¿Cuánto pagaría por una cerveza? ¿Y si se la toma en un acantilado con vistas al Mediterráneo mientras suena música en directo? Posiblemente no sería el mismo precio que pagaría por el mismo brebaje en su bar de confianza, donde el camarero ya sabe que “en copa congelada y con dos dedos de espuma”. La misma lata no cuesta lo mismo en un supermercado cercano a la playa -3 euros por una Estrella Damm a temperatura aceptable- que en el ultramarinos de la Plaza 2 de mayo.

Me pedían en esta columna que me olvidase de la economía y me centrase en el verano, pero no siempre es tan fácil cuando la ley de la oferta y la demanda nunca está de vacaciones. La cerveza es una víctima más y posiblemente uno de los productos con precio más volátil dependiendo del dónde y el cómo se consuma.

Los tickets de bares y restaurantes son como los pies, solo los subimos a las redes sociales en verano. La factura viral de este año incluía botellas de espumoso de miles de euros y cervezas a siete. Relativamente barata esa cerveza si se compara con el champán; tremendamente cara si se piensa en una caña del ya desaparecido Mercado Provenzal.

Hay quien se pasa un año entero pensando en una pinta de cerveza que cuesta un euro y medio frente a la playa de Torremolinos. Allí le da igual que sea Mahou o Cruzcampo, ya se sabe que el calor nos hace menos exigentes. Una vez escuché a un hombre pedir una pinta de San Miguel en Londres y pagar siete libras esterlinas por ella. Sin tapa, por supuesto.

El precio de la cerveza tiene circunstancias tan ilógicas como que la más caliente sea la más cara»

El precio de la cerveza tiene circunstancias tan ilógicas como que la más caliente sea la más cara. Estoy hablando de esos litros o minis de cerveza que se compran en festivales con la intención de no volver a hacer la cola para acabar haciendo la del baño con un vaso lleno de zumo de cebada caliente y sin gracia. También hay sitios donde el precio de la cerveza se diluye. Son esos bares a los que yo llamo tarifa plana. Da igual las cervezas que tomes, el precio por persona siempre es el mismo.

Daría para otro texto la necesaria homogeneización de los tamaños de la cerveza en España. A mí este país plural y diverso me enamora, pero creo que tenemos que tomar medidas. Una caña no cuesta lo mismo en Madrid que en Barcelona, pero es que tampoco hablamos del mismo tamaño. El lío es tal que desde Cerveceros de España diseñaron un mapa en el que detallan cómo pedir una cerveza en cualquier punto del país. Queda claro ahí que el/la doble son un invento de la capital.

En cualquier caso, el precio de la cerveza varía tanto que si participase en el icónico y recuperado concurso de El precio justo los concursantes necesitarían más contexto para poner una cifra. He pagado cervezas a cincuenta céntimos si devolvía el vaso al terminarla y también a 10 euros mientras Manel cantaba aquello de “Al mar, al mar”.

No sé cuál es el precio justo de una cerveza, posiblemente el que el consumidor esté dispuesto a pagar por pasar un buen rato entre seres queridos, escuchando a su banda del momento o esperando un gol en el 90 que haga que la espuma salte por los aires. No sé cuál es el precio justo de la cerveza, pero les dejo que se vayan a tomar una. ¡Salud!