En política no hay como sacar la cabeza para que te la vuelen. La crueldad con los compañeros, si es que brillan por alguna razón, no es un fenómeno atribuible a la nueva política, sino que es algo tan antiguo como las piedras del Partenón. Pío Cabanillas, ministro de Información y Turismo con Franco y de Justicia con Adolfo Suárez, y que fue uno de los políticos más brillantes de la Transición, hizo célebre la frase: «Al suelo, que vienen los nuestros».

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