Es curioso observar cómo las personas se «felicitan» la Semana Santa. De la misma manera que otros (o muy probablemente los mismos) también lo hagan a las mujeres el 8 de marzo. Claro, en ambas ocasiones el error está claro. En la última, es una reivindicación y no una celebración. Y en el caso de los días que vivimos, heredamos la tradición cristiana de devoción a lo que fue la pasión y muerte de un ser menos famoso que los Beatles según ellos mismos.

Pero sí, se felicita. Y se hace de corazón. Por la simple razón de que es un periodo de descanso en medio del trabajo, teletrabajo o la búsqueda de ambos. Y en un año como este, nos afanamos en encontrar pequeños oasis de motivos para felicitarnos en medio de un océano de noticias que no saben bien.

Este año, además, es el primero en poder salir, aunque con la mascarilla y normas complicadas de aplicar, a disfrutar un poco de la primavera. Las terrazas llenas de un, por ejemplo, Madrid infectado, dan fe de la verdadera devoción de estos días: la que tenemos por la vida. Y no es punible, sino todo lo contrario. Bien que la haya. Porque el calvario lo está pasando la Humanidad entera, propongo hoy un tema tan vital que hasta se llama simplemente «Life», vida y habla de las pequeñas grandes cosas que contiene de una forma alegre y sencilla, sin estridencias.

Life, oh life, oh life, oh life,

Vida, oh vida, oh vida, oh vida

Absolutamente naif hasta el fondo. Tanto que en varias encuestas tuvo el dudoso honor de tener la peor letra de la Historia. Pero es que realmente, y confirmado por los expertos, la quintaesencia de la vida, para que sea plena, ha de ser completa y radicalmente sencilla. Bastante complicado es aprenderse los 31 artículos de la Ley de la «nueva (menos mal) normalidad».

Pues qué quieres que te diga, nos viene al pelo. Y, giro tonto, vaya pelo tiene Des’ree. Desirée Annette Weekes tiene el exotismo de ser hija de madre guayanesa y padre barbadense. Ah, pero ella es muy de ese alrededor de Londres multirracial y riquísimo culturalmente. Y de hecho, se llevó su Brit a la mejor solista femenina británica aquel 1999 en el que esta simpática canción llegó a número uno en muchos países, incluido el nuestro.

No fue en Semana Santa, sino en Navidad cuando tuvo relación directa con la religión esta exótica cantante tan positiva. Participó junto a otros en el primer concierto laico del Vaticano. Y es que se sienta o no fervor religioso, el mensaje vital que puede ser capaz de transportar la música es eterno y universal.

Vale, no es precisamente una saeta en medio del silencio respetuoso de una multitud ahora imposible, sino todo lo contrario. Añadimos hoy a nuestra lista una canción que devuelve el sentido vital al común de los mortales, y en estas escasas fechas primaverales de parón y descanso. Porque nos lo merecemos, dejemos que alguien nos diga tonterías como que es supersticiosa, que le gustan las tostadas y todas esas pequeñas cosas que decimos cuando estamos radical y completamente contentos.

Si buscas bien, seguro que hay no una, sino varias buenas razones para seguir adelante con tu vida. Pase lo que pase. Oh, life…