Landelino Lavilla fue un hombre clave en el proceso de la Transición en el que tuvo un papel determinante. Letrado del Consejo de Estado, censor letrado del Tribunal de Cuentas, miembro del grupo Tácito, bajo el que se agrupaban varios hombres destacados, en su mayoría pertenecientes a la democracia cristiana que ejercieron una considerable influencia política en la España de los últimos años del franquismo, su primera aparición en la vida pública de la política española se produce seis días después de haber sido nombrado ministro de Justicia del primer gobierno de Adolfo Suárez.

En los últimos días del gobierno anterior, el presidido por Carlos Arias Navarro, las Cortes (todavía son las Cortes de Franco) aprueban una ley de Asociaciones para permitir la legalización de todas las que no están declaradas ilegales por el Código Penal. Hay que decir que a esas alturas, junio de 1976, los partidos políticos están todavía prohibidos. Pero queda pendiente de aprobar precisamente la reforma de ese Código.

El caso es que el Gobierno de Arias Navarro no se atreve a someter a votación la reforma del Código Penal, reforma que era imprescindible para poder legalizar a aquellas asociaciones políticas. La razón de ese temor está en que los procuradores franquistas sospechan que detrás de la reforma del C.P. puede estar agazapada la posibilidad de legalización del Partido Comunista, un partido por entonces clandestino. Así que el Gobierno no se atreve a seguir adelante y retira el proyecto.

Pocos días después el Rey le pide a Arias Navarro su dimisión y nombra a Adolfo Suárez nuevo presidente del Gobierno. Landelino Lavilla, recién nombrado por Suárez ministro de Justicia, defiende ante los mismos procuradores la reforma del Código Penal y gana la votación.

Recién nombrado por Suárez ministro de Justicia en 1976, Landelino Lavilla defiende ante los mismos procuradores la reforma del Código Penal y gana la votación

A partir de ese momento Landelino Lavilla se va a encargar de traducir en la práctica legislativa las iniciativas políticas del joven gobierno para iniciar el proceso de transición de España hacia la democracia. Lavilla elabora el primer decreto-ley de amnistía del 30 de julio de 1976, una reclamación largamente exigida por la oposición democrática pero que no la satisface plenamente porque excluye de ella a todos los que»hayan lesionado o puesto en riesgo la integridad física de las personas», lo cual incluye a los presos de ETA y también porque se mantiene la consideración de delito político, por ejemplo, la pertenencia al Partido Comunista, con lo cual se podía enviar de nuevo a la cárcel a aquellos miembros del PCE que acababan de ser amnistiados. A pesar de esas limitaciones, el indulto-amnistía elaborado por el ministerio de Landelino Lavilla tiene un efecto positivo y propicia un notable acercamiento político entre el gobierno y la oposición.

Landelino Lavilla tiene una intervención decisiva a la hora de introducir modificaciones en el anteproyecto de ley para la Reforma Política que a finales de agosto presenta Torcuato Fernández Miranda a Adolfo Suárez. Esa es la ley que abre la puerta que da paso al proceso de transición del franquismo a la democracia. Fue Landelino Lavilla junto con Alfonso Osorio el autor de la modificaciones en el prólogo de ese anteproyecto de ley que se iba a presentar ante los procuradores de las Cortes franquistas en el que se afirmaba por primera vez la soberanía de la voluntad popular. El prólogo fue finalmente retirado para facilitar el éxito de aquella arriesgada y difícil votación pero, para cuando eso sucede, aquel texto ya había cumplido su cometido político de empezar a mostrar a la oposición y a los españoles en general cuál es la voluntad del gobierno.

Siendo Lavilla ministro de Justicia somete al gobierno el decreto-ley -en aquel tiempo el gobierno de Suárez gobernaba a golpe de decretos- por el que desaparecía el famoso TOP, el Tribunal especial de Orden Público destinado por el régimen a perseguir y encarcelar a los miembros de la oposición democrática. Bajo su mandato se aprueba también la nueva ley de Partidos Políticos, que en el plazo de un mes inscribe como legales a todos los partidos que hasta entonces habían estado fuera de la ley, salvo al Partido Comunista, todavía ilegal.

En marzo de 1977 se aprueban las normas por las que habrían de celebrarse las primeras elecciones ateniéndose a la regla D´Hont, el sistema llamado de «mayoría media» que sigue hoy vigente en España.

Y en abril de ese año es Landelino Lavilla el encargado de pedir al Fiscal del Reino -lo que ahora es el Fiscal General del Estado- que convoque de urgencia a la Junta de Fiscales el Sábado Santo para que decida, en vista de que el Tribunal Supremo se ha abstenido de pronunciarse, si existe o no base jurídica para legalizar al Partido Comunista de España. Horas después el gobierno anuncia que el PCE es ya un partido legal en España.

