«Vae victis», «Ay de los vencidos», parece ser que dijo el caudillo galo Breno después de sitiar y someter a la ciudad de Roma en el año 390 a.c. Mil libras, en oro de la época, fue el precio que los romanos debieron pagar a cambio de su libertad para que los galos no terminaran por arrasarles. Cuando los derrotados advirtieron que los sitiadores, además de haberles impuesto un peaje abusivo, habían trucado la balanza en la que las onzas de oro debían ser pesadas, se enfurecieron. Fue entonces cuando Breno se encogió de hombros y pronunció la histórica sentencia. 

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