Si hay una fecha clave en la biografía -la pública y la personal- de Mario Draghi y en la reciente historia de Europa, esa fue la del 26 de junio de 2012. Tras unos horribles meses de turbulencias financieras, en los que la crisis iniciada en el otoño de 2008 con la caída de Lehman Brothers que parecía no tener fin se había ensañado aún más con los mercados y por extensión con los países más débiles de la zona euro y sus ciudadanos más desfavorecidos, el entonces flamante gobernador del Banco Central Europeo pronunció aquellas famosas doce palabras:  haré «lo que sea necesario para preservar el Euro. Y, créanme, será suficiente».  Me propongo en esta pieza semanal analizar las características de liderazgo de todo un “pata negra”, Mario Draghi, y también algunas de las que tienen que ver con la idiosincrasia de mi país y cómo, una vez más, los italianos han llegado al punto en el que están. Mario Draghi es el ídolo de la burguesía italiana pero cae bien a la clase obrera y los sindicatos por su natural capacidad de proyectar: honestidad, éxito, pragmatismo y una enorme capacidad de solucionar crisis.

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