A pesar de que Landelino Lavilla había sido durante ese intenso periodo político un puntal fundamental para el aval jurídico a la arriesgada operación política que estaba emprendiendo pero todavía no había consumado Adolfo Suárez, él asume, como todos los miembros de aquel gabinete, salvo Leopoldo Calvo-Sotelo por decisión del propio Suárez, el sorprendente compromiso aceptado por el presidente del gobierno ante la reclamación de la oposición, de no presentarse a las primeras elecciones libres de los últimos 40 años.

Pero eso no trunca su carrera política porque, ganadas las elecciones del 15 de junio de 1977 por UCD, Suárez le vuelve a ofrecer la cartera de Justicia. Autor del capítulo jurídico-político de los Pactos de La Moncloa, Landelino Lavilla es enseguida conocido como uno de los «barones», los jefes de las familias políticas del partido, en su caso de la familia democristiana.

Como ministro de Justicia es nombrado responsable del grupo parlamentario de UCD que en la Ponencia y en la Comisión Constitucional ha de elaborar la Constitución. Lavilla se hace cargo de los trabajos y lidera su elaboración hasta el mes de mayo de 1978 en que es sustituido por el vicepresidente Abril Martorell, encargado específicamente por el presidente de lograr pactar con el PSOE cuantos más artículos mejor, como así sucede. Lavilla queda a partir de entonces apartado en la práctica de esa tarea.

Bajo su ministerio se despenalizan en el Código Penal los anticonceptivos, se elimina el delito de adulterio y se rebaja la mayoría de edad de los 21 a los 18 años.

Tras las elecciones de marzo de 1979 es elegido por mayoría absoluta presidente del Congreso de los Diputados y es en ese momento cuando se produce el primer gran enfrentamiento con Adolfo Suárez, que decide suprimir el debate previo a la votación de su investidura como presidente del gobierno. Lavilla hace lo imposible por intentar convencerle de que está a punto de cometer el mayor error político de su vida y se producen agrios enfrentamientos entre ambos, pero su esfuerzo resulta inútil y fracasa en el intento.

Cuando Landelino Lavilla se ve obligado a ceder ante la decisión de su jefe político y da paso a la votación sin haber cumplido el previo debate en la Cámara se desata en el Congreso una protesta airada y generalizada. El escándalo es mayúsculo. El entonces presidente del Congreso no olvidará ya nunca el lamentable papel que, contra las más profundas de sus convicciones, se ha visto obligado a desempeñar. Eso sí, a partir de aquel día ejerció su cargo y desempeñó su papel con una imparcialidad exquisita que le valió una velada acusación desde las filas de su partido de favoritismo hacia la oposición.

Bajo su ministerio se despenalizan en el Código Penal los anticonceptivos, se elimina el delito de adulterio y se rebaja la mayoría de edad de los 21 a los 18 años

Con UCD ya en plena crisis, aunque todavía el deterioro interno no era del dominio público, formó parte de la llamada Comisión Permanente de la que formaban parte los «barones» excluidos del tercer y cuarto gobiernos. En aquellos momentos Landelino Lavilla estaba ya en la mente de muchos de ellos como posible sucesor de Adolfo Suárez. De hecho el propio Lavilla parece aceptar ese papel cuando en una conferencia en el Club Siglo XXI vierte serias críticas al presidente del gobierno a quien reprocha, sin citarle, que no asuma su liderazgo y que haya perdido la legitimidad política y moral para ejercer su cargo.

En julio de ese mismo año, 1980, asiste a una insólita reunión de los «barones» excluidos del gobierno en la que quedó bautizada como «la casa de la pradera» -una construcción propiedad del Estado en Manzanares el Real- en la que los presentes se lanzan a discutir, en presencia del propio Adolfo Suárez, su capacidad para el liderazgo, además de reflexionar sobre sus posible sustitución al frente del gobierno y de exigirle que comparta con ellos el poder.

A partir de entonces Suárez y Lavilla se distancian y cuando el presidente forma su quinto y que sería también último gobierno, deja fuera de él a Landelino Lavilla, que continúa como presidente del Congreso de los Diputados. En ese tiempo él se integra abiertamente en el sector de los llamados «críticos» puesto en marcha por Óscar Alzaga y al que se suma un nutrido grupo de diputados de UCD cada vez más opuestos a Suárez, Abril Martorell y Rafael Arias Salgado, por entonces secretario general del partido. Este de los «críticos» es un segundo grupo de disidentes, distinto del de los «barones» pero que contribuyen con la misma intensidad y dedicación a discutir el liderazgo político de Adolfo Suárez y a minar su base de apoyos.

