Unos días antes de ganar las elecciones de 1996 un grupo de periodistas nos reunimos a cenar con José María Aznar en un restaurante cercano a la sede del PP de la calle Génova. Adusto, como siempre, el líder del PP nos hizo reír cuando contó como le indicaba una persona de partido en los mítines de campaña cuando entraba la conexión en directo del telediario para que él metiera en ese momento la frase que tenía preparada para que alcanzara la máxima difusión. «¡Ahora, cabrón!», le gritaba el tipo pendiente del monitor, y entonces, Aznar metía su morcilla. Como era una contraseña pactada imaginamos que el que tenía que gritarla no temía por la continuidad de su puesto de trabajo.

Para poder acceder a este y otros contenidos debes de ser suscriptor.

Opciones de suscripción

¿Todavía no estás seguro? Consulta aquí todas las ventajas de suscribirte a El Independiente.

¿Ya eres usuario Premium?

Identifícate