El pasado viernes, 2 de abril, nos levantamos con una tremenda noticia: la sede de Podemos de Cartagena, en Murcia, era atacada de madrugada con «material explosivo». Lo denunciaba el diputado de la formación morada, Javier Sánchez Serna, y su propio líder, Pablo Iglesias. El hecho constituye una demostración más de la paulatina degradación a la que asistimos en la vida española. Una degradación que, desde mi humilde punto de vista, no alcanza tan sólo el ámbito de lo estrictamente político ni afecta únicamente a nuestros representantes públicos.

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