Es paradójico que Michael Jackson esté en las búsquedas de Google relacionadas con el día de Reyes. Resulta que en algún cartel local nos han decolorado a Baltasar. No sé si será a propósito y como acto de racismo cruel que no puede quedar impune, pero en el momento de redactar estas líneas todavía no han encontrado al becario, diseñador, o a toda la trama culpable detrás de que le hayan hecho un «maikelyakson» al Rey Mago de oriente que traía aquello llamado mirra y que antiguamente aparecía en los pueblos gracias al betún en la cara de algún concejal. Eso sí que era un crimen.

De todos modos, que una institución lo haya hecho así denota poco interés o cuidado por la inclusión multirracial y no ayuda a la normalización de la diversidad, pero quizá sea más un síntoma que una enfermedad. El verdadero problema subyace en lo que genera inconscientemente esos pequeños gestos.

Además de dejar enormes canciones que hicieron historia, es innegable que Michael Jackson reinó y plantó la semilla del arte en millones de almas en el mundo»

Volviendo al arte, así que «hacerse un Michael Jackson» es cambiarse el color la piel. Pero de oscuro a claro, que al revés nos encanta en verano o por el milagro de los UVA. Pues si hay un monarca Mago en la música, que se me disculpe que reivindique que es el llamado Rey del Pop. Nada, campo minado. Tampoco la palabra Rey está en hype, que dirían los hipsters. Y espérate, que también habrá quién me afee que relacione a Michael Jackson con el día en el que los niños son y hemos sido más felices. ¡Para qué queremos más!

Veo los documentales sobre la vida de ese presunto extraterrestre que conseguía poner en órbita estadios enteros y realmente reconozco que estamos ante un ser humano que no podía estar muy en orden con sus pensamientos. El enorme poder que acumuló ese niño que se negó a crecer le convirtió muy presuntamente en, por qué no decirlo, peligroso. Pero antes de seguir, voy a hacer algo que tampoco se lleva: no soy juez, ni me atrevo a serlo. Ahora cualquiera con un móvil lo es más que cualquier jurista con décadas de experiencia.

Hoy, en el día de la noche de Reyes, propongo reivindicar sin miedo las miradas de ilusión de los millones de personas que vieron alguna vez a un tal Michael Joseph Jackson en un escenario durante sus conciertos. Magia o ilusionismo, nos daba igual. Nos olvidamos de las grúas, los cables de acero, o los clavos en los zapatos solamente por un rato.

Recibí un severo correctivo por parte de la dirección de la cadena de radio para la que trabajaba en los 90 por haber hecho bomba de humo y desaparecer antes de que acabase un directo de su majestad en el Vicente Calderón. Me saturó. Está bien, lo reconozco: no parece haber sido santo ni de mi ciega devoción (carezco de ella) pero además de dejar enormes canciones que hicieron historia, es innegable que reinó y plantó la semilla del arte en millones de almas en el mundo. Su capacidad innovadora planetaria, dato objetivo, no era de la Tierra. Y, muy importante, dio el pistoletazo de salida e inspiración a tantas acciones solidarias necesarias que vendrían después. Todo gracias a un auténtico himno que hoy no podía faltar: ‘We Are The World’, de USA for Africa.

En la noche en la que todo es posible, si se hizo realidad que gracias a un magnífico mago prestidigitador se unieran en un estudio tantas enormes celebridades ochenteras, ¿quién dice que entre todos no podremos hacer, como dice la canción, de este mundo un lugar mejor para vivir? Nos conformamos con un mejor 2021 ¿verdad?