por tipos de gestión. Y si no te ves con los conocimientos financieros suficientes para realizar este análisis por tu cuenta, siempre puedes buscar la ayuda de expertos. Hoy día, gracias a los robo-advisors, no hace falta tener un elevado patrimonio para contar con un servicio personalizado de asesoramiento que te guíe hacia los mejores productos de inversión de acuerdo con tus circunstancias y necesidades y que destaquen por su buen comportamiento en el mercado.


Miguel Camiña es confundador de Micappital