Lo más relevante del informe del Tribunal Supremo es que para Sánchez significa lo mismo que para los indepes: nada. Sí, el Supremo ha hablado como desenrollando su lenta lengua de moqueta, pero ni Sánchez ni el independentismo le conceden a eso más importancia ni autoridad que el desfile de un cabezudo o el campanazo de una colegiata. Una vez que el Supremo ha descartado razonadamente cualquier justificación para el indulto, lo que queda ya es sólo la intención de imponerse o enmendar al tribunal, ese inaceptable «recurso de alzada», como dice el documento, que se presenta ante Sánchez como ante un soberano con mastín o ante un Salomón en albornocito. Lo llame «venganza» o sólo «castigo», Sánchez está diciendo lo mismo que los indepes: que el Tribunal Supremo es como un gran cascanueces represor, una máquina franquista de dar mazazos. Y él va a colocarlo en su lugar, o sea la basura, como un feo y viejo reloj de cuco.

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