Sé que en estos tiempos de pandemia es complicado mantener la esperanza y encontrar la ilusión. Vislumbrar un mañana en el que seamos más libres, más felices y vivamos en un planeta que no explotemos y agotemos. Imaginar que vivimos en paz y en armonía con nosotros, con la tierra, con nuestros vecinos y por ende con el mundo que nos ha tocado vivir.

El presente nos devuelve algo de esperanza. Las elecciones en Estados Unidos nos han hecho creer en el poder de las personas. Desde las comunidades de base hasta los activistas climáticos se han movilizado para votar por el futuro de nuestro planeta y contra una forma de gobernar irresponsable, basada en la mentira y cortoplacista. Estas elecciones no han sido por Biden sino contra Trump y su maquinaria. Se han confrontado los poderes más reaccionarios y negacionistas, en palabras de Alexis de Tocqueville «Defender los derechos contra las usurpaciones del gobierno salva las libertades comunes del país». 

La victoria de Biden, de Harris -con lo que representa-, de Stacey Abrams y los grassroots movilizando a jóvenes y minorías, hacen del resultado algo único. Jamás una candidatura se ha comprometido tanto con el medio ambiente y la lucha contra el cambio climático. Tanto Biden como Harris han hecho referencias constantes a la vuelta al acuerdo de París y al impulso de algunos sectores verdes para reactivar la economía estadounidense (ya en su programa comprometieron un plan de inversiones limpias de dos billones de dólares, que condujeran al país a la neutralidad climática para 2050). 

Lo fácil, el 20 de enero, primer día de mandato, EE.UU regresará al Acuerdo de París. Más complicado será cambiar las numerosas normas ambientales derogadas o adelgazadas durante el mandato de Trump o clarificar los objetivos de recorte de emisiones de gases de efecto invernadero para esta década, sin contar con el apoyo del Senado.

Para una inmensa mayoría, Biden no es la panacea, pero él y su equipo, sin duda son sustancialmente mejores que sus oponentes. Greenpeace USA lo manifiesta claramente cuando señala que los votantes han hablado, han defendido su país, han apostado por el clima y han echado a Trump de la Casa Blanca. Numerosas organizaciones de la sociedad civil exigen que Biden adopte un Plan de Acción para los primeros 100 días de mandato sin necesidad de contar con el Senado. El Plan reconoce que los Estados Unidos se enfrentan a una emergencia climática indiscutible y como tal tienen que declararla. La solución a la crisis también es indiscutible: deben transformar su economía extractiva en una regenerativa e inclusiva. Eso incluirá: 

  • Convertir rápidamente los sectores de generación de energía y transporte a un modelo 100% renovable que elimine la producción, subvención, sustento y el consumo de combustibles fósiles.
  • Asegurar un sector eléctrico con energía 100% limpia y renovable para 2030 y en manos de las personas.
  • Apostar por una transición justa, para las comunidades, la clase trabajadora y la economía

Además de lo que supondría al interno del país acometer estas reformas y adoptar el Plan requerido por la sociedad civil para acometer un GreenNewDeal, este cambio de rumbo en EE.UU., proporciona, además, un balón de oxígeno en la carrera contra el calentamiento global y la arquitectura multilateral. Devuelve la credibilidad a un país primordial para la gobernanza mundial y la agenda climática. 

Que el orden mundial está en transformación es un hecho, como también lo es, que es más positivo que los Estados Unidos de América sean internacionalistas y defensores del multilateralismo que no del proteccionismo, y el nacionalismo xenófobo. En este sentido, la nueva situación abre las ventanas de la Casa Blanca, ya que es la política exterior donde el presidente de los Estados Unidos de América tiene más poder y discreción. 

Los demócratas han señalado tres objetivos básicos de política exterior: i) restaurar el liderazgo internacional en desafíos globales clave, ii) salvaguardar el futuro económico del país, iii) fortalecer la democracia y las alianzas democráticas de Estados Unidos.

  • Con Asia y la UE apostando por un 2050 sin emisiones, EEUU corría el peligro de vivir en la autarquía tecnológica y estratégica. El liderazgo internacional podría concretarse, como señalan ya algunos expertos, en la creación de un club del clima fiel a los compromisos de París, en la apuesta por la protección de la Amazonia y en la vuelta a la Organización Mundial de la Salud apoyando explícitamente el binomio clima – salud y al establecimiento de medidas que eviten  la quema y las fugas de gas natural.
  • El futuro económico va de la mano de revitalizar la clase media, castigada por la crisis y la pandemia. Esto será posible incrementando la innovación y haciendo que EE.UU. recupere competitividad en los mercados globales. Parte de eso significa minimizar la exposición del país al riesgo climático. Biden ya se ha comprometido a prohibir la financiación federal para la infraestructura nacional e internacionalizada de los combustibles fósiles y exigir a las empresas públicas que revelen sus riesgos climáticos y las emisiones de la cadena de suministro.
  • Finalmente, el fortalecimiento de la democracia estadounidense y las alianzas democráticas representan el tercer pilar. Biden y Harris han prometido deshacer los retrocesos de la protección de la salud y el medio ambiente, restaurar el papel de la ciencia en la formulación de políticas públicas y trabajar por la justicia ambiental en comunidades vulnerables. También será clave que aborden cuestiones clave como priorizar el cambio climático junto con la lucha contra la corrupción y el autoritarismo,  descarbonizar la aviación y el transporte marítimo con otros países o  abordar la migración ambiental, junto con muchos otros países ricos del norte global.

Una encuesta a pie de urna de FOX News, el 70% de los votantes apoyaría un mayor gasto en energía limpia, con un 72% de la población encuestada preocupada por el cambio climático. Claramente, Estados Unidos y el mundo hoy es más favorable a continuar trabajando para asegurar una economía limpia, justa y restauradora que nos permita alcanzar nuestras metas climáticas globales conforme establece la ciencia y evidencia la crisis sistémica que vivimos.  

Hoy tenemos más motivos para la esperanza. Sabemos que el mundo tiene que cambiar para salvar el planeta. Y es posible cuando nos cuidamos unos a otros y mantenemos firmes nuestros valores. Ni la corrupción, ni las mentiras, la confusión o las amenazas de violencia pueden detener toda esta energía. Hoy somos más. Veremos el alcance de esta victoria.