Atravesamos los días más tórridos de este calurosísimo verano, especialmente seco y áspero no solo en lo político, sino en lo climatológico. Si alguien duda aún de que el cambio climático es una evidencia incontestable, estas interminables noches en las que conciliar el sueño es casi imposible, a menos que se disponga de un buen aparato de aire acondicionado, deberían ser una evidencia suficientemente contundente de lo que hay y de lo que se nos viene encima. ¿He dicho aire acondicionado? ¿Quién puede pagarlo, con unos precios de la luz desorbitados que no parecen tocar techo?

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