Where are you from?
Argentina.
Argentina? Maradona!

Durante muchos años, décadas, sin importar a dónde fuésemos los argentinos en el mundo, esa conversación se repetía casi como un casete. Decir Argentina era automáticamente decir Maradona, con los años también se le agregó otro apellido: Messi. Casi nadie, salvo en nuestro país, nos marcaba sus errores, sus miserias o sus defectos personales. Todas, absolutamente todas las personas, se detenían en hablar de lo que millones de personas habían visto en sus años de actividad profesional, entre 1976 y 1997, y en especial durante la década de los 80.

Maradona es un adelantado a la globalización antes de que el capitalismo existiera o se le conociera como tal

Maradona es el primer gran producto de la industria futbolera, un adelantado a la globalización antes de que el capitalismo globalizado existiera o se lo conociera como tal. A ese tipo que nació en Villa Fiorito, un barrio casi olvidado y sumergido en la extrema pobreza del sur de las afueras de la Ciudad de Buenos Aires, lo conocían en la Argentina, en Barcelona, en Nápoles, o en un pueblo remoto del Lejano Oriente. Sus goles, su talento y su picardía para jugar al deporte que mayor cantidad de seres humanos disfrutamos alrededor del planeta tierra fueron conocidos sin la ayuda de ninguna red social o dispositivo portátil.

Otro mérito de Maradona es haber mantenido la ilusión en torno a su figura por décadas, incluso en generaciones que no lo vieron jugar. En un mundo donde todo tiende a lo efímero y lo inmediato, Maradona perdura cautivando a todas las generaciones, pero también a todos los sectores sociales.

Sus luces y sombras son conocidas por todo el mundo. Amado por muchos, odiado o criticado por otros tantos. Para intentar entender la dimensión Maradona, hay que pararse —creo— desde dos lugares. La primera, la temporal.

Un genio, una maravilla. Fiorito y Dubai. Canillas de oro y letrina… Maradona es, además, el mejor jugador de fútbol de todas las épocas»

ernesto cherquis bialo

El periodista argentino Ernesto Cherquis Bialo respondía en agosto del año pasado, en una entrevista con el diario La Nación, a la pregunta de cómo definirías a Maradona con algo tan sencillo como acertado para entender al astro del fútbol: «¿Cuál Maradona? Hay muchos. Hay ocho, nueve Maradonas. Hay un Maradona que jugó al fútbol, un Maradona que alcanzó la celebridad, hay un Maradona hijo que murió cuando murieron sus padres, hay un Maradona padre que se reinventa cada día, hay un Maradona amigo que va recambiando amistad, hay un Maradona efectivo y un Maradona sublime, un Maradona abyecto y un Maradona fenomenal, hay un Maradona de frases inolvidables y hay un Maradona cuyas frases mejor no recordar. Es la suma de todo eso en un solo hombre. Un genio, una maravilla. Fiorito y Dubai. Barro y 7 estrellas. Canillas de oro y letrina. Maradona es el producto de todo eso y, además, por las dudas de que me haya olvidado de decírselo, el mejor jugador de fútbol argentino y el mejor de todas las épocas».

Es decir, es probable que una porción la de opinión pública se quede con el Maradona —y lo juzgue en consecuencia— de los últimos años, de los escándalos. Pero es que Maradona podía ser un tipo tan querido y odiado como contradictorio; podía defender a los jubilados o pedir por la educación pública por la mañana y cenar con un jeque árabe por la noche. Podía hacerlo, convivir con esas contradicciones y no perder jamás su esencia de icono popular. Y es que Maradona, muy probablemente, es quien haya mejor sabido cabalgar estas contradicciones.

La segunda, en mi opinión, es la sociológica. Maradona nació en la Argentina postergada, en una casa sin el césped bien cortado ni las paredes bien pintadas. Una casa humilde, obrera y llena de carencias. En más de una ocasión contó que su madre simulaba tener dolor de estómago para no comer y que así alcanzara para él y sus hermanos.

El Maradona que vino después encarna, también, la victoria de esa familia relegada a la marginalidad y la bronca de algunos por haber llegado a lugares inimaginables para un morocho de Fiorito, como la alfombra roja del Festival de cine de Cannes, jugar en el casino de Montecarlo o dar una conferencia en Oxford.

Es quien mejor representa buena parte del gen argentino… Se fue el tipo que mejor representa nuestras virtudes y alguna de nuestras contradicciones

Lisandro Carrasco, politólogo y colega argentino, describe de forma casi pintoresca, y muy precisa, ese Maradona sociológico: Maradona, dice, simboliza «la esperanza de que un pibe de la villa pueda darle todo a su familia, que del mismo barro se pueda llegar al cielo. Es la ilusión de cada pibe que va a patear a una plaza o a la vereda queriendo ser tan grande como él, es lo que ven los chicos que piensan que sus padres son tan grandes como Maradona. Esos que explican que el mejor jugador de la historia es argentino y que sus goles fueron las mejores obras de arte que se puedan hacer. Maradona es ese sueño del país que puede escupirle la cara a los poderosos, el sueño en el que podemos cobrarnos, aunque sea simbólicamente algo de todo lo que nos deben, el del país de los que no tienen nada contra los que tienen todo».

Reducir lo complejo a lo simple es una tarea enorme. Cabalgar contradicciones y trascender, lo es aún más. Maradona, en efecto, no solo tradujo algo de lo complejo a simple, sino que también lo convirtió en algo maravilloso. Es quien, posiblemente, mejor represente buena parte del gen argentino y que a muchos pibes y pibas hoy les permite creer en un futuro mejor y, quién sabe, ser Maradona.

Se fue el tipo que mejor representa nuestras virtudes y algunas de nuestras contradicciones. Se fue, también, el tipo que a la respuesta de dónde venimos le agregó un apellido.


@martinszulman es sociólogo argentino y consultor en comunicación política en Ideograma.