Ahora que todos tienen ya su bala y su loco, que es como tener un estrangulador para ti solo, puede que se entienda mejor que es la violencia sostenida, arropada y organizada, no la anecdótica, la que pone en peligro la convivencia y la democracia. Con la anécdota estaban haciendo arcos fascistas y terrorismo de ferretero, hasta que su exageración ha llegado, tomando su terminología, a “democratizar” al zumbado que manda balas igual que antes se mandaban tapas de yogur para los concursos o cartas a Isabel Gemio. Se les han desinflado los complots y los zepelines, y ahora Iglesias condena la amenaza a Ayuso pero ya no pone detrás una conjura contra la democracia ni una sirena de ataque aéreo. Ayuso, por su parte, no ha convocado a la prensa para posar con la bala igual que si fuera un calabacín de concurso, como hizo Maroto, sino que le ha quitado importancia y ha pedido “serenidad y desprecio”.

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