“Dios mío, ¡está lleno de estrellas!” es una de las frases más impactantes que hayan sido nunca pronunciadas en una película. Aparece en 2010: Odisea 2, la secuela de 2001, una odisea del Espacio, una obra de culto de la ciencia ficción a mayor gloria de su hosco director, Stanley Kubrick.

El enigmático y omnipresente monolito que aparece y desaparece en el tiempo y el espacio durante el largometraje y que nadie sabe ni qué es ni para qué sirve, resulta que está lleno de estrellas.

Pero las estrellas no son un negociado exclusivo del espacio, de la ciencia ficción, de los platós cinematográficos ni de los hoteles de relumbrón o los restaurantes más privativos del planeta. En el ámbito de los fondos de inversión también han sido utilizadas por la industria como sello certificador de su presunta calidad así como indicador para garantizar los resultados de estos instrumentos.

A nadie se le escapa que, en el momento de conformar una cartera de inversión, un inversor sin elevados conocimientos financieros va a preferir el fondo más galardonado respecto al que aún no ha sido laureado y no luce junto a su nombre más que un puro vacío estelar. Cosa del todo natural, en el caso de un lego, pero chocante cuando es utilizada por los profesionales como supuesta guía o criterio válido para invertir.

A la constelación de estrellas que gravitan en torno a un fondo de inversión, les sucede exactamente lo mismo que a sus rentabilidades pasadas, que no garantizan su rentabilidad futura. Desde un punto de vista puramente comercial dan esplendor y brillo pero no garantizan desempeños destacados en el futuro.

Las estrellas de los fondos dan esplendor y brillo desde un punto de vista comercial, pero no garantizan desempeños futuros

Desde hace ya décadas, básicamente todos los estudios y análisis que se han ido publicando sobre este tema coinciden en buena medida en sus conclusiones. La principal es que no se observa consistencia, es decir, que fondos con muy buenas rentabilidades pasadas dentro de su categoría de inversión no tienen un mejor desempeño futuro en términos agregados o medios que el resto de fondos con rentabilidades medias.

En un corto período de tiempo el fondo general de cinco estrellas puede ser degradado a coronel cuando no a suboficial en una especie de reversión a la media ineludible; como lo es la ley de la gravedad. Esta reversión supone que los fondos con rentabilidades muy destacadas dejan de tenerlas tras un periodo y se dirigen hacia resultados más corrientes o medios y que algunos fondos con rentabilidades medias o incluso por debajo de la media en un periodo, luego pueden situarse entre los que registran mejores rentabilidades.

Por ello, sin quitar mérito a las entidades que elaboran y califican la infinidad de productos del cosmos financiero a golpe de ratios econométricos que ponen las rentabilidades de los fondos en el contexto de referencias y riesgos asumidos por éstos, la conclusión es que carecen de valor predictivo.

El sistema de ratings con estrellas no puede ni pretende aportar conclusiones sobre qué fondos de inversión van a ser mejores. Es un punto de partida en el proceso de evaluación de opciones para el inversor que ayuda a tener una perspectiva sensata de qué comportamiento ha tenido un fondo de inversión en su pasado, y puede ser una herramienta útil a la hora de estructurar una cartera para el futuro pero sin garantías absolutas.

Todos estos análisis y estudios están basados en resultados medios y distintas agrupaciones del universo completo de fondos. Sin dejarnos deslumbrar por el brillo de sus estrellas, lo que se debe hacer es intentar identificar factores comunes a ese tipo de fondos para, precisamente, conseguir lo que todo inversor busca: una probabilidad lo más elevada posible de seleccionar aquellos fondos que van a tener un buen desempeño futuro.

No queda otra que conjugar el puro análisis cuantitativo con el análisis de calidad o cualitativo de estos productos

Para ello no queda otra que conjugar el puro análisis cuantitativo con el análisis de calidad o cualitativo de estos productos. O lo que en el argot profesional, todos conocemos como due dilligence.

Es justamente el análisis cualitativo el que hace que un fondo quíntuplemente adornado con sus resplandecientes estrellas no acabe en un corto período de tiempo más cerca de agujero negro que de constelación de referencia.

Los factores que conforman este análisis son múltiples destacando entre ellos los más inmediatos y evidentes: experiencia, continuidad y cohesión del equipo gestor; alineación con los intereses de los inversores; procesos de inversión sólidos respaldados por amplios recursos; disciplina inversora y de convicción; gestión de riesgos independiente del equipo gestor; cultura de gestión de activos; independencia de grupos financieros o bancos dependientes; transparencia y calidad de la información que se ofrece a los inversores y al mercado, etcétera.

Si se conjugan todos estos factores es probable que el fondo cinco estrellas las mantenga, si no durante unos años luz sí durante unos cuantos años terrestres y por lo tanto las merezca lucir como indicativo de sus altas posibilidades de resultados positivos y consistentes en el tiempo. Pero siempre será la calidad la que va a primar sobre un puro ejercicio de análisis cuantitativo que solo puede ofrece una foto fija de un determinado momento -dulce- de un producto concreto.

Como decía arriba, los rankings a base de estrellas, no funcionan para conformar una cartera de fondos de inversión siempre positiva y eficiente, pero no son pocos los inversores que se jactan de sumar las estrellas de sus carteras para presumir de tener lo mejor de lo mejor en su portfolio inversor y que exigen a sus banqueros el incorporar a las mismas, el último producto à la mode de turno siempre que haya sido coronado por cinco estrellas como cinco soles.

Al conformar carteras de inversión conviene alejarse de enfoques puramente mercadotécnicos

Al conformar carteras de inversión que pretendan ser sólidas, consistentes y rentables conviene alejarse de enfoques puramente mercadotécnicos que nublen nuestra racionalidad. Las estrellas no siempre indican el mejor camino ni un destino feliz o deslumbrante y no son pocos los fondos estrella que se han estrellado en un corto transcurso de tiempo.

El fondo estrella debe ser el que muestra y obtiene resultados positivos y consistentes en el tiempo con independencia de calificaciones estéticas.

Con todas estas bases bien sentadas y pese a que cada vez conocemos mejor el universo de fondos de inversión con el que convivimos, un cielo estrellado siempre nos hará sentir perdidos en el infinito, por lo que en ese caso, conviene ser mucho más cautos y objetivos.

Las estrellas no pueden ni deben ser un criterio primordial que dicte la composición de una inversión en fondos pero, no nos engañemos, lo suelen ser. Y si no, hagan la prueba con su cartera – no necesariamente una noche de luna nueva- y, con alta probabilidad, puede que terminen exclamando: «Dios mío, ¡está llena de estrellas!».

Carlos de Fuenmayor es especialista en finanzas