El Gobierno ha creado el Comité Permanente Contra la Desinformación, o sea el CPCD, que ya suena a acojone y a purgante, a búnker de Berlín Este para la policía política o para nadadoras con bigote, y a lo contrario de lo que se pretende. La opresión suele empezar por ahí, por robarte la posibilidad de usar el sentido verdadero de las palabras. Desde esa oficina con mirón gubernamental, como un vigilante de aseos de las mentes sucias, el Gobierno pretende controlar no sólo la “desinformación”, concepto tan sutil y equívoco como la honra, sino hasta “el pluralismo de los medios”. Sí, efectivamente todo va sonando a lo contrario. Y a que te lo dice un tipo con flexo, gafas de aviador, pinzas eléctricas e inyección de caballo.

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