Iglesias se ha aparecido en un vídeo de Twitter, ya sólo como cabeza o cabezón flotante, como la cabeza del Gran Hermano, como aquella cabeza propagandística y aterradora de Mussolini que colocaron en la sede del partido emergiendo como un coco sobre un negro fondo de síes (el totalitarismo siempre es plebiscitario, monosilábico, advenedizo y cabezón). Iglesias ya se reconoce cabezón y se ha reducido a su cabezón, que se nos presenta como un globo alumbrado, como un zepelín atracado, como un Mickey Mouse de mascota hinchable, gigantesco y desproporcionado. Con su cabeza bamboleante, con su cabeza como la de un repartidor en la mirilla, con su cabeza asomadiza de burladero o de púlpito, Iglesias lanza ahora unos sermones pascuales morrocotudos y cantabiles que también nos hinchan la cabeza. Flotando en su bruma y en su superstición de cabeza separada del cuerpo, nos decía Iglesias que las familias españolas, esta Nochebuena, hablarán sobre la monarquía y la república. Yo creo que es más probable que hablen sobre su cabezón sentencioso, teológico y submarino.

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