Y eso se vio en enero de 1981 cuando, en vísperas del II Congreso de UCD, los «críticos» encabezan un movimiento que exige la democratización del partido y su representación proporcional en los órganos directivos. El documento es firmado por más de la tercera parte de los comisarios al Congreso y Landelino Lavilla, a quien los «críticos» también quieren tener como líder y sucesor de Suárez, se suma públicamente al manifiesto.

El día 29 de enero de 1981 Adolfo Suárez presenta a la nación su dimisión como presidente del gobierno. Durante la reunión del Comité Ejecutivo de UCD, convocada previamente a ese anuncio por parte del propio Suárez para comunicar a sus compañeros su decisión de renunciar a la presidencia, el nombre de Landelino Lavilla vuelve a ponerse sobre la mesa como posible sucesor del dimisionario. Pero él se opone rotundamente esgrimiendo su condición de presidente del Congreso, un desempeño que va a resultar imprescindible en un momento tan delicado.

En la votación secreta que tiene lugar a continuación, quien sale elegido como sucesor a la presidencia del Gobierno es Leopoldo Calvo-Sotelo. Landelino Lavilla se abstiene.

En el transcurso del Congreso de UCD, celebrado en Palma de Mallorca, Suárez confirma su anunciado propósito de dimitir también como presidente del partido. Es el 7 de febrero de 1981. Landelino Lavilla compite entonces con Agustín Rodríguez Sahagún por la presidencia de UCD. Pronuncia un discurso defendiendo su candidatura realmente brillante pero la militancia demuestra no ser sensible a tanta altura y tanta fineza intelectual y gana por goleada Rodríguez Sahagún.

Pocos días después, el 23 de febrero y en plena votación para la investidura de Calvo-Sotelo como presidente del gobierno, el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero asalta el Congreso al mando de una fuerza compuesta por 16 oficiales y 16o suboficiales y guardias civiles. Landelino Lavilla asiste estupefacto al ataque de los golpistas pero no abandona la dignidad que le confiere su cargo, de la que no se apea en ningún momento.

Incluso llega a ofrecerse al golpista como rehén, junto a los miembros de la Mesa de la Cámara, a cambio que que se permita la salida en libertad del Gobierno y del resto de los diputados. Cuando pasadas las 11 de la mañana el golpe fracasa, Tejero manda salir a los diputados secuestrados, el presidente del Congreso le corta secamente: «Un momento, la policía del Congreso la ordeno yo».*

En julio de 1982, en pleno descalabro del partido y con la oposición rotunda de Adolfo Suárez, que amenaza con abandonar UCD (cosa que ya tenía previsto hacer para fundar otro partido) si Landelino Lavilla asume la presidencia, éste es elegido con tan sólo el 60% de los votos del Consejo Político.

Tres meses más tarde del fracaso electoral de UCD, renuncia como presidente del partido y cierra su intervención con una sola palabra pero cargada en aquel momento de significado: «Adiós». Nadie le sustituye en el cargo

El desmoronamiento de UCD está a la vista de todos. Baste decir que cuando Lavilla asume en un gesto heroico la presidencia del partido, nada menos que 23 diputados de la formación la han abandonado ya.

Convocadas las elecciones generales para octubre de 1982, Lavilla hace la campaña electoral con más entusiasmo del que cabría esperar habida cuenta del estado terminal de un partido que camina directo hacia la muerte. Aun así, él se opone con uñas y dientes a quienes defienden un pacto con la Alianza Popular de Manuel Fraga para intentar obtener un número digno de votos. El 28 de octubre UCD, el partido que había pilotado con éxito indiscutible la Transición, obtuvo 11 diputados, apenas un millón y medio de apoyos.

Tres meses más tarde Landelino Lavilla renuncia como presidente del partido y cierra su intervención con una sola palabra pero cargada en aquel momento de significado: «Adiós». Nadie le sustituye en el cargo. Los últimos que salen apagan la luz y UCD se muere sin acta de defunción.

Landelino Lavilla, que encarna como pocos aquel periodo extraordinario en que el país entero vivió una auténtica resurrección, regresó a su puesto de letrado en el Consejo de Estado. En la actualidad era miembro permanente de esta institución, a la que nunca dejó de aportar su sabiduría jurídica y su sentido del Estado del que fue un rendido servidor durante toda su vida.

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*NOTA: Acepción 2ª de la RAE: policía entendida como «buen orden que se observa y guarda en las ciudades y repúblicas, cumpliéndose las leyes u ordenanzas establecidas para su mejor gobierno».